Bueno, prudente, amable, tímido, cercano y, encima, bien preparado y con hondura espiritual. Así definen a monseñor Barrio, arzobispo de Santiago de Compostela, los que lo conocen bien. Los curas le llaman "Don Algodoncito". Por lo suave y tranquilo. Pero también porque su vida es capaz de pasar la prueba del algodón. Y porque, bajo formas suaves, esconde un carácter de hierro. Suaviter in modo, fortiter in re. Y, además, no es carrerista. Rara avis.
Con humildad, templanza e insistencia consiguió lo que pocos esperaban: que el Papa venga a Santiago y, de paso, a Barcelona. Especialmente secundado en esta labor por el embajador de España ante la Santa Sede, Francisco Vázquez, y por el cardenal de Barcelona, Martínez Sistach. Y lo consiguió porque Benedicto XVI así lo quiso. El Papa, como gran intelectual, sabe perfectamente el valor simbólico del Camino y de Compostela, faro cristiano para una Europa secularizada e indiferente.
Pero, además, Ratzinger, como fino observador de las personas, caló de inmediato la hondura y la humildad de Barrio. Y a los humildes los quiere Dios y el Papa. Y, como premio, el viaje. Y, quizás, la consagración definitiva de Barrio con el capelo.
Al Papa no le gustan los curiales que buscan el poder en la Iglesia. Y, tras tantos años en la Curia, los huele a distancia. Pero también reconoce a los que sólo buscan servir. Obispos de la raza de Barrio, Blázquez, Atilano Rodríguez...Por citar sólo a algunos. A Blázquez lo lleva a Valladolid, con otras metas en lontananza. Atilano debería salir pronto de Ciudad Rodrigo. Y Barrio va, imparable, camino...del birrete. Amén.
José Manuel Vidal
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Luis, chitón, así no darás ocasión a que el diablo se regocije y se exprese a través de ti. Y no ofendas al buen Espíritu atribuyéndole cosas que Él no puede hacer: solo así se pueden comportar los espíritus majaderos y libertarios que pueblan tus fantasías dementes.
Ante la intolerancia, ante la falta de respeto, ante las imposiciones, ante la falta de talante evangélico, quiero expresar: ¡Rouco, dimisión! ¡Martinez Camino, dimisión! ¡Controladores del espíritu cristiano, dimisión!. ¡Que viva el Espiritu que habla en todos y da libertad!
Ya se verá quién paga el viaje. La empresa de EL BOGOTES tiene amplia experiencia en este tipo de santos eventos
La foto que acompaña al comentario revela que no todos saben respetar al arzobispo de Santiago de Compostela. El presidente de la Xunta de Galicia no es un caballero.
Si fuera yo el aplaudido me echaría a temblar, y máxime si me relacionasen con los que aquí se mencionan. ¿Qué estaría haciendo mal?
Suscribo lo que dices. Los tres obispos son lo mejor del episcopado español. Pero si el Papa los conoce ¿Porqué no nombró a Blázquez primado de Toledo? ¿es mayor el poder de Rouco, que el del Papa?. En España parece que si. Enhorabuena a Julián Barrio y a Lluís M. Sistach.
Los más grandes líderes son siempre los más humildes. La humildad es la línea divisoria que distingue a un jefe de un líder. El jefe es orgulloso, vano, soberbio, intimidante, prepotente, exige a la gente ser servido. El líder es humilde, modesto, alentador, se considera servidor, no jefe.
Jesús buscó una y otra vez entre los rechazados, pecadores, enemigos, traidores y delincuentes, A esta gente quería llegar Jesús. ¿Qué se necesita para llegar a ellos, para amarlos y comer con ellos, para hablarles y tratarlos como iguales? Se necesita una cualidad especial llamada humildad.
Las personas humildes tienen el corazón abierto para aceptar a todas las personas; no hay espacio para el fanatismo, la intolerancia o el odio en un corazón humilde. Es fácil y agradable acercarse y hablar con personas humildes, tienen gracia, saben escuchar y son comprensivas, nunca piensan en su propia importancia.
"Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón".
estupendas noticias que el Papa sepa reconocer a los arribistas del clero, después de tantos escándalos del lado de la Iglesia más carca (P-e. Legionarios) quizá ya ha escarmentado en que no basta ser carca para merecer el apoyo sino ser una persona medianamente humana y coherente. Es hora de que vuelva la moderación y la cordura al episcopado español.
Salir de Ciudad Rodrigo ¿hacia dónde?
¿Y en Barcelona no hay nada con valor simbólico?
Viernes, 1 de junio
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