El Miércoles de Ceniza da paso a la Cuaresma, es la puerta de entrada. En la misa de la mañana, el cura hace una crucecita con ceniza en la frente de los fieles —algunos tal vez con resaca— para recordarles una cosa muy sencilla que nuestro mundo parece querer olvidar: que somos polvo y que en polvo nos convertiremos. Pulvis es, et in pulverem reverteris (polvo eres, y en polvo te convertirás), decía el cura del colegio, mientras nos tiznaba la frente con la ceniza gris y triste. Después, todo el día, íbamos con la marca de polvo a cuestas.
Y empezaba la penitencia, 40 días en el desierto para preparar el sacrificio de la Semana Santa que tenía, claro está –de otro modo habría sido insoportable–, el final feliz de la resurrección. Historias pasadas, costumbres extinguidas. Un olvido caído como un pesado telón sobre estas cosas mientras en los medios destacan, llegado el momento, el Ramadán. Cuando empieza, se hacen reportajes, como si nos lo quisieran vender. Cuando empieza el Ramadán, es noticia. En cambio, la Cuaresma, que es el Ramadán de nuestra cultura, se considera un estorbo viejo y anticuado. El Ramadán mola; la Cuaresma, no, qué le vamos a hacer.
Pero por mí que no quede. Yo quiero defender la poética de la Cuaresma y la del Miércoles de Ceniza. Otro cantar es que ayune y practique la abstinencia y que vaya a que me tiznen la frente. Pero no me gusta perder esos momentos tradicionales que marcan nuestra cultura. La poética de la Cuaresma es la poética de la austeridad. La poética del despojo, la del silencio. La poética de la reflexión, la de la concentración en sí mismo. «¡Qué palo!», dirán los jóvenes, mientras les encuentran todas las gracias a las filosofías orientales, al budismo y al zen. Alguien, en la Iglesia católica, ha hecho muy mal los deberes. Mira que dejar que se pierda este tesoro espiritual tan arraigado en las costumbres, tan bien vinculado al paso del tiempo... Pero, claro, el mal comportamiento de la Iglesia católica ha hecho que, a los ojos de la gente, lo que era bueno se haya vuelto como mínimo sospechoso. La gente no se cree nada que venga del catolicismo. Y, digámoslo claro, la Iglesia católica se lo ha buscado. Pero dejémoslo.
A mí me gusta el Miércoles de Ceniza, me gusta de una manera laica, por así decir, ahora que eso está de moda, que todo se hace por lo civil, incluso los bautizos y las primeras comuniones. De hecho, es un día que le gusta a los poetas. Joan Maragall, por ejemplo, escribió dos poemas titulados Dimecres de cendra muy distintos. El primero lo dedica a una chica y le dice que su piel rosada no pega nada ni con el polvo ni con la ceniza. Y le dice que no vaya a ponerse ceniza: «No et facis posar cendra,/no et facis posar cendra,/ que no té res a veure, la mort, la cendra, amb tu./ No entelis amb ‘mementos’/ ton front rosat i pur».
El segundo ya es un poema terminal, pero esperanzado. Maragall era creyente y acaba haciendo hablar a la Desconocida: «Mon brillant punyal fins a les entranyes/ t’entrarà, donant-te la vida amb la mort». Josep Carner también le dedica un poema: «A l’oreig d’un fi comprendre/ és el seny asserenat:/ el desig es torna cendra,/ l’amargor, benignitat». Y en la marca del dedo en la frente ve una «llavor santa que germina / en el seny humiliat».
Y para que no parezca que este amor de los poetas por el Miércoles de Ceniza es algo solo catalán, recordemos que T.S. Eliot escribió un largo y precioso poema titulado Ash Wednesday. Un poema en seis cantos, publicado en 1930, con fragmentos oscuros, como es habitual en él, pero claro en el sentido penitencial del conjunto: «Es el momento de tensión entre el morir y el nacer...». «Y el corazón perdido se fortalece y se alegra/ en el lila perdido y en las voces perdidas del mar». Miércoles de Ceniza, la pérdida y la promesa de renacimiento. Yo no puedo separar el Miércoles de Ceniza de los paseos solitarios por el valle de Sant Daniel, cerca de Girona, allí donde Tomàs Garcés, también poeta, iba a recoger violetas. Procuraré ir el miércoles que viene.
Narcís Comadira (El Periódico)
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Juzgado Civil investiga a los Legionarios de Cristo tras demanda del CDE
La instancia indaga las supuestas irregularidades cometidas por la congregación religiosa en materia medioambiental, luego que vecinos de La Dehesa denunciaran un vertedero ilegal en plena zona residencial.
SANTIAGO de Chile.- En el 13° Juzgado Civil de Santiago se encuentra la causa presentada por el Consejo de Defensa del Estado (CDE) en contra de la orden religiosa Legionarios de Cristo, acusada de violar diversas leyes de protección al medio ambiente desde 2005.
http://www.emol.com/noticias/nacional/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=399136
Repulsa o, como mínimo sospecha, es lo que merece todo lo que venga de la Iglesia católica.
Sí, la gente no se cree nada que venga de catolicismo.
Hasta el Ramadán está mejor visto socialmente y suscita menos repulsión que la Cuaresma.
Viernes, 1 de junio
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