Siguen siendo la primera potencia religiosa de la Iglesia. Y en época de vacas flacas para todos. Tanto en cantidad (18.815 en todo el mundo y 1.434 en España y más de 18.000 empleados en plantilla). Y, por supuesto, en calidad. La Compañía sigue siendo la referencia intelectual y de máximo prestigio en la Iglesia católica. Prestigio social y eclesial. Hoy, decir que has estudiado en los jesuitas es un título de nobleza y crea curriculum. Han conseguido conservar su imagen de marca, en una sociedad en la que la credibilidad social y la influencia se juega fundamentalmente en este ámbito. Y, en el seno de la Iglesia, siguen representando la imagen de la moderación y del Vaticano II. Siguen donde los colocó Arrupe: en la frontera.
1,4 millones de palestinos viven con gran precariedad debido al impacto del bloqueo israelí. Más de la mitad de la población de Gaza tiene menos de 18 años y el bloqueo afecta especialmente a los niños y niñas.
Le había perdido la pista. Había sido mi profesor en la Facultad de Sociología del León XIII de Madrid. Después de más de 20 años, ayer compartimos mesa y mantel y agradable compañía en los cursos de verano de Aranjuez de la Universidad Rey Juan Carlos. Octavio Uña, el gran profesor, el gran Octavio sigue casi igual. Incluso físicamente: amable, cariñoso, cercano y un pozo de ciencia. En todos los ámbitos. Es un gran sabio. Al estilo clásico. Sabe de todo y en profundidad. Es un gran sociólogo (ahora catedrático en la Rey Juan Carlos), un gran teólogo, un gran filósofo y un gran poeta. En la mesa lo colocaban entre los cinco mejores poetas españoles actuales.
La Iglesia es la única institución que se permite el lujo de prescindir o marginar a algunos de sus mejores activos. Algún día, alguien tendría que pedirle cuentas por este despilfarro de "capital humano". Un claro ejemplo de ello es el teólogo y filósofo Andrés Torres Queiruga. Quizás el mejor teólogo español vivo. O uno de los mejores, sin dida. Con una obra profunda y de referencia internacional a sus espaldas. De reconocido y enorme prestigio en el extranjero. Pero marginado y ninguneado en España. Por el simple pecado de ser un pensador cristiano libre y comprometido.
Que hay curas homosexuales es sabido. Se les ve y se les nota, por mucho que algunos quieran ocultar su condición. Hubo un tiempo en que, quizás, los seminarios y la propia Iglesia era la casi única institución en la que un homosexual podía serntirse a salvo de preguntas indiscretas y de presiones sociales que casi les obligaban a casarse. Una institución refugio que, además, sintoniza perfectamente con la sensibilidad, al menos estética, de los homosexuales. Los hay, siempre los hubo y los habrá. Por mucho que el Papa Ratzinger los quiera echar de los seminarios, de los noviciados y de la propia Iglesia. Hasta los tiene, como es evidente, en su propia Curia.
Ha llegado su hora. Desde hace unos meses, Fernando Giménez Barriocanal acumula cargos. Y de relieve. De hecho, se ha convertido en el laico con más poder de la Iglesia española. Manda más que muchos obispos y arzobispos. Controlaba los dineros de la Iglesia, como gerente del episcopado, y ahora dirige el multimedia eclesial como presidente de la cadena Cope y de Popular Televisión. Nunca antes un laico había acumulado tantas responsabilidades de tan altísimo nivel. Algo tendrá el agua cuando tanto la bendicen.
La semana pasada escuchamos las inquietantes revelaciones de Luis Garza Medina, vicario general de los legionarios, presentadas por Carmen Aristegui en MVS, que ponen al descubierto diversas anomalías. Destaco sólo dos. Primero lo que todos ya sabíamos: Marcial Maciel no actuó solo, pues contó con la complacencia y complicidad sistémica de su estructura religiosa, además, pone en evidencia que la cúpula directiva de la congregación ha venido mintiendo sistemáticamente, no sólo a la sociedad, sino a los propios integrantes de la legión.
SE llama Rogelio Prieto. Es un cura cualquiera de la diócesis de Zamora; un cura como tantos otros miles de curas, que no sale en los papeles, que cumple con su ministerio como quien respira, con una naturalidad callada y gozosa; aunque cada día da gracias al cielo por mantener su vocación intacta, cada día da gracias por consagrar el pan y el vino, por bautizar niños, por visitar enfermos, por confesar pecadores, por aliviar a los que tienen el corazón quebrantado. Se ordenó cura hace medio siglo; y la mitad de esos cincuenta años los ha pasado como párroco de Nuestra Señora de Lourdes, una iglesia cualquiera de Zamora que no figura en las guías turísticas, pues su arquitectura es más bien feúcha y no guarda tesoro artístico alguno.
Se le suponía más inteligente. O al menos, más listo. Pero, el portavoz de la Conferencia episcopal, Juan Antonio Martínez Camino, es incapaz de tener sentido de la medida. Exagera tanto en la forma (con términos barriobajeros en boca de un prelado de la Iglesia) que acaba cayendo en el ridículo y perdiendo la razón de fondo. Y no aprende. Lleva años haciendo lo mismo. Llevan años algunos obispos quejándose de su querencia de apologeta, pero él sigue erre que erre. Le ecantan los molinos de viento y las causas perdidas. Cree que con eso su estrella sigue en el candelero. Y se justifica diciendo que le hace un bien a la Iglesia. Y quizás se lo crea.
Fue, desde siempre, la más importante de las congregaciones de la Curia romana. Pero, desde anteayer con la publicación de las nuevas normas sobre los "delicta graviora", se ha convertido en el "megapoder judicial", en el super tribunal eclesiástico. Con capacidad para investigar y juzgar incluso a los Príncipes de la Iglesia. Y con un papel especialmente relevante para el prefecto, cardenal Levada, y para el promotor de Justicia o fiscal general, Charles J. Scicluna. Benedicto XVI da una vuelta de tuerca más, con su habitual estilo tranquilo y severo a la vez, y concentra el poder en su antiguo dicasterio.
Ha sorprendido a todos con un gesto, al parecer, lleno de la máxima magnanimidad. Mendoza, el factotum de la Universidad Católica de Murcia, deja la Universidad con todo su patrimonio a la Iglesia. Un patrimonio que, en sus propias palabras, asciende a "sesenta millones de euros, diez mil millones de las antiguas pesetas". ¿Pura generosidad? ¿Qué se esconde detrás de la dádiva?
Nació como contrapeso de 'Concilium'. La revista 'Communio', abanderada por Ratzinger y fundada por Urs Von Balthasar en 1972, se consolidó en el universo de la alta teología como una revista conservadora en sus inicios y moderada, después. No porque la revista camnbiase, si no porque iba cambiando el péndulo de la Iglesia en el Vaticano, escorándose cada vez más a la derecha. Y se consagró como la revista de doctrina segura y fiable. Y de ella se nutre ahora el Papa Benedicto XVI para elegir a sus más estrechos colaboradores.
Las mujeres podrán acceder a la mitra. Es decir, a la plena potestad del sacramento del orden. En la Iglesia de Inglaterra, por ahora. Una Iglesia que sirve de laboratorio o de banco de pruebas para las demás Iglesias cristianas. Porque, aunque a los más conservadores no les haga ni pizca de gracia, es una Iglesia cristiana con todas las de la ley. Una Iglesia que abre camino y que repara, al menos en parte, el pecado de la discriminación al que las demás Iglesias cristianas, especialmente la católica y la ortodoxa, somenten a la mujer.
Las recientes declaraciones de la Conferencia Episcopal española sobre la exposición de símbolos religiosos en las escuelas estatales deben interpretarse en el marco de una estrategia más amplia. Una estrategia internacional que pretende influir en la decisión que en breve debe adoptar el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre el recurso presentado por Italia contra una de sus decisiones, que estableció por unanimidad que la presencia de crucifijos en el contexto mencionado lesiona, entre otros derechos, el derecho de libertad religiosa.
A la Iglesia española, mejor dicho, a sus eclesiásticos, parece no interesarle "La Roja" y su pase a la final. A la Iglesia, sí, no en vano se define a sí misma como "experta en humanidad". Y la humanidad española lleva un mes pendiente de la selección y con el alma en vilo por ella. Muchos eclesiásticos también. A los curas les encanta el fútbol. Es uno de sus escasas válvulas de escape. Y, a la mayoría de los obispos, también. Y sin embargo ni un sólo obispo la mencionó. Y se cuentan con los dedos de la mano los sacerdotes que, en la homilía del domingo, han hecho referencia al acontecimiento. Aunque sólo fuese de pasada. Casos como el de la parroquia roja de Entrevías son los menos. Y no lo hacen por ese falso prurito de no mezclar las cosas de Dios y las de los hombres.
No era fácil elegir al "comisario" pontificio para la Legión. Tenía que ser un alto eclesiástico de total confianza del Papa y sin "contaminar" por parte de la Legión. Velasio de Paolis reúne, al parecer, todas las condiciones. Tiene hilo directo con Benedicto XVI y con el Secretario de Estado, cardenal Bertone. Es un eclesiástico de prestigio tanto en el ámbito financiero (¡buena falta le hará!), como en el jurídico, en el canónico y en el doctrinal. Y será elevado a la púrpura cardenalicia en le próximo consistorio. Dicen en Roma que De Paolis no se casa con nadie. Sólo con Dios, con la ley y con el Papa.
La Iglesia española no sólo pierde fieles en cantidad y calidad, sino que, además, está perdiendo capital simbólico. Algunos pensaban que mientras el Corte Inglés no dispusiese de un departamento de venta y comercialización de sacramentos, la Iglesia católica estaría a salvo de la secularización. Al menos en parte. Con los sacramentos, la Iglesia acompañaba a la gente en los momentos claves de su vida: nacimiento-bautismo, primera comunión, confirmación, matrimonio y funeral. Los sacramentos como ritos de paso. Los sacramentos, convertido en ritos sociales, como clamaban algunos. Pues hasta esa función simbólica está perdiendo la Iglesia. Y una religión que pierde su capital simbólico lo pierde todo.
Cuando algunos se tiran los trastos a la cabeza y cuando otros se dedican a excavar trincheras y a expedir carnets de eclesialidad, un obispo, monseñor Santiago Agrelo, y un profesor jesuita, Juan Masiá, se dedican a entablar un diálogo franco, ameno, abierto y sano. Un diálogo que demuestra que no todos los obispos son iguales. Ni todos los jesuitas. Ni todos los teólogos. Un diálogo que demuestra que se puede disentir en lo accidental, estando de acuerdo en lo esencial. Y que certifica que Iglesia somos todos. Religiondigital se siente honrada de haberles servido de plataforma pública. Porque ésa es una de nuestras señas de identidad y una de las marcas de la casa desde su creación hace ya más de 10 años.
Ha entrado en vigor la nueva ley del aborto. ¡Un drama y yan desgracia! Día triste, de luto. No existe un derecho al aborto, sin que eso quiera decir que no pueda haber (y de hecho, la hay) despenalización del aborto. En un Estado laico ni un delito es pecado ni legal equivale a moral. Y, como suelen decir los obispos, una cosa es lo legalmente tolerado y otra, lo moralmente permitido. Pero hay algo muy claro para cualquier conciencia mínimamente formada e informada por la simpl e(y compleja) ley natural: Nadie tiene derecho a eliminar una vida en ciernes y ya humanamente progranada.
Lleva años con una sola cosa en mente. El cardenal Rouco Varela sólo vive y bebe para la JMJ-2011 de Madrid. Lleva años supeditándolo todo a ese broche de oro de su carrera personal. Todo gira en torno a eso. Parece que en la Iglesia española no hay más que eso. Incluso la próxima visita del Papa a Santiago y Barcelona parece haber pasado a segundo plano. Lo que importa es la JMJ. Es su obsesión permanente. A ella dedica todas sus energías. Y toda su capacidad de influencia, que sigue siendo mucha. Acaba de conseguir que el Papa reciba a lo más granado del empresariado español en audiencia privada. Rouco, como siempre, del bracete de los más ricos del país. En definitiva, el vicepapa español ha conseguido que todos los focos estén pendientes de esa fecha mágica para él, para Madrid. ¿Y para la Iglesia española?
Le pedíamos al Papa, desde que llegó, la reforma de la Curia. Y la está haciendo, pero a su manera: una revolución tranquila y apacible, pero inflexible. Benedicto XVI opta por colaboradores amigos, de doctrina segura. Y, además, prepara su sucesión. Hay tres cardenales relamente amigos del Papa: Schönborn, arzobispo de Viena, Scola, arzobispo de Venecia y Ouellet, el flamante prefecto de los Obispos. Sin duda, los tres forman parte de la restringida rosa de papables. Cada vez más restringida, porque el futuro Papa tiene que ser de doctrina segura, por supuesto, y, además, que su expediente no aparezca ni de lejos salpicado por la suciedad de la pederastia clerical.
Viernes, 1 de junio
José Manuel Vidal
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal