Rumores de Ángeles

Elizari y Manos Unidas son el rostro auténtico de la cooperación

11.02.10 | 20:32. Archivado en Manos Unidas
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Ignacio Elizari es un Padre Blanco que lleva 40 de sus 70 años de vida en El Congo. Un navarro recio, pura fibra, que no ha perdido el acento ni tampoco la sonrisa, a pesar de tener el cuerpo cosido a cicatrices por las durísimas condiciones en las que se desarrolla su existencia. Ha sobrevivido a varias guerras, con sus correspondientes hambrunas, sin experimentar siquiera la tentación de rendirse. Él, como la inmensa mayoría de los misioneros y misioneras, es de los que se quedan al pie de la escuela, el dispensario o el taller cuando los funcionarios de la ONU salen corriendo, los cascos azules irrumpen como elefante en cacharrería y un gran número de ONG optan por el «repliegue táctico».

A él no le asustan los fusiles o los machetes a los que ha tenido que enfrentarse en más de una ocasión, aunque le duelen. Le duele con rabia África, tan rica, tan grande, tan corrupta, tan desdichada. Le indigna la explotación inicua de sus recursos por parte de «poderes que nunca dan la cara». Le impulsan a la acción sus moceticos -«yo hablo a lo navarro»-, huérfanos de matanzas brutales e indiscriminadas, cuyo futuro pende del hilo de nuestra solidaridad entretejida con su coraje.

Conocí al padre Ignacio el martes, en Zaragoza, durante la presentación de la campaña anual de Manos Unidas que en esta ocasión encabeza el lema «Contra el hambre, defiende la Tierra». Su intervención espontánea, atropellada, improvisada sin otro guión que el de su impagable experiencia, me golpeó el corazón. No mencionó la palabra «crisis» (¡Gracias le sean dadas!). No relató una sola desgracia truculenta destinada a inspirarnos pena.

Antes al contrario, nos hizo reír con sus anécdotas de broussard (que en francés significa «el que trabaja en la selva») e hizo un inventario un tanto insólito, aunque elocuente, de los proyectos que financia la organización y hacen realidad las comunidades beneficiarias, ayudadas por los misioneros: dos escuelas primarias a las que pronto se sumará una tercera, un centro médico, un plan, piloto en todo el país, consistente en desplazar a grupos de gente de manera voluntaria hacia zonas menos superpobladas, previamente dotadas de infraestructuras… En resumen: mucho trigo y nada de paja. Lo contrario del discurso político al uso, especialmente cuando lo practica Zetapé.

Elizari y Manos Unidas son el rostro auténtico de la cooperación, despojada del lastre de una burocracia impregnada de ideología. Son esperanza. Son eficacia. Los moceticos del padre Ignacio son un argumento de peso para rascarse el bolsillo, incluso cuando vienen mal dadas. ¡Ellos sí que valen la pena!

Isabel San Sebastián (El Mundo)

4 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por lenadro 12.02.10 | 22:50

    Si el discurso politico en vez de Zapatero lo hiciera Aznar ya seria otra cosa ¿verdad Isabel? Venga ya

  • Comentario por José Ignacio Calleja 12.02.10 | 19:06

    "Lo contrario del discurso político al uso, especialmente cuando lo practica Zetapé. Elizari y Manos Unidas son el rostro auténtico de la cooperación, despojada del lastre de una burocracia impregnada de ideología". O sea, lo contrario de este artículo, y lo habitual en su autora. Saludos cordiales, no obstante.

  • Comentario por Jubilado 12.02.10 | 10:45

    Rojobilbao: Tu idea estaría mejor recogida si se apellidara Elizarentzat (para la Iglesia). Elizari tiene otro matiz (a la Iglesia)... Pequeños matices.

  • Comentario por rojobilbao 12.02.10 | 09:10

    Este sacerdote estaba destinado al sacerdocio desde su nacimiento. Su apellido en vasco significa "para la Iglesia".

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