Rumores de Ángeles

Cardenal Omella, la última oportunidad para el diálogo

23.09.17 | 18:53. Archivado en Omella

"Tarancón consiguió que la Iglesia española dejase de ser solo de unos para pasar a ser de todos". Así define el Padre Ángel, fundador y presidente de Mensajeros de la Paz al cardenal de la Transición, al que pronto va a rendir homenaje en su iglesia madrileña de San Antón. Y es que Don Vicente Enrique Tarancón rompió el matrimonio entre la jerarquía católica y la dictadura, colocó a la Iglesia española en la senda del Concilio y de la democracia, y la convirtió en una institución de todos, no alineada con nadie y con una enorme autoridad moral, para servir de puente y poder mediar entre las partes.

Fruto de esa estrategia, Tarancón consiguió que la Iglesia española alcanzase cotas nunca vistas de credibilidad y confianza social. Estuvo, durante décadas, entre las instituciones más valoradas por los españoles. Después, sus sucesores en Madrid (los cardenales Suquía y Rouco) cambiaron la estrategia, se volvieron a alinear con la derecha. Y la Iglesia dejó de ser una institución de todos, perdió su categoría de autoridad moral y su imagen social cayó en picado, situándose su credibilidad al mismo nivel de la de los políticos.

Jubilado Rouco y con Francisco en el Vaticano, la imagen eclesial ha vuelto por sus fueros tanto en el mundo como en España. Para implantar su primavera eclesial en España, Francisco confía, sobre todo, en los cardenales Osoro y Omella, arzobispos de Madrid y Barcelona, respectivamente. Porque así funciona la institución eclesiástica. Tarancón fue el hombre de Pablo VI en España. Suquía, el de Juan Pablo II. Rouco, el de Juan Pablo II y el de Benedicto XVI.

Como uno de los hombres del Papa Francisco en España, el cardenal Omella tiene todos los avales, para dar la última oportunidad al diálogo en Cataluña. Cuando las trincheras se hacen cada vez más profundas, cuando las palabras son piedras y no razones, cuando la indignación comienza a destilar odio, es el momento de un hombre de paz y de diálogo. Un pontífice o tendedor de puentes.

En una Iglesia que, poco a poco, recobra su credibilidad, el cardenal Omella puede y debe ofrecer ese servicio a España y a Cataluña. Puede, porque ha sido y sigue siendo un hombre de consenso, de diálogo y de mediación. Un pastor de equilibrios, capaz de regir con prudencia y delicadeza, pero con autoridad, una archidiócesis como Barcelona, corazón de Cataluña, con un importante sector de su clero abiertamente independentista.

Omella es un hombre de periferias y de fronteras. En una frontera nació: la zona de Teruel que linda con Cataluña, donde se habla el "chapurriao' (una mezcla de español y catalán). Conoce los dos pueblos y las dos culturas. Sabe, por experiencia, qué significa el latir de una cultura propia y de una lengua que sale del fondo del alma, para expresar con suavidad la propia identidad.

Desde niño habló los dos idiomas, asumió las dos culturas. Quizás, por eso, ahora no le cuesta sentirse de allí y de aquí: catalán y español, en un todo armonizado y armónico. Conoce las entrañas y los anhelos más profundos de ambos pueblos y, además, es respetado (y hasta querido) por unos y por otros. Por todos y, a veces, por nadie, como suele pasarles a los hombres-puente, a los que no ven sólo en blanco y negro, sino con los colores del arco iris.

Puede mediar Omella entre España y Cataluña, entre Rajoy y Puigdemont, porque cuenta con el apoyo de toda la jerarquía española y del Papa Francisco, porque tiene cualidades y reúne todas las condiciones para poder hacerlo. Abierto, campechano, cercano, transparente, con sentido del humor y con una gran personalidad. Tiene carisma innato, como Tarancón.

Puede hacerlo el cardenal de Barcelona, porque no le guían intereses partidistas ni otro tipo de cálculos. Sólo su conciencia de pastor de la Iglesia catalana, que busca diálogo y reconciliación. Puede hacerlo, porque puede bajar a la arena y, si acaso, mancharse las manos, en lo concreto. Como hizo el Papa en Colombia o en Cuba. Llegados a este punto, no basta el silencio prudente. Ni las meras cartas pastorales. Hay que pasar a la acción.

Si Omella puede ejercer esa mediación, debe hacerlo. "Es justo y necesario", como dice el canon de la misa. El cardenal de Barcelona debe ofrecer pública y oficialmente sus servicios de mediación y lanzar la propuesta de sentarse a una mesa de negociación y de diálogo con el presidente de España y el presidente de la Generalitat. En su propia casa del arzobispado de Barcelona o, incluso, si se ponen 'exquisitos', en su casa de Cretas, en la frontera entre Teruel y Tarragona.

Una mesa para dar una última oportunidad al diálogo. Para resetear los corazones, para dejar de vernos como enemigos indignados y mutuamente agraviados. Para intentar hacer las cosas en clave de hermanos. Como suelen hacerse en las familias. Una familia de más de 500 años no puede romperse por las bravas, pero la madre España tampoco puede impedir a sus hijos que vuelen por sí solos, llegado el caso.

Omella, entre Rajoy y Puigdemont, invitándolos a mirarse a los ojos, a discutir en familia las discrepancias, por muy de fondo que sean, y a tomar iniciativas políticas con amor. Por el bien del otro y no contra el otro. Como un padre, al que le cuesta que su hijo mayor se vaya de casa, pero sabe que es inexorable y hasta necesario que lo haga. Como un hijo que quiere irse y tener casa propia, pero sin enemistarse con su padre. Se rompe el cordón umbilical físico, pero se anuda otro, simbólico, quizás más profundo y sólido. Las familias no se rompen. La vida las separa, para fructificar, pero el amor permanece intacto.

Queda poco tiempo para que el cardenal Omella proponga esta iniciativa mediadora, pero queda todavía tiempo. Una semana, con buena voluntad por parte de todos, es suficiente para darle, de verdad, una última oportunidad al diálogo...y a la paz. El cardenal juega contrarreloj, pero con la ventaja de que, si lanza oficialmente la propuesta (respaldado por la Conferencia episcopal y por el Papa), los políticos no podrán decirle que no. No se atreverán. Sus votantes no se lo perdonarían.

José Manuel Vidal


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Comentarios
  • Comentario por LOADOS SEAN SAN SERGIO Y SAN BANCO 02.10.17 | 00:52



    El impuesto al Sol, ley del Ministro Soria, aún vigente, es un ejemplo de Ley que también hay que cumplir y que sirve de ejemplo de lo que no debe ser una ley.

    Una Ley que impone reglamentar sentimientos de afeccion o desafección es una ley contra natura.

    Y Son este tipo de leyes coercitivas las que no pueden imponerse por la fuerza. Y continua siendo una opinión, pero una opinión que ha demostrada palpablemente hoy.

    En Cuanto si nuestra Constitución de Transición del 78 fue o no la que que se permitió, eso es evidentemente opinable, pero causas objetivas las hay para asegurarlo.

    y Ahora, vea Ud. a que llevan esas leyes contra las afecciones o desafecciones.

    http://es.euronews.com/2017/10/01/tristeza-la-reaccion-unanime-a-las-duras-imagenes-de-cataluna

    http://google.com/newsstand/s/CBIwy8bVmjY?oc=wa

    http://google.com/newsstand/s/CBIw3b7VmjY?oc=wa




  • Comentario por Moisés 01.10.17 | 15:24

    LOADOS SEAN SAN SERGIO Y SAN BANCO (30.09.17/22:30).

    No sé quién permitió la Constitución vigente (si exceptúa a todos los votantes que ejercimos ese derecho en aquel momento). Pero si Vd. (o quien sea) cree que debe ser modificada o sustituída por otra, actúen conforme a las leyes y si lo consiguen... pues tendremos otra. Y ya está.

    Me gustaría me dijera cuales de mis "objeciones" "no son sólidas" para, si es caso, sacarlas del estado "gaseoso" o "líquido" y ponerlas a tono.

  • Comentario por LOADOS SEAN SAN SERGIO Y SAN BANCO 30.09.17 | 22:30


    Moises: Yo he expresado una opinión. Que comprendo que no sea compartida por todo el mundo, pero alguna de sus objeciones, otra vez en mi opinión, no son sólidas.

    Si tenemos una "Constitución de transición" que fue la que se permitió, no tenemos "La Constitución" de un Estado absolutamente democrático.

    Veremos como acaba este "subproducto" de la LOAPA; de momento va mal, muy mal, rematadamente mal.

    Sigue siendo una opinión, ¡claro!, faltaría más.

  • Comentario por Moisés 30.09.17 | 16:08

    LOADOS SEAN SAN SERGIO Y SAN BANCO (02:02):

    Cualquiera puede intentar modificar la Constitución. Sólo hace falta que, siguiendo las normas establecidas en ella, y concordantes, se sigan los pasos correspondientes. Y ya está.

    Lo que no se puede hacer es ir en contra de las leyes y que quiera imperar el sentimiento de quien sea. Con esa base, podrían definir que las mujeres no voten, que los curas anden a la pata coja, que a San Baco le prohíban la ingesta de vino... Y además, no hacerlo todos los ciudadanos por votación sino unos miles o millones. Cuando les dé la gana.


  • Comentario por Loados sean San Sergio y San Baco 30.09.17 | 02:02



    La afección o la desafección, no pueden ser impuestas por ley.

    Otro concepto es que nuestra Constitución fue redactada en los términos que fueron permitidos por quienes tenían el poder y la fuerza. De hecho estaba "en el ambiente" que tras un prudente espacio de tiempo, que llegó a a denominarse como"transición", la del 78 sería retocada para hacerla más abierta abierta al concepto democrático no vigilado.

    Casi medio siglo ha discurrido desde entonces y aún seguimos en "transición" a nadie sabe hacia donde ni cuando finalizara ese período de prueba.

    Cada cual es muy libre de pensar lo que elabore su cerebro. Ahora bien insisto de no se puede imponer por ley un sentimiento.

    Reprimir no soluciona nada a largo plazo, tan solo encona aún más las desafecciones.


  • Comentario por saruce 28.09.17 | 19:24

    ¡Encantado de saludarte, Moisés!.
    De acuerdo contigo en que no hay que excederse, ni con el respeto.
    Recuerdo una charla con J. Mª. González Ruiz, conocido teólogo paisano mío, que en plan coña marinera solía decir que comprendía a quienes no se fiaran de hombres que vestían con falda larga, y que caminaban de esa forma tan característica, y que por esa razón, remataba, deberían hablar poco, para no inducir a errores.
    Esos curitas catalanes, como antes los vascos, parecen estar siempre dispuestos a ser llamados para el "salto a la fama" del momento, sin importarles las consecuencias.
    Al parecer, hablar del amor de Dios, del amor entre los seres humanos, de Dios, del mensaje de Jesús de Nazaret, es demasiado aburrido.
    Y posiblemente crean que no recibirán las lentejas con chorizo, que les proporcionarán los de la CUP, en de la futura república catalana.
    Moisés, un abrazo.

  • Comentario por Moisés 28.09.17 | 16:32

    Muy de acuerdo con SARUCE (28.09.17/09:51), si bien no con "todo" respeto como él dice al inicio de su comentario: digamos "algo" de respeto, un "poco"...

    Saludos cordiales, SARUCE

  • Comentario por Yanka 28.09.17 | 11:11

    No es ni cristiano, ni evangélico ni políticamente democrático, ni legal, el delito de sedición, el delito de rebelión, ni mucho menos el estúpido derecho de decisión.

    "LA PATRIA NO SE HACE, LA DEMOCRACIA, SÍ.
    ¿Derecho a Decidir?
    Sin Poder de Decidir.

    Una Nación es algo dado, que no depende de la voluntad.
    Igual que no podemos decidir quién es nuestro padre".
    Antonio García-Trevijano"

    ====================================

    "No hablen del Pueblo de Dios (que es el que la Iglesia nos confió), sino sólo del pueblo de Cataluña (el medio pueblo de Cataluña que tiene el poder y por el que parecen apostar) elevándolo así a categoría teológica; me duele que no se nombre en ningún momento ni a Cristo ni a su Iglesia y se prescinda del anticristianismo radical de ese "pueblo de Cataluña" que ha profanado ya los símbolos más sagrados de nuestra fe.

    ¿Debemos entonces aceptar que se abra el camino a todos los...

  • Comentario por saruce 28.09.17 | 09:51

    Con todo mi respeto personal, creo que, tanto la oportunidad, como el contenido del post son un completo desacierto.
    Una parte de lo políticos de Cataluña deciden separarse, por las bravas, del resto de España, y unos cuantos curas, que imagino que se creerán muy "progres", deciden apoyarlos, y para ello no les importa saltarse a la torera, las leyes españolas.
    Sin calificar a esos políticos nacionalistas, conocidos como es bien sabido, por su educación ciudadana, sus manifestaciones sociales y cristianas, conforman un ramillete de "educadores" al que cualquier padre encargaría la formación de sus hijos.
    Y luego está lo de esos curas, trescientos, quienes a imitación de otros vascos de infausto recuerdo, patrocinadores de etarras, encienden las mechas de la desunión, del egoísmo nacionalista, y de la violencia, hasta en los colegios infantiles.
    ¿Cambiarán misas por aquelarres, también, o solo bendecirán la violencia?.

  • Comentario por Bah 26.09.17 | 20:33

    Bah.

  • Comentario por Llanos de Alba 24.09.17 | 20:09

    Alucino con este artículo, mejor callar que meter la pata. Que sepa lo que hay por ser de Teruel, también mis abuelos y conocían el chapurriau, pero...que es un golpe tito!!!

    Vaya diferencia en el trato con Tejero, hay que ser lame...

  • Comentario por Moisés 24.09.17 | 17:10

    ¿Y cuando se despertó, don José Manuel?.

    Por señalar sólo lo elemental y serio: Cataluña no es hija de España, ni España es madre (o padre) de Cataluña. Cataluña es España, como el espinazo de don José Manuel es tan don José Manuel como su bazo, corazón o cerebro...

    Sus comparaciones, a más de ridículas (con perdón: quiero ser claro) son improcedentes y falsas de toda falsedad.

    Y por la parte "humorística" (¿se podrá decir así?): si el Papa se manchó las manos en Colombia y Cubá ¿se las ha lavado después? No vaya a ser que...




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