A las cinco de la tarde del 1 de marzo, fue recibido en la iglesia parroquial de San Batolomé, de Pontevedra, el féretro del sacerdote Manuel Espiña Gamallo, nacido el 25 de julio de 1933, en Folgoso – Cerdedo (Pontevedra), tierras que vieron crecer al Padre Sarmiento. Entre aplausos, cubierto por la bandera gallega y a hombros de compañeros de ENCONTROS, Foro de curas galegos “Bispo Araúxo”, en el templo el féretro. Siguó un silencio impresionante. Sobre el féretro colocaron el leccionario litúrgico, en gallego, por el que tanto luchó toda su vida.
Espiña era toda una institución y, sobre todo, ejemplo de fe y galleguidad. Fue un hombre de fe, muy pacífico y dialogante, pero, al mismo tiempo, muy comprometido, sin reservas y con todas las consecuencias, con su tierra, la lengua y la cultura de su pueblo. Pasará a la historia de Galicia como defensor del gallego, dentro y fuera de la Iglesia; “Galicia está viva, nunca estuvo muerta, aunque hubo quien le cantó el funeral. ….. Lo más grande que tenemos, nuestra lengua, para muchos es como hojas secas que se espera que el viento las lleve a cualquier rincón donde se pudran …… El pecado viene de muy lejos, ya casi es pecado original” (Outeiro de San Xusto, 1970). “Outeiro de san Xusto” era el título de su columna en La Voz de Galicia. A comienzos de los noventa dejaron de publicarsela..
Manuel Espiña, comprometido y solidario, fue detenido en Barajas, en los años sesenta, por llamar a la rebelión a los emigrantes gallegos desatendidos y abandonados en una esquina, durmiendo y comiendo en el suelo, mientras todo eran atenciones para los turistas. Espiña, siguiendo la voz de su conciencia, improvisó una tarima con unas maletas y animó a los emigrantes a reclamar sus derechos.
De la década de los setenta subrayaría la prohibición de emitir la misa en gallego, radiada desde el Convento de las Capuchinas de A Coruña. La prohibición, por ser en gallego y por sus ideas y su compromiso con la liberación, fue acompañada de una multa de 200.000 pesetas de las de entonces. Era ministro de Franco Fraga Iribarne. La multa se pagó con las ayudas solidarias. Luis Seoane le regaló un cuadro, con ese fin, la pintura titulada “Cristo Obrero”. “En el Dios que usted predica, también creó yo” le dijo Seoane 1. No fue necesario vender la pintura en aquel momento, la vendió muchos años después a la Fundación Caixanova y entregó el dinero al padre Silva, cuando la Xunta de Fraga entró en Bemposta, la Ciudad de los Muchachos de Ourense.
Este era Espiña, el que, en el año 62 consiguió, como director espiritual del Seminario Menor de Belvís, en Santiago, que acaben los castigos por hablar gallego. El que impartió todas “sus clases de Teología Católica y su Pedagogía y Didáctica así como Historia de las Religiones en la Facultad de Ciencias de la Educación de A Coruña” (Cfr. Galegos, http://www.galegos.info/gl/manuel-espina-gamallo ). El amigo, maestro y compañero del ya fallecido y heroico Moncho Valcarce, el cura de las Encorbas, colaborador del Sindicato Comisiones Labregas. Estuvo siempre al lado de Moncho, incluso cuando fue castigado por rebelarse contra a educación “arcaica y sumisa” que se impartía en el Seminario de Santiago. Espiña era vicepresidente de la Hermandad de Moncho Valcarce.
Espiña lamentaba que la iglesia en Galicia no fuese gallega. Colaboró en la primera traducción de los Evangelios al gallego. Fue el primero en celebrar la eucaristía en gallego y seguía celebrando en gallego en la comunidad ‘HOMRE NUEVO’ de A Coruña.
Hoy le despedimos como él quería, celebrando la eucaristía en gallego. A hombros de sus compañeros de ENCONTROS, FORO DE CURAS ‘BISPO ARAÚXO’, con un fuerte y prolongado aplauso le dijimos “adeus, irmao” (adiós, hermano). Al traspasar la puerta del templo se cantó el himno gallego.
Antón Gómez González
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Claro Asturiano, y ese idioma para todos es el castellano ¿no?. Como Cristo hablaba castellano... Hay que reflexionar más y maldecir menos.
Que los nazionalismos son excluyentes, liberticidas, envidiosos, pura cizaña y una máquina insolidaria de egoísmos resulta bien conocido, sobre todo por los que los padecen y no se lucran de ello, por lo tanto antievangélicos de todas, todas. Que haya sacerdotes que defiendan tal estupidez dice bien a las claras la clase de personas que son. Lógicamente este tipo de desviaciones se quita leyendo y viajando, y meditando las verdades de las sagradas escrituras, y mirándose al espejo y dándose cuenta de la inmensa pequeñez del ser humano, para que encima nos dividamos y nos fragmentemos hasta quedar a merced de sectarios y fanáticos. Un solo idioma para todos los seres humanos, ya.
Cuanto comentario mal intencionado se lee por aquí. También se aprecia mucha ignorancia. El Sr. Manuel Espiña defendía el gallego en la liturgia puesto que, para aquellos que opinan sin saber, el 85% de la gente en Galicia habla gallego y más en los tiempos en los que empezó su cruzada el Sr. Espiña. Hasta donde yo sé el Vaticano defiende que la liturgia debe hacerse comprensible a los fieles y en su idioma materno a poder ser.
Poca caridad cristiana se encuentra en muchos comentarios nacionalistas españoles que aquí se expresan. El catolicismo no solamente habla castellano. Muy al contrario, debe de aspirar al universalismo y, por ende, debe ser transmitido en todas las lenguas (como creo que dejó dicho el propio Cristo si no recuerdo mal). Si alguien tiene añoranza del imperio de Felipe II que directamente equiparaba de forma excluyente castellano y catolicismo (con permiso del latín) es su problema. Viva Galicia y el gallego! Mis respetos a Manuel Espiña.
No acabo de entender eso de que es mejor leer el Evangelio en gallego aunque los que estén presentes y hablen español no se enteren. Este comportamiento me recuerda a los soberbios constructores de la torre de babel que todos sabemos lo que Dios opinaba de ellos y el castigo que por tal comportamiento les aplicó. Cuantos esfuerzos y fatigas inútiles para que una parte de su auditorio no se entere.
El resto de los méritos enumerados hace que este pobre hombre parezca un preboste sindical radical de izquierdas, con lo que me imagino habrá sembrado la división en su ministerio: todo un ejemplo para evitar en un sacerdote. Lo del bispo no lo entendí. Solo les falta a los nazionalistas hacer de Papa. Cuanta estulticia (¿como se dirá esta palabra en gallego?. A ver si alguien nos lo dice)
No sé quien era ese señor, pero Dios quiera que esté en Su Seno (para lo que le habrán exigido algo distinto al gallego).
Descanse en paz.
Muy rápido ha eliminado Vd. lo del libro de Allen. ¡Vaya hombre! Cosas veredes: El Verbo se hizo "gallego". A lo mejor ha tenido Vd. una inspiración. Porque lo de Allen era un "revival" de la influyente weberiana "ética protestante" durante la larga ppostguerra europea. Tan larga que enloqueció a todos - o casi - los teólogos concilares, de Rahner a Congar, por no extenderme, que se lanzaron por el tobogán de la secularización, encantados de la vida. Decían que era cosa del "aggiornamento" - sería del de ellos, porque los laícos se "aggiornan", sin saberlo, ganando el pan de cada día. Pura coartada, de la que el mester de clerecía no ha salido aún, de oir las homilías que cotidianamente hemos aún de oir. Allen no parece haber leído a Bellah, que pocos años después de ser el paladín de la "verbalidad" del protestantismo, descubre el momento católico de la "visualidad" del catolicismo. Recuperando la "encarnación", no tanto lingüística, como visual, táctil... (continuará si hay ocasión
Es cierto que Espiña dignificó y promocionó el gallego pero por las instituciones católicas por las que pasó las "arrasó". El gallego, bien alto; su labor pastoral un fracaso rotundo. Una vez más se demuestra que catolicismo y nacionalismo son completamente antagónicos. La patria del cristiano es el mundo, Dios no se encarnó para Israel sino para todos...
Sí se acabará por la edad...Esos dos que citas más todos los que les acompañan están por encima de los 70 años...
La liturgia en gallego nunca ha sido bien recepcionada por el pueblo gallego ni por la mayoría de sus sacerdotes aunque sean gallego-parlantes. De siempre se ha dicho en Galicia que no se puede usar la misma lengua para hablar con la gente y para hablar con Dios...antes era el latín y ahora el castellano...esa es la realidad y no los nacionalismos trasnochados de los ancianetes Espiña y Queiruga. Por cierto, ¿Por qué no se dice el motivo de la salida de Queiruga del Seminario? ¿Desfase generacional? ¿Los progres se han quedado antiguos?
Que le Dios le perdone todo el daño que hizo a la Iglesia, que fue mucho y muy grande!
Uno menos!
La Iglesia politizada se está extinguido. Sólo permanece la Iglesia de Cristo.
Deo gratias!
Un gran cura y un gran gallego, de esos héroes olvidados por la actual jerarquía eclesiástica cuya labor impidió que la Iglesia quedase identificada con el franquismo y el españolismo rancio al estilo de rosa Díez en el sentido peyorativo del término.
Queiruga, Victorino Pérez Prieto y otros teólogos y curas gallegos siguen por el buen camino que abrió entre otros Manuel Espiña y que ya no se cerrará por mucho que lo intenten algunos.
Viernes, 1 de junio
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