Su testimonio es brutal, escalofriante, estremecedor. El calvario de Marie Collins, abusada por un cura, a los 13 años, en su cama del hospital. Su inocencia quebrada por un desalmado: "Los dedos que abusaban de mi cuerpo, los mismos que me ofrecían la hostia". Y su lucha, durante años y años, contra la depresión y en busca de justicia. Y se topó con la culpabilización y el encubrimiento más descarado por parte de las autoridades religiosas, incluido su arzobispo (habría que saber su nombre). "Tras denunciarlo, la prioridad del obispo era la protección del 'buen nombre' de mi abusador". Para qué insistir, lean el testimonio y saquen sus propias consecuencias.
Viernes, 1 de junio
José Manuel Vidal
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