Nuevos aires soplan de Roma. Aunque algunos no quieran verlos. En la continuidad discontinua eclesial, el Papa Francisco no solo hace gestos, sino que marca tendencias. Tendencias nuevas también en el nombramiento de obispos...en España. Eso es lo que parece confirmar el reciente nombramiento del obispo auxiliar de Oviedo, Juan Antonio Menéndez. Sin grandes saltos, su nombramiento es muy significativo por varias razones. Veamos.
Al cardenal Rouco Varela no le gustan los medios. Es de la vieja escuela y prefiere una buena pastoral o una homilía improvisada a una entrevista o una exposición mediática. No le gustan, pero sabe de la potencia de los medios en la era información. Sabe que lo que no sale en los medios no existe y que la Iglesia tiene que anunciar su mensaje fuera del jardín de las sacristías. De ahí que lleve años diseñando una estrategia mediática que dote a la Iglesia de voz en la sociedad. Y parece a punto de conseguirlo.
Impone por lo que es y por lo que representa. Gerhard L. Müller estuvo ayer en Madrid y tuve la oportunidad de hacerle un par de preguntas y de asistir a su charla sobre la liturgia, con motivo de la fiesta de Santo Tomás de la Universidad San Dámaso de Madrid. Físicamente es un tiarrón. Seguro que ronda el 1,90. Le sacaba a Rouco dos cabezas. Impone, además, tenerlo al lado y mirar a los ojos azules del "guardián de la ortodoxia" y prefecto del ex Santo Oficio.
Dicen los que lo conocen bien que José Ignacio Munilla adolece de "espesor intelectual". Y que, en ese ámbito, como en otros, está a años luz de sus dos predecesores: monseñor Setién y monseñor Uriarte. Pero digan lo que digan los que lo conocen, los que le quieren bien y los que no la aprecian tanto, la verdad es que el actual prelado donostiarra es un obispo listo, muy conectado con la realidad, que pisa calle y qu sabe utilizar a las mil maravillas los medios de comunicación. Y eso le convierte, por la fuerza de los medios, en uno de los obispos más valientes y proféticos del momento.
Dicen que el cardenal de Madrid tiene "auctoritas" entre sus pares, conscientes de que va un paso por delante en la guía de la Iglesia española. Por eso, acuden en masa a su cita anual de la Familia madrileña. Una cita que, sin ser de la Iglesia española, es como si lo fuese. De hecho, ayer, más de 35 obispos acompañaron a Rouco Varela en la misa de Colón. Una plaza ya sacralizada en el imaginario católico patrio. Como recordó el propio cardenal: "La madrileña plaza de Colón, evocadora de tantos memorables encuentros eclesiales".
Hace bien la jerarquia eclesiástica, empezando por el Papa, en denunciar que nuestro mundo sigue siendo una fábrica de víctimas inocentes. Inocentes por millones, causados por las guerras, el hambre, las enfermedades, la esclavitud, la explotación o el aborto. Inocentes cuyos gritos llegan a los oídos de Dios. Inocentes que buscan acogida, compasión y misericordia en la Iglesia. Y, en numerosas ocasiones, las encuentran. Y el Dios de los Inocentes tiene que sentirse orgulloso de la labor de su Iglesia.
Pontificó solemne y hasta acalorado que no se podía decir que las 4 abstenciones correspondiesen a los cuatro obispos catalanes de la Permanente. "Nadie puede saber quién votó qué". El portavoz del episcopado, Martínez Camino, se atrevió incluso a echar la bronca al periodista que planteaba la hipótesis, para terminar él mismo haciendo sus propias elucubraciones: "Las abstenciones pueden deberse a diversas causas: a la oportunidad del momento..." Los obispos catalanes no tardaron ni 24 horas en desmentirlo. Y con un documento.
Llevábamos meses pidiéndoselo. Meses diciéndole al cardenal Rouco Varela que el pueblo español que sufre y llora estaba esperando su palabra. Una palabra de denuncia y, especialmente, de esperanza sobre la crisis (y sobre Eurovegas) del "jefe" de la Iglesia española. Tardó en reaccionar. Una de las cosas que mas le molesta es que alguien le aconseje y, mucho menos, que le marque la agenda. Pero, al final, la realidad se impone y nos hizo caso, pero a medias. Se pronuncio sobre Eurovegas forzado por una pregunta de Jesús bastante en rueda de prensa y contestó de aquella manera.
Hace honor a su apellido. Rouco está "afónico", rouco en gallego. No dice ni mú, sobre todo cuando no le interesa por alguna razón (normalmente de tipo político-eclesiástico). Lleva meses guardando el silencio más absoluto sobre la crisis y los recortes. Lleva meses impidiendo que la Conferencia episcopal, máximo órgano colegiado de los obispos, se pronuncie al respecto y lance a la calle un documento de denuncia y de anuncio a un pueblo sumido en la noche oscura. Dicen que por no criticar a la derecha. Y, ahora, por la misma razón, calla como un muerto ante el Eurovegas de su amiga Esperanza Aguirre.
Apretados y urgidos por las negras circunstancias, hasta la Casa Real se suma a los recortes y se baja el sueldo: El Rey sólo se baja el sueldo un 7%. En un gesto escaso, pero ejemplar. Algo es algo. Y con su gesto consigue conectar con el pueblo que pide ejemplaridad a todos sus líderes sociales. Del Rey abajo. Porque la gente llora, sufre y se aprieta el cinturón. Y se indigna, cuando ve que las élites sociales, políticas, religiosas, económicas y financieras no dan ejemplo y no son los primeros en arrimar el hombro. Porque deberían ser los primeros en tener que dar ejemplo y, además, les cuesta poco hacerlo, porque tienen mucho. Tras el Rey, sólo sólo quedan los políticos (que se resisten a perder sus privilegios) y la Iglesia católica.
Hay Iglesias e Iglesias. La católica, en España, sigue siendo un poder fáctico. Aunque haya perdido mucho fuste y se haya dejado muchos pelos en la gatera de sus alianzas expresas o tácitas con los partidos de la derecha. Y como tal poder recciona. Casi siempre para lo malo. Tarancón optó, en la transición, por una Iglesia apartidista y consiguió convertirla en una autoridad moral. Suquía primero y Rouco después rompieron con esa estrategia y volvieron a uncir a la Iglesia católica con la derecha. Consecuencias clamorosas: La Iglesia católica es una de las instituciones peor valoradas y, en circunstancias como las actuales, cuando el pueblo sufre y llora, la Iglesia católica calla o dice vaguedades. Mientras, la Iglesia protestante, más libre y despegada del poder, ejerce plenamente su capacidad profética de denuncia.
No se veía algo así desde los tiempos de Franco: un enorme despliegue policial para desalojar de la catedral de La Almudena ("la casa de todos los madrileños", que suele decir el cardenal Rouco) a una veintena de deshauciados desesperados. Acompañados y arropados por el cura Eubilio Rodríguez (Billy), sacerdote de la Cañada Real, el mayor asentamiento chabolista de Madrid.
Jueves, 20 de junio
José Manuel Vidal
Pedro Tarquis
JC Rodríguez, A Eisman
Juan Fernandez Krohn
José Moreno Losada
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Rufo González Pérez
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Sor Gemma Morató