No hay Iglesia más potente que la italiana. Tanto dentro como fuera del país. Alma de la nación, influye, controla, anima, ayuda y, en ocaciones, hasta dirige la política italiana. Directa o indirectamente. Quizás por ello es respetada, querida y odiada a partes casi iguales. Pero ni la Iglesia italiana con todo su poder se ha negado a arrimar el hombro para sacar al país de la crisis. Y no ha puesto excesivas dificultades a la decisión de Mario Monti, el primer ministro católico convencido, de hacerle pagar el ICI (nuestro IBI) a la institución eclesial italiana.
Viernes, 1 de junio
José Manuel Vidal
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató