Lo de la campaña orquestada contra la Iglesia por la pederastia suena a falso y nadie se lo cree. Para hacer frente al goteo de casos de curas abusadores, la única salida que le queda a la Iglesia (mediáticamente hablando) es la de la autoinculpación. Me explico. Se trata de reconocer lo evidente: que el silencio y el encubrimiento eran la norma habitual. Que era todo el sistema el que estaba viciado. Desde la cúpula vaticana hasta la última diócesis. Los abusadores eran pecadores/enfermos, pero nunca delincuentes. Y sus pecados había que lavarlos en casa. Todos sabían, pues. Desde el Papa al último prelado de la Patagonia.
Viernes, 1 de junio
José Manuel Vidal
Juan Fernandez Krohn
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