No reinó el principio de la corresponsabilidad en su nombramiento (y en ningún otro). No se tuvo en cuenta las consultas ni el parecer de la mayoría de la Iglesia que peregrina en San Sebastián. Y monseñor Munilla, como otros muchos, se convirtió en un "obispo impuesto". Pero, en este caso, con especial alevosía y total nocturnidad. Y tampoco reinó el principio de la prudencia pastoral que, dada la rebelión de la gran mayoría de sus propios curas (algo nunca visto en la historia reciente), aconsejaba al Vaticano dar marcha atrás y/o a Munilla renunciar al nombramiento.
Viernes, 1 de junio
José Manuel Vidal
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
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