Rouco no pierde el poder en la Iglesia española, pero tiene que empezar a compartirlo. Ya no es el único "emperador" (como le llaman los obispos, cuando quieren referirse a él sin nombrarlo) en suelo patrio. Desde Roma se prepara ya el postrouquismo. Y, como siempre, con la estrategia de los pequeños pasos, que apuntan hacia Barcelona y hacia el cardenal Martínez Sistach como contrapeso al cardenal de Madrid.
Viernes, 1 de junio
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