Muerto no, que el madero te levanta
en la llama de un Dios resucitado,
redivido en la sangre del costado,
con grito de victoria en la garganta.
Es verdad que esta cruz tu peso aguanta,
porque sabe que de hombre disfrazado,
como eres también Dios, crucificado
por salvarme, la muerte no te espanta.
Déjame a mí ensayar sobre el madero
el modo de morir, y de esta suerte
aprendido tendré el latir postrero.
Y también la certeza de tenerte
como brasa en ardor de pebetero,
que alce resurrección sobre mi muerte.
Astor Brime.
El ángel tomó la palabra y dijo a las mujeres: “No temáis vosotras; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí, porque ha resucitado, como lo había dicho”.
Mt 28, 5-6
Viernes, 1 de junio
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