"Este hombre es un quitacargas". Así me decía una mujer que, al final de la conferencia, se acercó a saludar a Juan Masiá y a un servidor. En la sala abarrotada del Club Faro de Vigo, el catedrático jesuita había pronunciado una sabrosa conferencia sobre su libro 'Cuidar la vida' (Herder-RD). Estaba previsto que su presentador fuese el teólogo gallego, Andrés Torres Queiruga, pero un imponderable de última hora hizo que no pudiese estar presente físicamente. Pero Andrés mandó una bella presentación en gallego de Juan y de su obra, que tuve el gusto de leer a mis paisanos.
Tras un largo calvario de varios años, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha sentenciado sobre el libro de José Antonio Pagola 'Jesús. Aproximación histórica'. Y la sentencia ha sido absolutamente absolutoria. En fondo y forma. El dicasterio vaticano asegura que, en la obra, "no hay nada contrario a la fe" y ni siquiera le pide revisión del enfoque o de la metodología. Blanco, absolutamente blanco. La noticia, amén de alegrarnos profundamente, deja en evidencia a los "inquisidores" del teólogo vasco y honra a sus "defensores".
Estoy en la Semana andaluza de Teología que está celebrando su decimosexta edición en Málaga durante tres días. Tres días para echarle el pulso a la Iglesia de base, que, por lo que estoy viendo y viviendo, goza de buena salud. Aquí hay unas quinientas personas. Procedentes de todos los rincones de Andalucía, pero también de Madrid, Barcelona, Valencia o Murcia. Con ellos, me estoy llevando una grata sorpresa.
No es nada habitual juntar 500 personas en una presentación de un libro. Y menos en Madrid, un jueves, víspera de puente y un día lluvioso. Pero hay gente con un "tirón" enorme. Hay teólogos que, por mucho que les duela a los ultras, se han convertido en referentes para mucha gente de Iglesia. De ahí que la presentación de "Fijos los ojos en Jesús" (PPC), la obra de Juan Martín Velasco, Dolores Aleixandre y José Antonio Pagola, se convirtiese en un homenaje espontáneo a estos tres iconos de la renovación de la Iglesia.
Se parecen en muchas cosas. El dominico español Jesús Espeja y el dominico peruano, Gustavo Gutiérrez son físicamente parecidos: pequeñitos y menudos. Y también, intelectualmente. Dos teólogos de raza, con obra, de reconocido prestigio y de idéntica militancia por idénticas causas. Las causas de su amor al Cristo libertador, a los pobres de la tierra, a las víctimas, a los empobrecidos. Y con idéntico amor por su orden religiosa y por una Iglesia a la que quieren abierta, entregada, samaritana, dialogante, atenta al latir de la calle y dispuesta a responder a las preguntas reales de la gente. Dos teólogos de la liberación. De la auténtica Liberación con mayúscula.
La reacción ante la "advertencia-condena moral" a Andrés Torres Queiruga ha sido instantánea. Un caudal de solidaridad. Hay tanto hartazgo en la gente... Y desilusión y tristeza. Pero también indignación. Por las formas y por el fondo del caso. Y es que los que condenan al teólogo gallego saben menos que él. Y, sobre todo, condenando su teología, están condenando a toda la Teología. Par darse cuenta de ello, sólo necesitan ustedes leer atentamente la nota de los obispos, fijándose en los entrecomillados de la obra de Queiruga, en las citas literales. ¿Cómo se puede condenar algo así? Y, si después se fijan en las apreciaciones que hace el documento a las afirmaciones del teólogo, verán palmariamente que son simples, por un lado, y torticeras, por el otro. Meras acotaciones apologéticas sin base teológica seria.
Algún "talibán" de los que proliferan en los foros católicos me puso a caldo en su comentario a mi post anterior sobre Dolores Aleixandre y la entrevista que tuve el placer de hacerle en RD. Pues bien, parece ser que hay mucha más gente que es de mi misma opinión. Gente que cree que la hermana Aliexandre es una monja de Dios y de los hombres, con una recia espiritualidad y un sentido del humor que ilumina, seduce y arrastra en pos del seguimiento de Jesús y del Reino. Y no sólo como persona, sino también como teóloga. Porque lo que dice (aparte del cómo lo dice) es un conjunto de auténticas perlas evangélicas.
He salido edificado, casi diría santificado, de una entrevista. Un momento mágico, que duró más de tres cuartos de hora. Una gozada, que pronto podrán leer, y ya puden ver y escuchar en nuestro expositor de videos. Hacía tiempo, mucho tiempo que no terminaba una entrevista dando gracias a Dios por haber podido disfrutar de las palabras y la presencia de Dolores Aleixandre. Una mujer de Dios. Una monja enamorada. Una mistica humana. Una teóloga pionea de un feminismo y de una espiritualidad dulce y potente a la vez. Gracias, Dolores, por tu sonrisa, tu sentido del humor y tu esperanza. Con gente como tú, el Reino está cerca y la Iglesia puede renovarse.
Es bueno como el pan y,además, inteligente, serio y con obra conttrastada. Marciano Vidal es, sin duda alguna, el moralista vivo más prestigioso del mundo. Un moralista que ha creado escuela, siguiendo los pasos de su maestro Bernhard Häring. Nadie ha explicado ni adaptado mejor a la actualidad la doctrina moral de la Iglesia católica. Quizás precisamente por eso, por adentrarse en la gran asignatura eclesial pendiente, lleva años en el punto de mira del ex Santo Oficio.
La semana pasada fue de presentaciones de libros de Teología escritos por mujeres. El jueves asistí en el colegio mayor Chaminade de Madrid a la presentación de 'La Biblia y las mujeres'. Y el viernes, en la sede de la asociación cultural Blanquerna, a la de 'La teología feminista en la Historia'. El primero es un libro coral o, mejor dicho, toda una colección de 22 volúmenes, que va a recorrer toda la exégesis biblica de la mano de más de 200 autores. Todas mujeres y muchas, españolas. Entre ellas, Mercedes Navarro, Elisa Estévez o Isabel Gómez Acebo. Una obra de altura con teólogas de altura. El libro de a hermana Teresa Forcades es un volumen más pequeño, pero igualmente profundo, en el que la autora pasa repaso a las principales corrientes teológicas feministas en la Historia.
El recientemente fallecido Julio Lois era tan auténtico y tan profundamente evangélico que conseguía casar en su persona y en sus escritos la radicalidad profética con la huida del maniqueismo. Profundo conocedor de la naturaleza humana, sabía que la vida nunca es en blanco y negro. Denunciaba, pero sin romper los puentes de la comunión. Seguía a cristo con radicalidad, pero sin desautorizar otros caminos. Nunca se creyó en posesión de la verdad. Así era en su vida personal, en sus clases en las que tanto aprendí y en sus escritos. Tanto personales como colectivos. Y su impronta y su autoridad se traslucía siempre en los mensajes conclusivos de los Congresos de Teología de la Juan XXIII. Pero este año, el menssaje no pasó por sus manos. Y tiene demasiado de Tamayo y demasiado poco de Lois.
Se ha ido Julio Lois, el teólogo, el maestro, el amigo. Sin hacer ruido, de puntillas, como ha vivido. Siempre se van los mejores. Se ha ido Julio en gran teólogo, un cura íntegro, una excelente persona. Era capaz de amar incluso a sus enemigos o a los que decían que eran sus enemigos. Tan bueno y tan humilde que escapaba de los focos de la actualidad. Lo tenía todo para triunfar en el mundillo eclesiástico, pero siempre renunció a lucir, a brillar y a hacer carrera. Vivía lo que decía, lo que escribía y lo que predicaba. He conocido a pocos curas tan íntegros, tan honrados y tan militantes como él.
Miércoles, 22 de mayo
José Manuel Vidal
Carlos F. Barberá
Juan Fernandez Krohn
César Luis Caro
Josemari Lorenzo Amelibia
Urbano Sánchez García
Alejandro Córdoba
José Manuel Bernal
Asoc. Humanismo sin Credos
Rufo González Pérez
Francisco Margallo