El Miércoles de Ceniza da paso a la Cuaresma, es la puerta de entrada. En la misa de la mañana, el cura hace una crucecita con ceniza en la frente de los fieles —algunos tal vez con resaca— para recordarles una cosa muy sencilla que nuestro mundo parece querer olvidar: que somos polvo y que en polvo nos convertiremos. Pulvis es, et in pulverem reverteris (polvo eres, y en polvo te convertirás), decía el cura del colegio, mientras nos tiznaba la frente con la ceniza gris y triste. Después, todo el día, íbamos con la marca de polvo a cuestas.
Primero el árbol, y el hacha luego,
y al final la llama.
Y así la Creación
supo que la derrota fue el espectro,
tormento de Caín, que a la belleza
le iba a indicar el sino de la muerte.
Así, Señor, por el dolor tallado,
tundido por la vida y por la muerte,
hoy me subo al Calvario para verte,
y aprender a quedar crucificado.
Sábado, 25 de mayo
José Manuel Vidal
Francisco Baena Calvo
Emma Martínez
Angel Moreno
Juan Fernandez Krohn
Alejandro Córdoba
Movimiento Rural Cristiano
Guillermo Gazanini Espinoza
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Josep Maria Tarragona