Rumores de Ángeles

El Papa no teme a los cardenales resistentes

26.12.16 | 07:12. Archivado en Francisco

La reforma de la Curia (y de la Iglesia) sigue a velocidad de crucero, está cambiando las estructuras eclesiales y eclesiásticas en profundidad y no hay quien la pare, a pesar de las resistencias “maliciosas, nacidas de mentes distorsionadas”. Francisco lo quiso dejar así de claro en su discurso navideño a todos los miembros de la Curia romana, corazón de la resistencia.

Allí estaba el decano, cardenal Sodano, hablando de “profunda comunión” con el Papa, al que llamó “buen samaritano por los caminos del mundo”, pero que sigue siendo el eterno adalid del “gatopardismo” curial, que quiere que todo cambie para que todo siga igual. Con él, la Curia alcanzó uno de los momentos de máximo poder absoluto en los tiempos modernos. Y ni él ni su cordada quieren perderlo.

Allí estaba el otrora omnipotente cardenal Bertone, con las manos derechas, como implorando piedad. Allí estaba el cardenal Müller, con su imponente humanidad, mirando desde lo alto, desafiante. Cerca, el cardenal Sarah, que se deja querer y mecer por los rigoristas, que ya lo están promoviendo como el sucesor destinado a hacer volver las aguas a su cauce. Y, unos cuanto metros más allá, el adalid de los resistentes, el cardenal Burke, mirando al suelo, pero con el interdicto preparado para acusar al Papa solemnemente de herejía.

Pero Francisco no se deja amilanar. No les tiene miedo. Se siente llamado por Dios a la misión de “reparar su Iglesia”. Y no le duelen prendas. Porque su reforma se basa en “la lógica de Dios”, mientras los gatopardistas se apoyan en la “lógica mundana”.

Muchos curiales esperaban una reprimenda, pero el Papa se dedicó a diseñar el fresco de su reforma, que comenzó a dibujar en el 2014 con el discurso de las 15 tentaciones, continuó en 2015 con el de las 12 virtudes y siguió este año con la lista de los 12 criterios y de los 18 documentos operativos.

Dicen los gatopardistas que “en el fondo, todo sigue igual” y que “el Papa habla mucho, pero cambia poco”. Por eso, Francisco enumeró, una a una, las 18 medidas ya tomadas. La mayoría de profundo calado, como la reforma del IOR, de la Secretaria de Economía, de la Secretaría de Comunicación o de la creación de los dicasterios de Familia y Vida y de Desarrollo Humano integral.

Antes había enumerado los 13 criterios que están guiando la reforma y que van desde la conversión pastoral individual, a la racionalidad, pasando por la funcionalidad, la profesionalidad, la sinodalidad y la catolicidad. En base a este último criterio, el Papa dijo que desea más laicos y más mujeres en los órganos de poder-servicio vaticanos. Al tiempo que advertía contra los viejos vicios y “el veneno de la vana ambición y de la rivalidad engañosa”, contra la “palestra de escondidas ambiciones y de sordos antagonismos” y proclamaba el “archivo definitivo de la práctica del 'promoveatur ut amoveatur', que es un cáncer”.

Los viejos vicios curiales al descubierto, con luz y taquígrafos. El Papa que lava los trapos sucios de la Curia ante el mundo y delante de las cámaras de televisión. Algunos cardenales se mueven inquietos en sus asientos. Son incapaces de ocultar su profundo malestar. Les está dejando en evidencia públicamente. No tienen escapatoria. No lo pueden soportar.

Son bastantes. El partido del Papa sigue siendo minoritario en la Curia, pero mayoritario en el colegio cardenalicio. Los pesos pesados curiales continúan en la oposición al Papa. Desde Müller a Sarah, pasando por Pell, Burke, Brandmüller o Sodano. Unos con mando en plaza actual. Otros, ya mayores y ancianos, pero con el peso de los cargos detentados y con el poder de ser jefes de diversas cordadas.

Pero Francisco no parece tenerles miedo. Primero, les recuerda que, incluso en la teología más tradicional, el Papa es el Papa, jefe supremo y soberano de la Iglesia, con potestad “singular, ordinaria, plena, suprema, inmediata y universal”. Después, les advierte que la reforma no va a ser “gatopardista” ni “una especie de lifting, de maquillaje o un cosmético para embellecer el viejo cuerpo de la Curia, y ni siquiera una operación de cirugía plástica para quitarle las arrugas”. Porque, “no son las arrugas las que hay que temer en la Iglesia, sino las manchas”.

El Papa reconoce que este camino profundo y exigente de la conversión personal y estructural tiene que encontrar resistencias. Pero va un paso más allá y las enumera. Para que los curiales vean que no mete a todos en el mismo saco. Porque hay curiales que pertenecen al ámbito de las “resistencias abiertas”, fruto de “la buena voluntad y del diálogo sincero”. Otros, al grupo de las “resistencias ocultas”, que “surgen de los corazones amedrentados o petrificados, que se alimentan de las palabras vacías del gatopardismo espiritual de quien de palabra está decidido al cambio, pero desea que todo permanezca como antes”.

Si los gatopardistas son peligrosos, todavía lo son más los curiales que pertenecen al colectivo de las “resistencias maliciosas”, que “germinan en mentes deformadas y se producen cuando el demonio inspira malas intenciones, a menudo disfrazadas de corderos”. Son los cardenales que “se esconden detrás de las palabras justificadoras y, en muchos casos, acusatorias, refugiándose en las tradiciones, en las apariencia,s en la formalidad, en los conocido, o en su deseo de llevar todo al terreno personal, sin distinguir entre el acto, el actor y la acción”.

Una vez señalados los diversos tipos de resistencias (y de cardenales resistentes), el Papa parece estar tan seguro de que la reforma es algo querido por Dios que llega incluso a justificarlas. “Las resistencias buenas e, incluso, las menos buenas son necesarias”, porque “son un signo de que el cuerpo está vivo”.

La Curia está viva y el proceso de reforma, como reconoce el propio Papa, es “delicado”. Por eso, les pide o, mejor dicho, les exige a sus cardenales, a los miembros de su Senado, que vivan el proceso, entre otras cosas, “con fidelidad a lo esencial, con silencio positivo, con total obediencia y con mucha oración”. Y repitió lo de la oración tres veces.

Por si el lenguaje teológico no fuese suficiente, el Papa quiso concluir contando una anécdota y ofreciendo una ayuda a los cardenales. La anécdota de un cardenal que, después del discurso de hace dos años sobre las enfermedades de la Curia, se le acercó y le dijo:

-¿Dónde tengo que ir, a la farmacia o a confesarme?
-Las dos cosas, le replicó el Papa

Para la ayuda concreta, Francisco se valió del consejo de uno de sus máximos oponentes, el cardenal Brandmüller, que también se le acercó y le dijo: “Acquaviva”. “En el momento -cuenta el Papa-, no comprendí, pero después, pensando, recordé que Acquaviva, quinto general de la Compañía de Jesús, había escrito un libro que nosotros, como estudiantes, leíamos en latín. Se llamaba 'Industriae pro Superioribus ejusdem Societatis ad curandos animae morbos', es decir las enfermedades del alma”. Y no sólo le recomendó el libro a los cardenales, sino que les regaló un ejemplar a cada uno. Burke y Sarah, incluidos.

José Manuel Vidal

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Comentarios
  • Comentario por Alex 02.01.17 | 12:53

    "El aggiornamento" de Juan XXIII,que se plasmó en la celebración del "Concilio Vaticano II" fue motivo suficiente para que el Papa Pablo VI, soñara con una Iglesia mas evangelizadora y dialogante, Juan Pablo II planteara la necesidad de una "nueva evangelización" y Francisco, ahora nos regala un esquema para seguir trabajando esta reforma o vuelta hacia Jesucristo, la de una Iglesia "de discípulos misioneros", "en salida" que tiene como meta el Reino de Dios.Con la introducción de un neologismo, como es "la conversión Pastoral", nos propone un principio transversal en sus documentos magisteriales, que impulsa y éxige "un discernimiento continuo y permanente", "misericordia en el obrar" entre otros. El gatopardismo o el demonio mudo, a quedado al descubierto y es expulsado por la fuerza dinámica de Espíritu Santo, que en "Pedro" corrige y confirma a su Iglesia en la fe verdadera.

  • Comentario por Franz 01.01.17 | 21:33



    El papa Francisco debería dimitir y convocar elecciones.


  • Comentario por Divisionario 29.12.16 | 23:55

    Francisco es el Papa del mundo, de los que no quieren hacer ningún esfuerzo personal para convertirse a Dios. Francisco no es el Papa del católico formado y celoso que lleva demasiado tiempo autocensurándose porque en el fondo percibe que Francisco es letal para la Iglesia Católica. Hay muchos católicos fieles que no encajan con este Papa y que están cansados ya de su retórica marxista y de su nula estima del Magisterio de siempre. Si se produce la corrección pública al Papa Francisco por los cuatro cardenales, asistiremos a un acto de deslegitimación de un Papa desde razones teológicas y eso atraerá al catolicismo más fiel y observante que hace bastante que desconfía de Francisco., el cual quedará muy tocado.

  • Comentario por "Pobre Dios" 28.12.16 | 12:52

    Para: Comentario por Federico 26.12.16 | 17:31

    La tradición, la "Santa Tradición" Tiene muy serias dudas sobre si la tierra es el centro del Universo, sobre si el Big Bang duró seis días, sobre si los fósiles son curiosas piedras, si en el Planeta Tierra llovió antes del Diluvio Universal. Las dudas de la Santa Tradición llegan a si el Arco Iris existió aparecía o no antes del Diluvio.

    La Santa Tradición ha enviado a mucha gente, mentalmente enferma, a la hoguera.

    Errores de tal calibre se hallan entre los grandes logros de la Tradición.

    La Santa tradición no daba credibilidad a las confesiones, arrancadas a un reo, que fueran obtenidas sin "tormento".

    La historia esta preñada de errores horribles de la Santa Tradición.

  • Comentario por "Pobre Dios" 28.12.16 | 12:37


    No puedo dejar de preguntarme quién se cree con autoridad suficiente para tachar al papa de herejía o de desviacionista.

    Un papa hereje no puede ser sino consecuencia de un fatal error del Espíritu Santo y, por supuesto, del dogma de la infalibilidad papal; lo que ya, de por sí, es una herejía de insondables consecuencias que, sin duda, significaría el fin del catolicismo romano.


    La palabras, son palabras, que se las lleva el viento y no tienen, en este caso, más peso que el de jalear a la cordada.

    Se presupone que la cabeza de una organización de 21 siglos de historia, con millones de seguidores, necesariamente debe haber gente a las que les pese más el cerebro que las vísceras.

    Lo malo es que las vísceras no acercan a Dios, ni son válidas para "marcar camino" así nos lo han contado, así esta implícitamente escrito

    Si aunamos vanidad, orgullo y soberbia ... "pobre Dios", vaya "tropa"


  • Comentario por LF 27.12.16 | 15:11

    Si los obispos polacos y todos los tradicionalistas están dispuestos a pasar a la historia como los provocadores de un cisma allá ellos.No estamos en el siglo XVI y anteriores en que los fieles tenían la de sus Reyes y caudillos. Hoy la mayoría de católicos están con el Papa Francisco porque lo ven más cercano a Jesús que esos trasnochados seguidores de una tradición que ha ido cambiando aunque ellos lo nieguen

  • Comentario por Orlando De Jesús 27.12.16 | 07:24

    El Papa Francisco tiene al mundo con él.

  • Comentario por Federico 26.12.16 | 17:31

    No sé si les teme o no, pero como una docena de cardenales y un grupo de obispos le declaren hereje, el cisma será imposible de parar. Y él lo sabe.

    Un cisma que dejaría en nada el provocado por Lefebvre, porque cabe la posibilidad de que conferencias episcopales enteras, como la polaca, se sitúen del lado de la Tradición.

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