Los lleva en su corazón y en su experiencia vital. José Sánchez ha dedicado toda su vida a la defensa de los emigrantes. Primero a los emigrantes españoles, a los que acompañó durante más de 20 años, como capellán, en Alemania. Compartiendo sus gozos y sus sombras, su vida. De vuelta a España y nombrado obispo, no por eso se olvidó de ellos. Tanto en Asturias, de obispo auxiliar, como después en Sigüenza-Guadalajara y en sus diversas responsabilidades en el seno de la Conferencia episcopal. Entre los obispos, los temas de emigración se los pasan siempre a Don José. Eterno presidente de la comisión episcopal de Migraciones (en varias etapas), su valía ha sido reconocida también en el exterior. De ahí que sea el responsable de la comisión de Migraciones del CCEE y forme parte del Pontificio Consejo de Migraciones del Vaticano.
Primero fue el valiente cardenal de Viena, Schonborn, el que apuntó directamente a la Curia, para descargar a su amigo, el Papa Ratzinger. Según el purpurado austríaco, el entonces cardenal Ratzinger no pudo llevar a cabo la necesaria limpieza en la Iglesia (sobre todo, a partir del 2001), porque el nucleo duro de la Curia se lo impedía. Sin citar nombres, todas las miradas se dirigieron hacia la vieja guardia curial, con Sodano, Castrillón y Dsiwisz al frente. El triunviraro, con enorme poder en el Vaticano sobre todo en la última etapa del pontificado de Juan Pablo II, servía así de chivo expiatorio que descargaba de culpas al Papa actual y de parapeto ante su predecesor.
Fue el santo y seña de la Iglesia del Concilio. Olegario González de Cardedal pasa por ser uno de los mejores teólogos españoles. Siempre moderado y nunca alineado. Incluso llegó a mantener un cruce dialéctico con el actual secretario de lqa CEE, monseñor Martínez Camino, al que reprochaba su excesivo alineamienco con las tesis de la derecha. Y, ahora, él se fue a FAES, el 'think tank' que preside José María Aznar, a hablar sobre "Religión, verdad, y libertad en una sociedad democrática", tal y como publica hoy Religion confidencial. Si Don Olegario no se ha alineado, lo parece.
De Roma viene lo que a Roma va. Y hasta ahora, sólo iba y venía lo que llevaba y traía el cardenal Rouco Varela, arzobispo de Madrid. Pero, en Roma y de la mano de Bertone, se están abriendo los canales informativos, que ya han dejado de ser unidireccionales y restringidos a Madrid. Se abre un nuevo polo entre Roma y Barcelona, liderado por el cardenal Martínez Sistach, un hombre dialogante (a pesar de ser canonista), con prestigio en la Curia romana y con muy buena sintonía con la nueva guardia curial. Desde Bertone a Ravasi, pasando por Amato.
Ha nacido una nueva modealidad de aprobación de documentos episcopales: el aplauso. Al menos, según el secretario de la CEE, Juan Antonio Martínez Camino. Hasta ahora, los mensajes del episcopado se aprobaban por votación. Desde ahora, vale también la aclamación. Sobre todo si es en forma de aplauso. Tras la Plenaria no hubo nota oficial alguna de los obispos sobre la pederastia. Preguntado el portavoz sobre el tema, aseguró que sí hubo pronunciamiento episcopal, al asumir la Plenaria el discurso iunaugural de la Plenaria del cardenal Rouco. ¿Cómo? ¿Por votación? Camino dixit: “Los obispos rubricaron el discurso del presidente con el aplauso que le dieron”.
Cómo está la cosa eclesiástica para que dos prelados tan moderados como Elías Yanes y Juan María Uriarte tengan que salir en defensa del Concilio. Ambos jubilados y, quizás por eso, más libres y liberados para decir lo que realmente piensan y lo que pensamos otros muchos (¿la mayoría?) de los católicos. Porque defender el Concilio es defender un tipo de Iglesia plural, abierto, dialogante, propositivo, esperanzador y positivo. Una Iglesia en la que, como decía Juan XXIII, el artífice del Concilio, no deberían tener cabida los "profetas de calamidades".
Ya lo han aprobado. Los obispos le han dado el visto bueno al documento sobre la crisis económica, que será presentado el viernes a los medios. Tarde (parece que se notan lso primeros síntomas de la salida de la crisis) y con forceps. O sin garra y sin gancho profético. Un documento para repetir lo ya sabido: que la crisis, además de económica, es social y de valores. Sin aportar nuevas ideas ni una luz de esperanza desde la doctrina social de la Iglesia.
No es de fácil reflejos. Siempre opta por la prudencia. El cardenal Rouco Varela nunca quiere ir por delante en su relación con la opinión pública. Y eso le lleva a no marcar agenda. Por eso, el español fue de los últimos episcopados en salir a la palestra y denunciar a las "sotanas sucias". La cúpula de la Iglesia española parecía ajena al tsunami. Mientras otras muchas conferencias episcopales salían a la palestra, pedían perdón y tomaban medidas, el cardenal Rouco Varela callaba. Hoy ha hablado. Claro y alto. Para reconocer, sin ambigüedades, los abusos de los curas no sólo como pecados, sino también como delitos. Y pedir la cárcel para ellos, mientras prometía que los obispos “pondrán más cuidado” para prevenir la pederastia en las filas del clero.
EN la tarde del 19 de abril del año 2005, segundo día del Cónclave, era elegido Papa el Cardenal Joseph Ratzinger. Hacía poco más de dos semanas que había fallecido el Siervo de Dios, Juan Pablo II. La multitud reunida en la Plaza de San Pedro recibía la noticia con expresiones de un sentido júbilo nada artificial. «Pedro» volvía a hacerse presente en la Iglesia, a través de un nuevo Sucesor, como Cabeza del Colegio Episcopal y Pastor Universal: como «el Vicario de Cristo en la Tierra».
Era conocido que la Santa Sede no podía demorar más la promoción de Ricardo Blázquez a arzobispo. Recordemos que Blázquez ha sido el anterior presidente de la Conferencia Episcopal Española. Durante casi quince años, ha sabido lidiar la siempre complicada Iglesia de Vizcaya. Por supuesto, goza de prestigio como teólogo y se cuenta entre los pocos obispos españoles que han trabajado, codo con codo, con Benedicto XVI en sus tiempos de cardenal. Y fue precisamente el Papa quien le encomendó, hace un año, la embarazosa tarea de inspeccionar a los Legionarios de Cristo conmocionados por la divulgación de los escándalos sexuales de su fundador.
Benedicto XVI cumple hoy 83 años. ¡Felicidades, Santidad! Por toda una vida, larga y fructífera, entregada a la Iglesia. A fondo, sin miramientos, sin contemplaciones. En diversos puestos de máxima responsabilidad. Como teólogo conciliar, arzobispo, prefecto de Doctrina de la Fe y, desde hace cinco años, como Papa de Roma. Puestos en los que es fácil ser blanco mediático. Y, por supuesto, máximo responsable de todo lo bueno y lo malo que ha sucedido (es sucesor de los apóstoles), sucede (es el Pontífice actual) y hasta, en parte, sucederá (está pponiendo las bases del futuro) en la Iglesia católica del tercer milenio
Estimados obispos, Joseph Ratzinger, ahora Benedicto XVI, y yo fuimos entre 1962 1965 los dos teólogos más jóvenes del concilio. Ahora, ambos somos los más ancianos y los únicos que siguen plenamente en activo. Yo siempre he entendido también mi labor teológica como un servicio a la Iglesia. Por eso, preocupado por esta nuestra Iglesia, sumida en la crisis de confianza más profunda desde la Reforma, os dirijo una carta abierta en el quinto aniversario del acceso al pontificado de Benedicto XVI. No tengo otra posibilidad de llegar a vosotros.
La Iglesia católica no volverá a ser igual tras el tsunami de la pederastia. Ni en la cabeza ni en las bases. Una de las lecciones más claras que hay que extraer de la plaga de las sotanas sucias es un cuidado exquisito en la selección del personal eclesiástico. Desde los curas a los frailes, pasando por las monjas. Y, como es lógico, los obispos y el propio Papa.
Pido prestada a León Krauze la pregunta que planteó en estas páginas hace un par de semanas. Pregunta necesarísima ante lo que nos viene: los deslindes y las explicaciones, los “yo no sabía” y “los Maciel no era la misión”.
Habrá quienes aún quieran rescatar a la Legión de los legionarios y su legionario mayor. Pero tiene razón Krauze en su brillante texto del 16 de marzo: sin Maciel no se entiende el Regnum Christi.
Hoy nos ponemos traje y corbata. La ocasión lo merece. Junto a la prestigiosa universidad de marketing (ESIC) de los Padres Reparadores, RD organiza una jornada sobre "La empresa y la encílica" del Papa, "Caritas in Veritate". Con tres ponentes de lujo, cada cual en su ámbito: el cardenal Amigo, Antonio Garrigues y José Bono. Comenzando por el cardenal Amigo, arzobispo emérito de Sevilla y que, a pesar de estar jubilado, sigue más activo que nunca. Continúa siendo una referencia en la Iglesia católica española y en su imagen pública.
Es como la gota china de la pederastia sobre los hombros cansados del Papa Ratzinger. La situación se torna insostenible. El Papa está en jaque. Para evitar el jaque-mate del papado y, por ende, de la institución, tiene que poner fin al goteo de casos, con implicación suya directa o indirecta. La carta de hoy es demoledora. Seguro que Su Santidad ya no piensa lo mismo. Y lo está demostrando con hechos desde hace tiempo. Pero tiene que demostrarlo. Sólo le queda dar un último paso: reconocer que todo el sistema estaba podrido y que él (como todos los demás cardenales y obispos) fue una pieza fundamental en ese engranaje.
Humano, sencillo, abierto, asequible. Don Carlos Osoro tiene innato (y lo cultiva) el don de hacer sentir bien a la gente a su lado. El don de la amabilidad suma, de la entrega total y de la confianza absoluta. Soy amigo de Don Carlos, desde su época de obispo de Orense y, por lo tanto, mi obispo. Quizás, por eso, no pueda ser totalmente objetivo con él. Pero el recital que nos dió ayer a Jesús Bastante y a mí ratifica todas éstas y otras muchas cualidades de un arzobispo humano, con corazón, que nos abrió durante todo un día su casa, su intimidad, su mesa, su mantel, su vida, sus recuerdos y algo de la arrolladora pastoral que está llevando a cabo en la archidiócesis de Valencia.
La Iglesia católica se desangra por la herida de la pederastia. Ya no valen paños calientes. La institución se juega, en la resolución de este problema, su credibilidad social y su autoridad moral. Las dos únicas armas que tiene, junta al seguimiento de Cristo y a la asistencia del Espíritu, claro está. En una institucióin tan piramidal, el Papa se convierte en el blanco de todas las loas y de todos los ataques. No tanto por sí mismo cuando por lo que representa y encarna. De ahí que el Papa Ratzinger se encuentre en jaque. Y, para evitar el jaque-mate, le quedan tres alternativas. Una de tres para Benedicto XVI.
En Italia prometen la máxima colaboración con la Justicia. En Alemania ponen en marcha una línea telefónica para denunciar a los curas abusadores. En Asutria (modelo de reacción) acogen a las víctimas, les piden perdón, crean una comisión de seguimiento y les ofrecen terapia gratis e indemnizaciones. ¿Y en España? Nada. Silencio sepulcral. Rouco, como siempre, callado. Y su portavoz, Martínez Camino, siempre dispuesto a portavocear para condenar todo lo que se mueva, ahora calla. Y, de esta forma, da por bueno que es más pecado el aborto que el que un cura pederasta mate la inocencia del alma de una criatura. Aunque no sea eso lo que creen, al optar por el silencio, Rouco y Camino están dando por buenas éstas y otras muchas interpretaciones. En detrimento no sólo suyo, sino de toda la institución.
Muerto no, que el madero te levanta
en la llama de un Dios resucitado,
redivido en la sangre del costado,
con grito de victoria en la garganta.
Es verdad que esta cruz tu peso aguanta,
porque sabe que de hombre disfrazado,
como eres también Dios, crucificado
por salvarme, la muerte no te espanta.
Déjame a mí ensayar sobre el madero
el modo de morir, y de esta suerte
aprendido tendré el latir postrero.
Y también la certeza de tenerte
como brasa en ardor de pebetero,
que alce resurrección sobre mi muerte.
Astor Brime.
El ángel tomó la palabra y dijo a las mujeres: “No temáis vosotras; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí, porque ha resucitado, como lo había dicho”.
Mt 28, 5-6
Eres el Gran Poder, y no te puedes
desatar de las cuerdas del pecado,
porque te has libremente encarcelado,
por librar a este reo, entre sus redes.
"Antes de la fiesta de la Pascua,
sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar
de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos,
los amó hasta el extremo". Jn 13, 1
Jesús en su despedida
con sus discípulos cena.
El Cenáculo es la escena
de la gracia más sentida,
que en su amor traía escondida.
Jueves, 16 de febrero
José Manuel Vidal
Vicente Luis García
Asoc. Humanismo sin Credos
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Religión Digital
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