Los lleva en su corazón y en su experiencia vital. José Sánchez ha dedicado toda su vida a la defensa de los emigrantes. Primero a los emigrantes españoles, a los que acompañó durante más de 20 años, como capellán, en Alemania. Compartiendo sus gozos y sus sombras, su vida. De vuelta a España y nombrado obispo, no por eso se olvidó de ellos. Tanto en Asturias, de obispo auxiliar, como después en Sigüenza-Guadalajara y en sus diversas responsabilidades en el seno de la Conferencia episcopal. Entre los obispos, los temas de emigración se los pasan siempre a Don José. Eterno presidente de la comisión episcopal de Migraciones (en varias etapas), su valía ha sido reconocida también en el exterior. De ahí que sea el responsable de la comisión de Migraciones del CCEE y forme parte del Pontificio Consejo de Migraciones del Vaticano.
Hoy clausura en Málaga El VIII Congreso sobre Migraciones del CCEE. Será su penúltimo acto tamibén como máximo resposnable de este organismo europeo, que también deja de existir, para subsumirse en otra comisión más amplia.
Don José se va. Ya ha presentado su renuncia a la diócesis por haber cumplido los 75 años, la edad de jubilación. Algunos obispos no deberían jubilarse. El episcopado español necesita, en estos momentos más que nunca, prelados del temple, la valía y la moderación de Yanes, Sanchez, Uriarte, Dorado o Amigo. Todos, ya jubilados. Y Sánchez, a las puertas.
Pero, aunque se vaya, Don José seguirá defendiendo siempre a sus emigrantes. Y en la sombra y quizás con mayor libertad que nunca, seguirá siendo un punto de referencia ineludible del polo moderado y dialogante de la Iglesia católica española.
Fue, quizás, uno de los mejores secretarios generales del episcopado. Y, por haberlo vivido, puedo asegurar que fue, sin duda, el mejor portavoz de la Conferencia episcopal. Con diferencia. ¡Cómo le echamos de menos los profesionales! Sin grandes alardes, consiguió mantener una relación fluida (y en muchos casos de amistad) con casi todos los profesionales que, entonces, cubríamos la información relgiosa. Que es una de las funciones esenciales de un buen portavoz: mantener una relación estrecha, clara, franca y amistosa con los intermediarios de los mensajes que la Iglesia católica quiere lanzar a la sociedad. Porque si falla este mecanismo, la comunicación eclesial se trunca. Que se lo pregunten a los profesionales que hoy cubren (y cubrimos) esta misma tarea.
Don José se va, pero deja huella. Y seguro que no se olvida de los profesionales y, sobre todo, de sus emigrantes.
José Manuel Vidal
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¿Debo tomarlo como una amenaza? Lleve usted cuidado porque rápidamente me pongo manos a la obra y presento una querella criminal por amenazas ante el juzgado que corresponda.
Rece usted para que ni un solo pelo de cabeza, ni mio ni de ninguno de los míos, caiga sin estar contado.
Tengo un proyecto para usted. Sólo falta perfilarlo.
Afortunadamente tenemos conventos franciscanos donde nos podemos resguardar de la dentellada rabiosa de cierto tipo de lobos "esteparios". San Francisco es el único que tiene poder sobre el "hermano" lobo.
Carlos, déjese el "LOBO ESTEPARIO", y medite esta maravillosa reflexión del obispo de Tánger, monseñor Agrelo:
http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2010/05/01/quien-cree-ve-para-amar-quien-ama-da-vida.shtml
Al fin sabemos por dónde va Carlos.
Encarnación: métase en sus asuntos. Le aconsejo que deje de acosarme.
Carlos, usted está a punto de soltar la mano del arado: no lo haga. Yo seré su amiga.
Encarnación: La Iglesia, ni dialoga ni respeta. Autoritaria, prepotente, amante del lujo, las riquezas, del poder, perseguidora, siempre se ha movido en la oscuridad del secretismo y las tinieblas (tan satánicas, ¡ay!), para encubrir sus acciones opuestas a lo que predica para los demás. Aliada siempre de los poderosos, ella misma poderosa, con muchos crímenes a sus espaldas. Crímenes sangrientos cometidos de propia mano o instrumentalizando a los poderes civiles a los que siempre ha querido someter.
Aun ahora, con esto de la pederastia sale un soberbio, prepotente, un chulo, fanfarroneando "ladran, luego cabalgamos". Todos los escándalos financieros en que siempre ha andado metida... Una historia interminable de crímenes y abusos impunes sobre los débiles e indefensos.
Hasta aquí hemos llegado. Los delincuentes, a la cárcel. Abusones. Cínicos. Hipócritas. Sinvergüenzas. Sepulcros blanqueados. Se-les-acabó-el-cuento.
¡Cuánta soberbia y arrogancia! ?¿Verdad?
Carlos, usted que profesa y hace gala de una enorme beligerancia y soberbia arrogancia laicista (tanto en este comentario como en el que acabo de leer en el blog de Jesús), defiende al obispo D. José Sánchez, y a mi me parece bien. Lo que me parece mal es que usted utilice a D. José Sánchez para hacer una crítica despiadada, injusta, falsa y sectaria contra la Iglesia católica. Y estoy segura de que a D. José Sánchez también le deberá parecer mal, y posiblemente se lo diría él mismo a la cara pero dialogando amistosamente. Y en eso le tengo que dar la razón, porque si esa "institución no democrática con fines siempre ocultos" -tal es su definición "sacramental" de la Iglesia- encarase con valentía y coraje el diálogo con arrogantes como usted, posiblemente le derrotarían amistosamente (siempre amistosamente --no vaya usted a pensar peor--) en un pis-pas.
Porque tiene usted mucha soberbia, pero poco fundamento.
Lo comparto íntegramente.
En las instituciones -la CEE es una de ellas- se tiende considerar a los periodistas como unos extraños intrusos y entrometidos en los que no se puede confiar, a los que se teme más cuantos más trapos sucios se quieren ocultar.
Las instituciones no democráticas tienden al autismo, al secretismo, a no comunicarse, no a dialogar sino a dictar sus posiciones, con el menor número de preguntas posibles y sin cuestionamiento alguno. Acaso, desinforman o filtran alguna cosa a gente de su confianza con fines siempre ocultos. La Iglesia, en particular, siempre ha tenido en las tinieblas su mejor aliado.
En este sentido, los periodistas vienen a ser asimilados a los inmigrantes, esa gente que viene de fuera a meterse donde no ha sido llamada, siempre vista con recelo y seguramente con temor.
Quizá por eso, además de por ser más demócrata que la mayoría de los obispos y por sus virtudes de humildad y sencillez, Don José miró a los periodistas de a pie de otra manera.
Creo que es en el Talmud de Babilonia donde se lee aquello de que si quieres comprender a tu hermano, camina una milla dentro de sus sandalias. D. Jose entiende a los emigrantes porque el tambien fue emigrante. Ha sentido lo que es ser extrano en tierra extrana. No lo conozco personalmente pero le entiendo. Tan solo el que ha sido discriminado puede entender lo que eso significa, Y por muy capellan que fuera en Alemania, no dejaba de ser uno mas de los emigrantes que iban a subsistir y trabajar. Le deseo lo mejor en su merecido descanso cuando le llegue el relevo.
Viernes, 1 de junio
José Manuel Vidal
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Religión Digital
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Asoc. Humanismo sin Credos
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