Rumores de Ángeles

Rouco: «Hora de Cruz» para aquel que representa heroicamente al Crucificado

19.04.10 | 07:15. Archivado en Rouco Varela, Benedicto XVI
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EN la tarde del 19 de abril del año 2005, segundo día del Cónclave, era elegido Papa el Cardenal Joseph Ratzinger. Hacía poco más de dos semanas que había fallecido el Siervo de Dios, Juan Pablo II. La multitud reunida en la Plaza de San Pedro recibía la noticia con expresiones de un sentido júbilo nada artificial. «Pedro» volvía a hacerse presente en la Iglesia, a través de un nuevo Sucesor, como Cabeza del Colegio Episcopal y Pastor Universal: como «el Vicario de Cristo en la Tierra».

El pueblo cristiano venía aplicando al Papa este bellísimo título desde una antiquísima y venerable tradición teológica y espiritual, cultivada con conmovedor afecto y devoción, especialmente en los dos típicos siglos de la modernidad -el XIX y el XX-. Siglos estos de «Calvario» para esa pléyade de figuras insignes que ocuparon la Sede de Pedro desde los tiempos de las vejaciones revolucionarias de comienzos del siglo XIX hasta hoy mismo.

Siglos también de tiempos eclesiales de comunión y unión con el Romano Pontífice, de una intensidad espiritual y pastoral desconocida. Pastores y fieles pudieron comprobar y experimentar en carne viva, en una época marcada por tantos, tan graves y tan dramáticos acontecimientos, cómo la Iglesia necesitaba de ese servicio de la unidad y la verdad en la caridad de Cristo, que el Señor había confiado a Pedro y a sus sucesores, si quería vivir en la libertad de los hijos de Dios y ser fiel al testimonio íntegro del Evangelio.

«El Dulce Cristo en la Tierra» es la forma como Santa Catalina de Siena llamó al Papa en el momento quizá más dramático de la historia del Papado, el Cisma de Occidente, en el quicio del siglo XIV al XV de nuestra Era. La expresión podía -y puede, de hecho- parecer a muchos, teólogos y no teólogos, melosa; pero lo cierto es que el Concilio Vaticano II no le retiró a su significado, profundizado por el Concilio Vaticano I, ni un ápice de su valor teológico y pastoral. Sí, el Obispo de Roma, el Papa, es Vicario de Cristo para la Iglesia de modo eminente. (LG 18).

Joseph, Cardenal Ratzinger, aceptaba la elección del Colegio Cardenalicio «en espíritu de obediencia» y se daba el nombre de Benedicto XVI; no sin sorpresa para muchos de los observadores intra y extraeclesiales del acontecer de la Iglesia. El nuevo Papa explicaba su decisión con su habitual claridad intelectual y lucidez pedagógica. El nombre de Benedicto le evocaba el «no anteponer nada a Cristo»: quintaesencia de la espiritualidad benedictina; máxima que había conformado no sólo el monacato latino siglos y siglos, sino también lo más íntimo y profundo de la experiencia cristiana de la vida, sobre todo en Occidente.

El nombre le vinculaba, además, al gran «leit-motiv» de la paz, que había caracterizado la trayectoria pastoral del último Papa «Benedicto», Benedicto XV: el Papa testigo indomable del valor de la verdadera paz fundada en la aceptación común de la ley moral, que Dios graba en las conciencias de cada persona y de la propia familia humana. Testigo en medio de la tragedia de la I Guerra Mundial, que había sumido primero a Europa y finalmente al mundo en una contienda crudelísima y en una ruina material y espiritual sin precedentes. ¿No era la catástrofe el precio de haber preterido las normas más substanciales de una elemental humanidad?

El ya Papa Benedicto XVI vivió y vio en su niñez y adolescencia cómo el menosprecio de los principios de la ley natural conducía de nuevo al mundo a una versión todavía más devastadora de cuerpos y de almas de lo que había sido la tragedia sufrida entre los años 1914 y 1918, a la de la II Guerra Mundial, en la que habían jugado un papel decisivo los totalitarismos ateos: el comunismo soviético, el fascismo y el nacionalsocialismo. ¿Cómo se podían sembrar paz, justicia, solidaridad, progreso humano, sin ley moral, sin una consideración trascendente de la dignidad de cada persona? ¿Y cómo se podía conocerla, valorarla y respetarla, en toda su profunda y plena verdad, sin Cristo? En su primera aparición en la «logia» de «San Pedro», el Papa se presentaría al mundo como «un sencillo y humilde trabajador en la viña del Señor».

A cuantos era familiar la figura modesta y casi imperceptible del cardenal Ratzinger, cruzando la Plaza de San Pedro desde el Borgo Pío hasta el viejo «Palazzo» del Santo Oficio, con su dulleta y boina negra, la cartera de documentos en la mano, no podría resultarles extraña la presentación del Papa. Siempre había sido «un sencillo y humilde trabajador en la viña del Señor» -de sacerdote y profesor, de arzobispo de Múnich y de cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, al lado de Juan Pablo II-, y lo continuaría siendo como vicario de Cristo y pastor de la Iglesia universal.

El nuevo Papa había centrado desde el principio la línea de su pontificado y de su servicio pastoral a la Iglesia y al mundo inequívocamente en el anuncio y proclamación de Cristo, Salvador del hombre. Se constituiría como la médula misma de un Magisterio desplegado con una profundidad, transparencia y abundancia teológica y catequética admirables. Ninguno de los ámbitos en los que se sitúan la existencia y la vida personal y social de la persona se escapa a la iluminación penetrante del pensamiento y de la palabra del Papa. Conoce la coyuntura cultural y espiritual del hombre contemporáneo: sus dudas y depresiones, su angustia existencial, su desorientación moral, su escepticismo religioso, sus miedos ante un futuro histórico después de la soterrada -o abierta- decepción sobrevenida por las crisis de los modelos de desarrollo, acusadamente materialistas y agnósticos, propuestos para «el después» de la caída del Muro de Berlín.

Se había quedado de nuevo sin horizontes positivos y ciertos para sus proyectos de una vida personal con esperanza y de una configuración social y cultural de la Humanidad, asentada ética y jurídicamente sobre los derechos fundamentales y el bien común universal, capaz de asegurar y de garantizar la paz. No es extraño que su gran Magisterio -las tres Encíclicas y su Exhortación Postsinodal del Sínodo del año 2005 sobre la Eucaristía- se hubiese situado en la perspectiva espiritual y pastoral de las virtudes teologales de la caridad y la esperanza. Perspectiva, en la que se encuentran los más hondos y cruciales interrogantes del hombre con la respuesta luminosa y gozosa de la Palabra de Dios, que es Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado por nosotros, para que tengamos vida, y esta, abundante, eterna y feliz.

Incluso, cuando Benedicto XVI aborda el complejo y gravísimo problema de la crisis financiera y económica, que azota hoy al mundo, elige como punto de mirada intelectual para comprenderla, analizarla en sus raíces más profundas y sugerir caminos morales, sociales y culturales de verdaderas soluciones, «la verdad en la caridad». Sólo el amor, vivido de verdad y en la verdad, comprende y garantiza la realización de la justicia y la aspiración de una solidaridad generosa. Tanto el método adoptado en sus enseñanzas como el estilo de su acción de gobierno pastoral responden a ese modelo supremo de la caridad de Cristo. Lo demuestran tanto el diálogo fe-razón practicado sin desviación alguna intelectual o vital, antes y después del inicio de su pontificado, como la mansedumbre, la bondad y la serena y paciente firmeza al señalar la recta dirección para el camino de la Iglesia en el siglo XXI. La continuidad creativa con la obra de Juan Pablo II es evidente. Su fidelidad a la aplicación del Concilio Vaticano II con el sentido innovador de la permanente y viva tradición de la Iglesia, sin ruptura dogmática y espiritual alguna.

Celebramos el quinto aniversario de la elección de Benedicto XVI en un momento histórico en que los ataques mediáticos a su persona y ministerio han adquirido las formas de una virulencia dialéctica insultante y difamatoria. Son «hora de Cruz» para aquel que representa heroicamente al Crucificado. La Iglesia se siente más unida a Él que nunca en la oración y en la veneración y el afecto filiales. Se repite una vez más la historia: «Pedro» es perseguido; la comunidad universal de los fieles permanece perseverante y fiel en la oración a su Señor por él, sintiéndose cobijada por un amor maternal de exquisito valor: el amor de su Madre y nuestra Madre, María.

Antonio Mª Rouco Varela Cardenal-Arzobispo de Madrid (Abc)

11 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por jalon 20.04.10 | 10:05

    "el menosprecio de los principios de la ley natural ... en la que habían jugado un papel decisivo los totalitarismos ateos: el comunismo soviético, el fascismo y el nacionalsocialismo." dice Rouco
    Estamos en España, Sr. Rouco, y aquí vivimos el totalitarismo clerical, el gulag franquista, cuando toda España era una checa. Partido único, religión única, sin derechos humanos, sin libertades... La inquisición, los obispos elegidos por Franco. Esa es su raíz y su tronco. España tiene una tradición marcada por el no a Cristo. El odio, la dictadura, la censura, siempre imponer, nunca proponer. A Ud. no le obligaban a saludar con el brazo en alto, dice a Catela, pero a los demás sí. La Iglesia siempre contra la vida y contra el matrimonio, ley 23.9.39.

  • Comentario por Manipulación 20.04.10 | 06:30

    La Iglesia Católica ni esta herida ni es pecaminosa, más bien esta manchada y delictiva, las heridas son producto de una agresión desde afuera y sanan fácilmente, las manchas no, estas se producen desde adentro por ellos mismo, por deshonor y suciedad; la pedofilia y su protección no es un pecado, es un delito que no se perdona entre bancos de una iglesia, sino ante los jueces y la cárcel y no tiene perdón de Dios.


  • Comentario por Rosa 19.04.10 | 21:38

    Ja, ja, ja. Para estos la hora de la cruz es la hora de poner la X en la casilla del IRPF. Para eso es para lo que nos quieren. Ah, y para dejer que los niños se acerquen a sus sacerdotes pedrastas.

  • Comentario por Lo-tenéis-que-pagar-muy-caro-alimañas 19.04.10 | 19:33

    De un tal Nicolás Aguilar se decía al publicarse (año 2.009) el escándalo a que se refiere jalón, que tras haber violado a unos 90 niños y niñas seguía oficiando misa y administrando los santos sacramentos en Puebla. Añade el artículo: "Los casos son tantos que podría llenarse una enciclopedia", "Los cardenales Norberto Rivera y Sandoval dirigen los refugios de los pederastas". Y además, los pederastas "siguen insultando a las víctimas", concluye el reportaje.
    Sí, ladran, luego cabalgamos, que dice uno.
    Tenéis que pagar, desalmados, alimañas, y lo váis a pagar.

  • Comentario por Recapitulando 19.04.10 | 19:17

    O sea, que según la información periodístca que nos brinda jalón, el 14% de los curas mexicanos (total, unos 14.000) comete algún acto de abuso sexual con la feligresía.
    "Comete", así, en tiempo presente. No "cometió" en pasado, sino ahora, hoy.
    Si mis cuentas no fallan, unos 5.880 (CINCO MIL OCHOCIENTOS OCHENTA) curas sólo en México se dedican a abusar sexualmente de su feligresia.
    "Casos aislados", dice Rouco.
    "¡Cuánta suciedad! ¡Cuánta soberbia!", decía Ratzinger.

  • Comentario por Pepe el taxista 19.04.10 | 18:07

    ¡Y encima se autodenominan "héroes"! Los grandes encubridores de todas las fechorías que comenten en las satánicas tinieblas, amantes del secreto, nunca dando la cara, siempre por la espalda, a traición, abusando de los débiles, ¿ahora unos héroes? ¡Qué cara más dura! A vosotros os tenían que crucificar pero de verdad.

  • Comentario por jalon 19.04.10 | 17:17

    Las declaraciones son profundamente desafortunadas, pero ciertamente sinceras. Ese es el sentir de la jerarquía católica que hasta ahora no ha movido un dedo para desvelar los archivos secretos que determinan los movimientos y el paradero de cientos de sacerdotes abusadores.

    Y digo cientos, porque según las estadísticas el 30 por ciento de los 14 mil sacerdotes católicos que existen en México comete algún tipo de abuso sexual con su feligresía. Un estudio del Departamento de Investigaciones sobre Abusos Religiosos (DIAR) reveló lo anterior y expuso un dato importante: en el 55 por ciento de los casos, las víctimas son mujeres mayores de edad, una tercera parte niños y el resto hombres. Sanjuana Martinez, Somos curas pederastas, somos humanos. 1514 Google

  • Comentario por jalon 19.04.10 | 17:16

    México DF, 28 abril - AmecoPress/CIMAC.- El grave problema del abuso sexual infantil cometido por sacerdotes católicos en México continua siendo silenciado por la jerarquía eclesiástica, desatendido por el gobierno mexicano e ignorado por el poder legislativo. La impunidad es la constante. Las reveladoras declaraciones de Leopoldo González portavoz de la Comisión del Episcopado Mexicano (CEM) muestran la verdadera postura de los jerarcas católicos mexicanos: negar, minimizar y silenciar.

    Para el Episcopado Mexicano la detención del sacerdote Rafael Muñiz López aprehendido en Xalapa, Veracruz por estar ligado a una banda de ciberpederastas es un síntoma de humanidad: “entre más humanos nos vean, más nos van a apreciar”, consideró González. (google)

  • Comentario por René 19.04.10 | 16:31

    El atacante quejándose de que es atacado, el acosador quejándose de que es acosado, los victimarios haciéndose las víctimas. Cínicos.
    Se olvida del franquismo, esa dictadura sanguinaria cuyo dictador era entrado bajo palio en las catedrales de España. Pero claro, como no se decía ateo, bendijeron al dictadura de la que fueron beneficiarios hasta que vieron la necesidad de desmarcarse para no hundirse con ella. Aprovechados. Vividores.
    Lo de la ley moral, la ley natural, la dignidad de la persona, dígaselo a los curas pederastas, violadores, abusadores a los obispos, cardenales y papas encubridores y a la mafia vaticana. Hipócritas.
    Lo de humilde, dígaselo a los que presumen de ir a caballo como Herranz y a los que son como él. Chulos. Prepotentes. Soberbios.
    Asco.

  • Comentario por LaRosaBlanca 19.04.10 | 13:39

    Recemos los católicos por el Papa Benedicto XVI, para que tenga el valor de limpiar la Iglesia y acometer su reforma. Oremos para que el Papa tenga la valentía de nombrar visitadores que examinen los documentos secretos del Opus Dei y atienda a los millares de víctimas que esta institución va dejando por el camino. El clamor de los damnificados se puede leer en www.opuslibros.org/nuevaweb

  • Comentario por elpicnic 19.04.10 | 10:42

    Menudo rollazo señor Rouco. Al final viene a decir lo mismo que se oye en estos días como excusa: que la Iglesia está siendo perseguida, que es una campaña en contra de la Ilgesia. Pues mire, no le creo. La Iglesia tiene lo que se merece y lo que ha plantado tantos años. Al que le pica, es que ajos come.

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