Están en el disaparadero, en este martes yu miércoles santo, días sacerdotales por excelencia. Nunca han dejado de estarlo. Con palos o con cirios siempre vamos detrás de ellos. Son los curas. Nuestros curas. Los curas españoles de campo y de ciudad. He conocido a muchos. Soy amigo personal de muchos. De todos los signos y colores. Compartí con ellos casi 15 años de hermandad presbiteral. Años en los que me sentí muy feliz de ser sura. Y de tener tales compañeros curas. Porque casi (y digo bien casi) todos los curas que conocí y traté eran y son excelentes personas. De carne y hueso y con sus debilidades a cuestas, pero auténticos seguidores de Jesús. De los que se dejan la piel y la vida a pié de obra y por el Reino. Sin esperar premios ni escalafones. Y, a menudo, sólos y abandonados. Y lo que es más duro, sin reconocimiento alguno a sus vidas entregadas.
Viernes, 1 de junio
José Manuel Vidal
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal