Tiempo habrá de hacer un análisis en profundidad del recién concluido viaje papal a Tierra Santa. Pero, la primera impresión es de éxito rotundo. Y eso que nadie daba un duro por el viaje. Sin duda el más complicado para cualquier Papa. Pero sespecialmente para Benedicto XVI, el Papa alemán, cargado con su propia historia y con la sombra de su predecesor. Y sin embargo, lo consiguió. Si de la visita del Papa Wojtyla en el año 2000 quedó la imagen de su blanca figura encorvada ante el Muro de las Lamentaciones, de la del Papa Ratzinger quedará, sobre todo, la de su imagen ante otro muro, el de la vergüenza.
El Muro y la Roca. Ambos de piedra. Los dos resistentes y aferrados a la vida y al tiempo. Los dos cargados de Historia. Rebosantes de vivencias. De vida y muerte. De guerra y paz. Símbolos de dos pueblos hermanos con odio de siglos a las espaldas. Y el hombre de blanco en el Muro y en la Roca. En los dos. Con los dos. Vestido de sotana y esclavina blanca. Como el blanco de la paz. Benedicto, hombre de blanco y puente de paz entre hermanos que se odian.
Es franciscano, natural de Galicia. Se llama monseñor Santiago Agrelo y oficia, desde hace dos años, como arzobispo de Tánger. Y desde allí lanza este SOS. DOs frases, sólo dos frases, pero llenas de enjundia. De anuncio y de denuncia profética: "Creo que la matanza de Gaza hay que detenerla. Y sólo lo puede hacer un rechazo social generalizado. Ni una palabra de justificación para quien mata. Sólo un grito de amor para que nadie mate". Se puede decir más alto, pero no más claro. Todavía quedan profetas. Y eso que, en la manifestación pro Palestina de esta malñana en Madrid, uno de los eslóganes más cantados era el de "Donde están, no se ven los obispos del PP".
Jueves, 26 de noviembre
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Rodrigo del Pozo Fernández
Guillermo Gazanini Espinoza
Editorial San Pablo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Ana Bou
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos