Los escándalos de pedofilia dentro de la Iglesia católica se extienden como una mancha de aceite que así es como se expande el silencio cuando amenaza el miedo. Ese silencio tenebroso que atenaza en nada es equiparable al silencio como voto monacal. Es ese otro tipo de silencio que arrastra un temor de siglos que se va alimentando de silencios culpables como el que mantuvo el ahora cardenal primado de Irlanda, Sean Brady, que se niega a dimitir a petición de víctimas de los abusos sexuales del padre Smyth, condenado por 74 delitos contra menores. Era por entonces el cardenal un sacerdote y maestro a quien se encargó entrevistar a un niño y una niña de 10 y 14 años respectivamente que habían sufrido sus desmanes pedófilos. El cura les habló y los niños callaron y fueron pasando los años.
Viernes, 1 de junio
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