ROMA acoge a varios cientos de miles de anglicanos que, con sus obispos y sacerdotes, pasarán a formar parte de la Iglesia católica. Pertenecen a la corriente tradicionalista del anglicanismo, que rechaza la ordenación de mujeres y de homosexuales. Los ministros casados que pasen al catolicismo se unirán a los sacerdotes católicos de rito griego, que también están casados. Por lo demás, no se les pide ningún cambio doctrinal, sólo que acepten la autoridad del Papa. Se constituirán en una prelatura personal, como la del obispo castrense o el Opus Dei, y podrán mantener sus tradiciones, ritos y peculiaridades en comunión con la Iglesia católica.
Decían que había sido elegido para reformar la Curia. Pero sigue como estaba. Lo único que hizo Benedicto XVI fue rodearse de sus amigos en la sala de máquinas de la Iglesia. Descartada la reforma curial, al Papa Ratzinger sólo le quedan tres vías para pasar a la Historia: visitar Pekín, visitar Moscú o conseguir la unidad, al menos con los ortodoxos. La elección de Kiril, como Patriarca de la Iglesia ortodoxa rusa, le va a facilitar la tarea. O ponérsela en bandeja
Nada de ecumenismos: las tres religiones monoteístas (si el Cristianismo del filioque puede llamarse así; si el Hebraísmo es otra cosa que una alusión política; si el Islam, algo más que una estrategia de superviviencia) se odian más entre sí que las otras. Quieren tener el monopolio de la escucha y la recompensa del Unico.
¿Puede que las tres estén equivocadas? ¿Puede que las tres acierten? Seguramente aciertan las tres en estar equivocadas. Si lo que separa esta vida de la eterna es un río -siempre se creyó así-, ¿qué le importa a Dios por qué puente se cruce? Más aún, ¿qué le importa nada?
Esta desmesurada sandez de aspirar a la exclusiva posesión de Dios lo que demuestra es su indiferencia infinita. O su inexistencia simplemente.
Antonio Gala (El Mundo)
Se pasó la vida tendiendo puentes con las otras religiones. De ahí que al sacerdote católico, Julián García Hernando, se le conociese entre los seguidores de todos los credos como el “padre” o el “cruzado” del ecumenismo. Él lo comenzó en España desde los tiempos del Concilio Vaticano II y lo sostuvo con mano firme y esmero durante más de 30 años. Hasta que la edad le fue apartando del primer plano. Murió el pasado día 30, a los 88 años, en la residencia del Centro Ecuménico que él mismo había fundado.
Martes, 24 de noviembre
Jaime Vázquez Allegue
Carlos Corral
Editorial San Pablo
Francisco Baena Calvo
Sor Lucía Caram O.P
Josemari Lorenzo Amelibia
Juan Fernandez Krohn
Guillermo Gazanini Espinoza
Francisco Margallo
Rodrigo del Pozo Fernández