Hay una auténtica carrera contrarreloj para hacerse la foto con el Papa. Políticos de la derecha y de la izquierda quieren posar con Benedicto XVI. Desde Rajoy a Zapatero, pasando por Rubalcaba o Caamaño. Unos, porque lo exige el protocolo. Y otros, proque quieren presumir de foto con el hombre vestido de blanco que, por muy conservador que dicen que es (y lo es), sigue siendo la máxima autoridad moral del mundo globalizado.
Santiago Oriol abandona la Legión de Cristo. Uno de los cuatro hermanos de la saga Oriol, la prestigiosa familia que tanto contribuyó a la implantación de la organización de Marcial Maciel entre las elites españolas. Y no se va sólo, sino acompañado de varios sacerdotes legionarios. Se habla incluso de que serían una veintena los curas que se están saliendo de la Legión e incardinándose en diversas diócesis españolas. Y tampoco sería de extrañar que alguno de los otros tres hermanos Oriol, que aún permacenen, sigan el mismo camino marcado por Santiago.
Es una gozada, como creyente y como profesional de los medios, ver la sala de prensa de Cáritas española hasta la bandera. No los he contado, pero esta mañana habría más de 50 periodistas en la presentación de la Memoria anual de la institución socio-caritativa de la Iglesia. Y eso es un milagro en una organización eclesial y en un Madrid, donde cuesta un triunfo lograr que los periodistas cubran cualquier evento. Un llenazo que habla, a las claras, de la labor de Cáritas y de su reconocimiento público.
Con su acceso a la púrpura cardenalicia, el ministro de Cultura del Papa, Gianfranco Ravasi, no sólo recibe un espaldarazo a su encomiable labor en este campo tan delicado de la relacion con la sociedad moderna, sino que, además, se convierte en uno de los papables italianos de garantías. En estos momentos, él y el Patriarca de Venecia, cardenal Scola, quizás sean dos de los papables mejor situados. Tanto dentro como fuera de Italia.
Bajan las aguas revueltas en la ACdP. Desde hace tiempo. Ahora, sólo estallan al público en forma de lucha por el poder entre dos candidaturas (Dagnino y Romero), como explicamos hoy en RD. No sé quién se llevará el gato al gua en esta ocasión. O quizás terminen pactando, como suelen concluir muchas luchas de este tipo. Pero el problema de esta otrora gran asociación cristiana de laicos persite. Porque es un problema de fondo, de rumbo perdido.
El arzobispo de Pamplona (y ya por poco tiempo director de las Obras Misionales Pôntificias), Francisco Pérez González, tiene descontentos a sus curas. Al menos a los diocesanos. O a un grupo de ellos, que así lo denuncian hoy en RD. Aseguran que se ha echado, con armas y bagajes, en manos de los curas de los nuevos movimientos y que está marginando a "sus" sacerdotes, a los puramente diocesanos. Y para probarlo aducen pruebas y datos con pelos y señales. Y, por eso, le piden que cumpla con su lema episcopal: "Ut omnes unum sint".
Ocupó el precioso palacio de la calle del Nuncio de Madrid durante más de dos décadas. Fue su casa. Era el lugar idóneo y natural para presentarse ante los medios como cardenal electo. Pero José Manuel Estepa, el arzobispo emérito castrense, decidió hacerlo en el arzobispado de Madrid, de la mano del cardenal Rouco y sin la presencia del actual arzobispo castrense, Juan Del Rio. Una situación que "canta" mucho y que induce a plantear algunos interrogantes de cajón.
Fue un excelente arzobispo castrense y, quizás, el mejor catequeta español de las últimas décadas. Redactor, entre otras cosas del Catecismo de la Iglesia. E íntimo amigo del Rey. Esas dos cosas le valieron a José Manuel Estepa el capelo cardenalicio. Uno de los reservados a los cardenales de más de 80 años. Un premio de consolación, pero un premio extraordinario. Se lo merece, monseñor Estepa. Enhorabuena.
En un gesto muy suyo, Benedicto XVI se ha arrancado con una carta, de su puño y letra, a los seminaristas. Con recuerdos personales, frases que repite constantemente, ideas-fuerza, ritmo y estilo. Por unos momentos, Ratzinger se convierte en un padre espiritual para lso jóvenes aspirantes a curas. Y les ofrece un plan de vida, si quieren ser curas. Un plan de vida exigente y profundo, pero con las propuestas de siempre. Nada nuevo bajo el sol...Esperaba más del Papa teólogo y pensador.
El 6 de noviembre llega a Barcelona Benedicto XVI y cada día van apareciendo en los medios más noticias acerca de aspectos tan diversos como si será recibido por Zapatero, cuál será el recorrido hasta la Sagrada Família o cuánto costará el evento. No faltan tampoco quienes, con excusa de uno u otro aspecto de la visita, manifiestan su indiferencia o aun su oposición desde una perspectiva laicista.
LA próxima visita de Benedicto XVI a Barcelona ha generado efervescencia entre quienes tienen una actitud manifiestamente hostil hacia la Iglesia Católica. Con la excusa del dinero que la Administración pública va a destinar a la organización del viaje en tiempos de crisis económica, algo que no suele cuestionarse en tantas otras visitas de líderes internacionales, ha comenzado el «run-run» de fondo alimentado por diferentes grupos marginales, a los que muchas veces la prensa presta una atención excesiva teniendo en cuenta su limitada implantación social.
Una vez más, monseñor Julián Barrio, arzobispo de Santiago de Compostela ha dado muestra de su temple. Mano de hierro en guante de seda. Y salió a la palestra, para defender al Papa, agredido con una foto "insultante, despiadada" y, posiblemente, delictiva, publicada en el periódico Galicia Hoxe. Acompañando a un artículo no tan infumable, pero también de duduso gusto. Tan dudoso que el propio periódico gallego lo ha eliminado hoy de su página web y ya no está accesible. Reconocimiento de culpa claro. Acierto, uno más, de Barrio.
Toda de posesión triunfante. Con una catedral abarrotada de fieles y curas (quizás lo más significativo) de todas las sensibiliaddes. Incluso de los críticos, que protestan y se plantan, pero nunca rompen la comunión. Y con el nuevo obispo titular, Mario Iceta, asumiendo su papel de obispo de todos y para todos. Se le ve seguro, confiado. No tiene que ir a la contra. Va sobrado sin pretenderlo. Llena la escena. Hasta canta y entona incriblemente bien. Será de los pocos obispos que cantan bien y sin desafinar. Y despide magnetismo de persona jovial, sincera y abierta. Ahora, le queda el aterrizaje en la realidad diaria de la diócesis.
Vuelve la tiara papal. Por ahora, sólo al escudo de armas de Benedicto XVI. Y esperemos que se quede sólo ahí, en el escudo. Me dolería volver a ver a un Papa con la triple corona, repleta de diamantes y piedras preciosas. Por mucho que encarne y simbolice los tres poderes papales, no deja de ser una flagrante ostentación de poder, riqueza y lujo. Un evidente contrasigno en la época actual y en medio de una crisis que golpea sin piedad a los más pobres.
Mario Iceta, que toma posesión mañana de la diócesis de Bilbao, es un obispo conservador a todas luces. En lo eclesial, por supuesto. Y quizás también en lo político, porque ambas cosas suelen ir juntas, aunque no siempre. Hay honrosas excepciones. Pero un conservador inteligente (lo cual lo hace más peligroso, según sus adversarios) y, por lo tanto, bien preparado, flexible y con cintura. Características, todas ellas, que lo diferencian de su amigo y hermano en el episcopado, monseñor Munilla.
Tras su inesperada (para algunos, entre los que me cuento) llegada al solio pontificio, el de Benedicto XVI se presentaba como un papado de transisión suave entre el Papa Magno y el sucesor del sucesor. Eso sí, muchos (entre los que me cuento) esperábamos y pedíamos que le diese tiempo, al menos, de reformar la Curia. Y rápidamente. Era el hombre adecuado: la conocía por dentro y la "derecha" eclesiástica no se attrevería a oponerse al Papa Ratzinger, bastión de la ortodoxia.
No quiere dejar nada a la improvisación. El cardenal de Barcelona, Martínez Sistach, está preparando con mimo la visita papal. Pendiente de los detalles. De los grandes y de los pequeños. Me cuentan que está cuidando especialmente y sobre todo los dos lugares que pasarán a la historia de la visita. Uno es, lógicamente, la gran foto del Papa Ratzinger pronunciando el ángelus ante la portada del nacimiento de la Sagrada Familia. Será, sin duda una de las fotos del viaje. La que dará la vuelta al mundo.
'La Cruz de los jóvenes' ha llegado a Donostia. No veo positivos estos encuentros, pues pienso que trivializan el verdadero fervor religioso. Los jóvenes se entusiasman con estas concentraciones o 'movidas' -aunque ésta ha sido discreta-, hacen de ellas su norte o meta religiosa y se persuaden de estar haciendo 'algo grande' por la causa de Dios. Veo con tristeza cómo algunos o bastantes clérigos animan y dirigen a la juventud hacia este tipo de eventos.
La tienen tomada con Manuel María Bru. Llevan atizándole sin piedad desde hace ya tiempo. Porque los integristas, cuando atizan, es que atizan de verdad. Pero estas últimas semanas arrecia la campaña. Se la tienen jurada, porque fue uno de los primeros y casi únicos en enfrentarse al gran gurú de la tribu, Federico Jiménez Losantos, cuando ejercía de mejor insultador del Reino desde los micrófonos de la cadena de los obispos.
Esta vez (y en contra de lo que suele ser habitual) monseñor Martínez Camino ha sido manipulado. Quiero decir que sus declaraciones a los medios, ayer en rueda de prensa, sobre la pederastia en la Iglesia fueron tergiversdas. Algunos colegas o, mejor dicho, sus redactores jefes (en concreto, El País, El Periódico y Público, de los medios que yo haya visto) cogieron la parte por el todo o el rábano por las hojas y le hicieron decir al portavoz del episcopado lo que no dijo. Y eso es antiperiodístico y antiético.
Viernes, 1 de junio
José Manuel Vidal
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal