La Iglesia católica se desangra por la herida de la pederastia. Ya no valen paños calientes. La institución se juega, en la resolución de este problema, su credibilidad social y su autoridad moral. Las dos únicas armas que tiene, junta al seguimiento de Cristo y a la asistencia del Espíritu, claro está. En una institucióin tan piramidal, el Papa se convierte en el blanco de todas las loas y de todos los ataques. No tanto por sí mismo cuando por lo que representa y encarna. De ahí que el Papa Ratzinger se encuentre en jaque. Y, para evitar el jaque-mate, le quedan tres alternativas. Una de tres para Benedicto XVI.
Viernes, 1 de junio
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