José Antonio Pagola está, de nuevo, en el ojo del huracán, por mor de su bestseller sobre 'Jesús'. Le han enfilado los inquisidores (de alta y baja estofa) y no sueltan el bocado. Llevan ya más de tres años dedicados a fondo a montar su hogüera. Primero lo "quemaron" en España Demetrio Fernández, Rico Pavés y compañía. No contentos con ello, apelaron a Roma, que ahora tendrá que pronunciarse sobre la obra del teólogo vasco, que se sigue vendiendo como rosquillas y que sigue llegando al pueblo de Dios. Y sigue haciendo un bien extraordinario a mucha gente que vuelve a sentirse seducida y atraída por ese Jesús de Nazaret que presenta el autor.
Se ha moderado con el paso del tiempo. Pero Juan Antonio Martínez Camino no dejará nunca de ser un apologeta. Al estilo antiguo. De aquellos que, para defender la fe propia, machacaban al adversario. Con argumentos, por supuesto, pero los dejaban tiritando. Ese "ramalazo" le sale al portavoz del episcopado, queriendo o sin querer. Y, en vez de limitarse a proponer la fe de la Iglesia, intenta imponerla. Con la fuerza de sus argumentos. Y argumenta tanto, que terminan calentándosele la boca. Y, entonces es cuando más patina. Y con sus patinazos compromete a la Iglesia.
Son, aunque no quieran, como las dos caras de una moneda o de una medalla. Las biografías de Hans Küng y de Joseph Ratzinger se entrelazan y discurren unidas un cierto tiempo, para después separarse y ocupar, cada cual, su espacio en la Iglesia y en la sociedad. Uno en las antípodas del otro. Sin ánimo de enfrentar sus biografías, como pide el teólogo y filósofo Manuel Fraijó, el caso es que son dos personajes eclesiales enfrentados en el fondo y en la forma. Dos pensadores referenciales. Y que marcan el devenir de la institución, cada cual a su manera.
No utililza Internet. No sabe navegar por la red, pero el Papa Ratzinger la aprecia, la valora, sabe de su potencial (lo ha experimentado en primera persona con el caso Williamson) y parece conocerla a fondo. Tanto que les pide a sus colaboradores que rastreen el universo digital, que es ya el presente en el que se mueve el mundo. El presente de un instrumento revolucionario y que, como cualquier instrumento, tiene la doble cara de Jano bifronte. Bien utilizado es el reino de la instantaneidad, de la libertad y de la independencia. Mal utilizado se convierte en un arma superficial y mentirosa, unas veces, y hasta maligna y cruel, en otras.
Se fue Samuel Ruiz, el obispo de los indios, no en vano le llamaban "Tatic", el padre de los indígenas. Y se fue con el cariño de los más pobres, el respeto de todo México y el aprecio generalizado de la Iglesia universal. Y con alguna crítica de los que no soportan a los profetas. Porque sus vidas y sus figuras les escuecen, les confrontan con el Evangelio y les dejan en evidencia. Se fue el penúltimo profeta de la opción preferencial por los pobres. Se fue una figura eclesial y universal de la solidaridad. Se fue un obispo entregado, un sacerdote que lo dio todo por su pueblo, un teólogo de la praxis de la liberación y un icono de esa Iglesia samaritana que atrae a la gente y seduce sus corazones en pos de Cristo.
A Pablo le informan de las divisiones y discordias que hay en Corinto. El problema de fondo es la falta de unidad. Las tensiones entre ricos y pobres, fuertes y débiles, y también las tendencias eclesiales: unos están más cercanos a Pedro, otros a Pablo, otros a Apolo. Pablo reacciona: «Os ruego, en nombre de Cristo, poneos de acuerdo...». La solución no era la falta de autoridad, no estaba en que Pedro o Pablo impusiesen su autoridad, sino en buscar la raíz del problema y, desde esa raíz, los mismos corintios quienes deben buscar la solución.
A Pablo le informan de las divisiones y discordias que hay en Corinto. El problema de fondo es la falta de unidad. Las tensiones entre ricos y pobres, fuertes y débiles, y también las tendencias eclesiales: unos están más cercanos a Pedro, otros a Pablo, otros a Apolo. Pablo reacciona: «Os ruego, en nombre de Cristo, poneos de acuerdo...». La solución no era la falta de autoridad, no estaba en que Pedro o Pablo impusiesen su autoridad, sino en buscar la raíz del problema y, desde esa raíz, los mismos corintios quienes deben buscar la solución.
Asistí a la ceremonia de entrega de los Premios Bravo sentado en la silla de monseñor Iceta y rodeado de "fontaneros" de Añastro. Una ceremonia brillante en la forma (sobre todo por el toque de humor que le puso Paloma Gómez Borrero) y, sobre todo, en el fondo. Porque las cosas están cambiando en la comisión de medios de la CEE. Y eso se nota en la concesión de los Premios Bravo. El cambio comenzó con la llegada de monseñor Del Rio a la presidencia de la citada comisión. Y se acentua con monseñor Piris, obispo de Lleida. Un obispo moderado, dialogante y conciliador, lastrado por la "maldita herencia" de las obras de arte de la Franja. Y bien arropado por otros obispos que viven y practican esa misma sintonía, como Ginés García, Joan Enric Vives o Juan José Omella. Es lógico que con estos mimbres se comiencen a hacer listas de premiados que rompen con la endogamia y el premiar a 'los de siempre'.
Hace unos dias publicaba en RD un brillante artículo José Ignacio González Faus, en el que, entre otras cosas, pedía a la jerarquía eclesiástica una valiente y decidida denuncia de la usura en el contexto de la crisis que estamos padeciendo. Pues parece que el ministro de la Presidente, Ramón Jáuregui, se lo ha leído. Porque, en su reunión con el cardenal Rouco de ayer, vino a proponerle algo similar: que ya es hora de que la voz de los obispos resuene en España no sólo en temas de moral sexual, sino también de moral social.
Por los desayunos del Foro de la Nueva Comunicación sólo pasan las grandes personalidades sociales, mediáticas, políticas y religiosas. Por algo se celebran en e hotel Ritz de Madrid. Ayer ocupó la tribuna de los oradores de ese prestigioso foro Fernando Giménez Barriocanal, presidente de la Cope, gerente del episcopado y de la JMJ y catedrático de la Autónoma. Con una platea repleta. Ambiente de gala para acoger a un triunfador. Porque Barriocanal es, sin duda, en estos momentos, el laico con mayor poder (a él le gusta mas decir servicio) en la Iglesia española. No sólo porque dirige, despúes de haberla reflotado, la radio de los obispos, sino también porque lleva ya años administrando los dineros de la Iglesia y del episcopado. De hecho, es el único laico con derecho a asistir a todas las deliberaciones de la Plenaria de los obispos. La de secretos que sabe.
Ya la estrenó en octubre, pero hoy fue la primera vez que la vimos los periodistas, que acudimos a la rueda de prensa de los directivos de Cáritas Haití. Está en el número 162 de la calle Embajadores de Madrid. Muy cerca de Legazpi, un barrio obrero y castizo madrileño. Pasa de la zona más pija de San Bernardo a otra más acorde con su misión. Y pasa de un edificio pequeño y antiguo a otro funcional y moderno. ¡Ya iba siendo hora! Las necesidades actuales exigen medios adecuados. También para Cáritas española, la larga mano de la Iglesia en el universo de la caridad y de la solidaridad.
Incluso después de la aprobación de sus Estatutos, los Neocatecumenales (más conocidos como Kikos, por uno de sus fundadores, Kiko Argüello) seguían estando en la picota en muchas partes del mundo. Las últimas semanas, en Japón, cuyos obispos pidieron al Papa que los expulsase de su país al menos durante cinco años. Pero Benedicto XVI ha debido ver en ellos la fuerza de choque de la nueva evangelización. Porque no sólo no los ha expulsado del país nipón, sino que, además, ayer los recibió en audiencia y los lanzó al estrellato eclesial. Con la previa aprobación de su controvertido catecismo por parte de Doctrina de la Fe.
Hace unos meses escribí una reflexión con ocasión de la muerte de un sacerdote muy querido. Lo titulé así: “un cura normal”. Hoy, ante la petición de Radio Huesca de escribir un artículo con ocasión del nombramiento de Mons. Julián Ruiz Martorell como Obispo de Huesca y de Jaca, se me ha ocurrido un encabezamiento similar: “un Obispo normal”, un Obispo que se dedicará con alma, vida y corazón a ser Obispo, ni más ni menos: anunciará la Palabra de Dios y defenderá la dignidad de las personas, celebrará los sacramentos, gobernará las Diócesis de Huesca y de Jaca y acompañará a los laicos, sacerdotes y religiosos, para que crezca en todos la alegría de ser cristianos, de sentirnos Iglesia, de aportar a este mundo, con respeto y valentía, una palabra esperanza y un compromiso a favor de los que más sufren. D. Julián Ruiz no será un super-Obispo o un Obispo-estrella, al estilo de los super-jueces o las estrellas de la televisión. No es el Mesías que viene a salvarnos; viene –como él mismo ha dicho- a vivir con nosotros el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
No conozco a Sor Verónica. O la conozco muy poco. Sólo en una ocasión (hace poco tiempo) mantuve una corta conevrsación telefónica con ella. La sigo desde hace muchos años. Hace más de una década escribí ya para El Mundo un reportaje que se titulaba "El 'milagro' de Lerma". Y, además, admiro esa eclosión vocacional sin precedentes, al tiempo que, como periodista, trato de buscar sus claves y sus explicaciones. Desde dentro, ni Sor Verónica ni las demás monjas han facilitado nunca esa labor. Lo habitual en las instituciones de Iglesia, que siguen creyendo que pueden vivir de espaldas a los medios y a la opinión pública. Ante la falta de fuentes directas, los periodistas tenemos que acudir a las indirectas y a las interpretaciones de los gestos y de los escritos de la protagonista de esta relevante historia religiosa que traspasa fronteras. Un fenómeno que suscita curiosidad, atención, polémica y morbo en Roma y en otros muchos lugares del universo eclesiástico.
En otro de sus gestos sumamente sorprendentes y que dejan descolocados al personal, el Papa Ratzinger acaba de nombrar alto cargo de la Curia romana a un protestante. Es verdad que el protestante, Werner Aber, profesor emérito de Microbiología de la Universidad dce Basilea es un premio Nobel. Pero también lo es que, hasta no hace mucho, para esta confesión religiosa, Roma era la gran ramera. Y que lo nombra nada menos que presidente de la Pontificia Academia de las Ciencias.
Decepción. No tanto por el fondo, cuando por la forma de la subida a los altares de Juan Pablo II. Un Papa, al que a estas alturas, a nadie se le ocurre negarle un puesto en la historia. Y Quizás también, en los altares. Pero, a su debido tiempo. El Papa Magno no se merece esta turbobeatificación, rodeada de poémica, de sospechas y, quizás, de manchas. Flaco favor se le hace a él y a la institución. La Iglesia que vive y presume de jugar en la división del tiempo eterno, resulta que acorta plazos y se lanza a una carrera santificadora que sólo puede traer malas consecuencias. Ya se sabe que las prisas son malas consejeras y, en asuntos tan delicados como el de la santidad, pueden convertirse en un contrasentido, en un antiejemplo.
El cielo puede esperar y la beatificación de Juan Pablo II debería hacerlo también. Enfriarse un poco y posponerla sine die. El Papa Wojtyla no se merece llegar a los altares bajo la sombra de la más mínima sospecha. Que alguien para el "santo subito". Sólo Benedicto XVI puede hacerlo ya. Y debería hacerlo. Al menos, mientras no se clarifique totalmente el papel de su amado predecesor ante las denuncias de pederastia. Y, sobre todo, mientras no se esclarezca si conocía o no conocía las andanzas, abusos y tropelías de Marcial Maciel, el fundador de los Legionarios al que Wojtyla puso como ejemplo y guía de la juventud.
Le llueven los reconocimientos romanos a Barcelona y, por ende, a su cardenal, Lluis Martínez Sistach. Ayer mimso, el presidente del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, Rino Fisichella, anunciaba que el emblema de su dicasterio será la Sagrada Familia de Gaudí. Barcelona en el corazón de la Curia romana y de Benedicto XVI, no en vano este dicasterio es criatura suya y, con él, pretende poner en marcha la reevangelización de Occidente.
El nombre nombra y hasta hay quien dice que imprime carácter. Y, en cualquier caso, es nuestro signo distintivo. Un signo que, hasta ahora, en los países católicos era siempre el de la Virgen, de Jesús o de santos y santas de Dios. Por costumbre, por tradición y por religiosidad. Una señal más de las profundas raíces cristianas de los pueblos europeos. Desde hace ya bastantes años, los vientos de la secularización parecen querer acabar también con eso. Hay cada vez más padres, incluso católicos, que optan por poner a sus hijos nombres que nada tienen que ver con la inonografía cristiana. Un signo que significa. O al menos así lo entiende Benedicto XVI que, el domingo pasado (fiesta del Bautismo del Señor), pidió encarecidamente a los fieles que pongan "nombres critianos" a sus niños.
No sólo representa el seny y la moderación, sino también el diálogo de la Iglesia con el mundo moderno y con la sociedad secularizada occidental. Hoy, tenemos el placer de anunciarles que el cardenal Lluis Martínez Sistach abre espacio con nosotros. Desde ahora podrán leer también aquí sus pastorales y demás escritos. Le damos la más cordial bienvenida. Para nosotros, es un honor y un placer contar con el arzobispo de Barcelona, que se suma a nuestra sección "Palabra de pastor". Una sección cada vez más repleta de personalidades eclesiásticas y religiosas. Un buen equipo para la nueva evangelización.
La Santa Sede, mediante nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha emitido una aclaración a las palabras de Benedicto XVI sobre el preservativo en el libro-entrevista «Luz del mundo». La nota es liviana, es decir, insiste en lo que el Papa no ha dicho y pretende aclarar la doctrina del «mal menor» en el caso de que se use el condón para evitar la transmisión del sida o en relaciones de prostitución.
En Añastro, la Casa de la Iglesia, hay fundamentalmente dos tipos de curas: los que están allí para dejarse la piel en el servicio a la Iglesia española y los que utilizan ese servicio como palanca de promoción en el escalafón eclesiástico. Los periodistas "olemos" tanto a unos como a otros de inmediato. Y José María León Acha fue, sin duda alguna, de los primeros. Pasó más de media vida al servicio de la Conferencia episcopal, se recorrió España revitalizando la espiritualidad sacerdotal, sin aspirar nunca a nada.
Joven pero suficientemente preparado, Xavier Novell llegó al obispado de Solsona de la mano de su predecesor, monseñor Treserras. Un nombramiento especial por cuanto nadie sabía encuadrar bien al nuevo obispo. Y es que rompe esquemas. De unos y de otros. Y así lo dijo él mismo en su toma de posesión. Un obispo joven, pero que no está dispuesto a dejarse manejar. Y, además lo dice abiertamente. Los ultras jalearon su nombramiento. Empezando por los catalanes de Germinans y siguiendo por sus adláteres españoles. Pero Novell les ha dado un buen soplamocos. No sólo no se casa con ellos, sino que les desacredita por atacar, desde el anonimato, a otros obispos catalanes, compañeros suyos, como monseñor Vives, monseñor Taltavull y, sobre todo, al cardenal Sistach, contra el que disparan a diario sin ton ni son y con una enorme dosis de mala baba, reñida con el seny más elemental y con las más mínima caridad.
Si quiere ir a más y no a menos (como le está ocurriendo), la misa de las familias de Colón debería cambiar de rumbo externo e interno. En el fondo y en la forma. De la forma ya hemos hablado estos días. Hay que ir a una misa de todas las familias, no de los Kikos. Con estética y cantos del común de los fieles de parroquia. Pero, además, de la forma, debería cambiar el fondo. Un cambio de rumbo que la saque de las procelosas aguas políticas en las que se gestó y que, si bien es verdad que ha ido perdiendo cariz de confrontación política, no ha logrado situarse sólo y exclusivamente como un evento religioso puro y duro.
Los Kikos tienen poder. Y, como es lógico, lo ejercen. Por eso, en España sobre todo, casi nadie se atreve a criticarlos en público, aunque todo el mundo los pone a caldo en privado. Suele ser así el mundillo eclesiástico: fuerte con los débiles y sumiso con los poderosos. Conozco a los Kikos desde hace muchos años. He entrevistado a Kiko Argüello y he hablado, largo y tendido, con Carmen Hernández, la auténtica ideóloga del Camino. Y los he sufrido en mi parroquia. Como cualquier otra realidad eclesial, hay cosas en los Neocatecumenales que me gustan y otras que no. Y lo digo abiertamente, porque tengo el privilegio de poder decirlo. Y, porque, además, a mi juicio, es un hecho incontestable que llevan años acaparando la misa de las Familias.
Empezó hace unos años como un claro acto reivindicativo contra el Gobierno socialista. La misa de las Familias en Colón (y, en Plaza de Lima, el año pasado) fue idea de Kiko Argüello, cogida al vuelo por el cardenal Rouco, enfrascado, en aquel entonces, en la teoría de echarle un pulso al Gobierno y propiciar la vuelta del PP al poder. Poco a poco, al paso de los años y de las circunstancias políticas, el cardenal de Madrid ha querido reconvertir el evento en una fiesta europea socio-religiosa de la familia. Para conseguirlo tuvo que echarse en manos de los Kikos. Y el peaje que está pagando es que la misa de Colón ha pasado a ser la misa Kika de las familias.
¡Feliz año 2011! El deseo no por repetido deja de ser sincero. Un año de gracia, esperanza y amor les deseamos, de corazón, a todos nuestros lectores, blogueros y anunciantes. Sin ustedes, RD no sería lo que es: la página de referencia en la información religiosa en español en todo el mundo. Con dos millones de visitas mensuales y más de 600.000 usuarios únicos. Y una extraordinaria penetración tanto entre el público en general como entre los decisores. Gracias a todos y por todo. Especialmente a nuestros blogueros-columnistas que, con sus análisis, marcan muchas veces la diferencia.
Viernes, 1 de junio
José Manuel Vidal
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal