Le gustaba definirse como el “antiteólogo”. Quizás porque nunca tuvo el título oficial, pero Enrique Miret Magdalena siempre ejerció de buscador de Dios. Y a pesar de ser químico de profesión, dedicó su vida a explicar al Dios-Padre al que tanto amaba. Murió ayer, a los 95 años. Con su mente siempre lúcida y un corazón que se cansó de latir. Detrás deja una obra imponente de alta divulgación teológica y, sobre todo, un sinfín de amigos, que lloran al último teólogo seglar.
Era un gran humanista. Un intelectual católico sólido y bien formado, que se había codeado con Julián Marías, Zubiri, Ellacuría o López Aranguren. Intelectual y católico, en una época en la que la consigna era o intelectual o católico. Enrique Miret siempre supo casar la fe y la razón, incluso cuando estaba mal visto dar razón de la fe en los ámbitos universitarios y políticos.
Pero él nunca se cansó de hacerlo. Y defendía a su Dios y a su Iglesia en las fronteras de la vida y de la política. Allí donde la valía intelectual pasa por el crisol del diálogo y del contraste de pareceres. Porque Miret dialogaba con todos. Con los ateos y con los creyente. Con los políticos y con los obispos. Sin descalificar a nadie. Siempre abierto al viento del Espíritu que, como solía decir, “sopla donde quiere y como quiere”. Como los heterodoxos. Y Don Enrique fue un gran heterodoxo. De los de la escuela de Menéndez Pidal, con reconocimiento unánime.ç
Por eso, cuando cumplió los 90, sus muchos amigos le organizaron un homenaje. Arropado por los políticos e intelectuales de la transición. Lógicamente, la izquierda no quiso perderse el acto. Allí estaban desde Alfonso Guerra a Nicolás Sartorius, pasando por Enrique Múgica, Nicolás Redondo, Cándido Méndez, José María Fidalgo, Gustavo Suárez-Pertierra o Fernando Ledesma. Y algún representante suelto de la derecha como Oscar Alzaga o Núñez Morgades, junto a intelectuales, periodistas y representantes de todas las religiones.
Allí lo definieron como “apóstol de la transición”. Porque, en esa época, volvió a recuperar para la fe a muchos que se habían alejado de ella. Con Alfonso Guerra no lo consiguió, pero el dirigente socialista reconocía que “Miret influyó más de lo que se pueda pensar en nuestra concepción de la vida”.
Había nacido el 12 de enero de 1914 en Zaragoza. De familia acomodada, pronto se viene a Madrid con sus padres. Entre sus primeros recuerdos, el golpe de Primo de Rivera. Estudia en los jesuitas, en los maristas y, después, en el Liceo. Y, de pronto, descubre su deseo de hacerse jesuita. Pero, como solía decir, “la guerra lo frustró todo”.
Tras la guerra, acaba Químicas en la universidad Central en 1941 y se doctora en 1942. Pero apenas ejerce su profesión. Porque empiezan a lloverle los cargos. Auqnue el soniquete de ‘químico’ nunca le abandona. Así es como le llaman algunos obispos conservadores, cuando quieren descalificar sus obras o sus opiniones. O las huestes de la caverna eclesiástica, que le convirtieron, durante años, en su enemigo jurado. Pero, para la mayoría de los creyentes de este país, siempre fue un referente, un santo y seña.
Durante décadas fue presidente de la Asociación de Teólogos Juan XXIII, signo de su valía personal y profesional. De hecho, son muchos los creyentes que alimentan su fe con sus innumerables colaboraciones en El Ciervo o en la desaparecida Triunfo, donde colaboró 20 años. Y en otros muchas revistas, periódicos y publicaciones de todo tipo. Con más de 2.000 artículos. Y unos 25 libros, entre los que destacan 'Amor y sexualidad', 'El nuevo rostro de Dios' o 'El catecismo de nuestros padres'.
Porque si algo tuvo siempre claro Enrique Miret es que la fe hay que proclamarla con los altavoces de los medios de comunicación. Ese fue otro de sus ministerios: hacer presente a la Iglesia católica en los medios. Eso sí, una iglesia abierta, dialogante, humana, sensible y cercana a los gozos y alegrías de la gente. Con entrañas de misericordia siempre.
De arrolladora vitalidad, Miret se casó y tuvo siete hijos, a los que educó con primor. De hecho, sin descuidar sus deberes familiares, dirige la empresa familiar y va ocupando puestos importantes: Presidente de Acción católica, fundador de YMCA o presidente de la COPYME. En 1982, fue director general de Protección de Menores en el Gobierno de Felipe González. Allí conoció al Padre Ángel y con él selló una amistad indestructible de dos almas gemelas. “Quería y admiraba a Enrique. De él aprendí a querer más a los hombres y a Dios, a dialogar y a respetar a otras religiones e ideas. Era un hombre bueno, bueno”, dice el fundador de Mensajeros de la Paz.
Otros le llamaban “profeta”. Porque cantaba las verdades del barquero. Incluso a los obispos. Decía, por ejemplo, que uno de los problemas de la Iglesia española actual es que “el episcopado ha ido a peor”. A su juicio, la mayoría de los obispos actuales son “grises, mediocres y hasta ignorantes teológicamente”. Y además, “recelan de los seglares”. De ahí que les aconsejase, dada la proliferación de pastorales, notas y documentos de estos últimos tiempos, “que se callen durante unos diez años y dejen hablar a los laicos”. A los laicos heterodoxos como él. Porque los heterodoxos nunca mueren.
José Manuel Vidal
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Como persona y como cristiano no puedo juzgarlo, evidentemente Dios será su único juez. Eso sí, como "teólogo", muy mediocre, de un nivel muy bajito, y eso sí, sabía disimular esas carencias con un alto nivel de ideologización que le valió el muy discutible honor de convertirse en el "teólogo del PSOE", factotum del famoso "PROYECTO 2000" en temas de moral y religión, y tertuliano habitual en la televisión del felipismo en programas-trampa donde se invitaba a un obispo cortito y a algún sacerdote más cortito todavía, y se les enfrentaba a los "leones" del ámbito progre.
Me ha gustado mucho el artículo. Ojalá la Iglesia, oficial y no oficial, tenga la humildad de reconocer y valorar todo lo que de bueno nos dejó ese hombre bueno.
Cuanto comentario de presuntos"ortodoxos católicos" llenos de odio y rencor acabo de leer. Si eso es ser cristiano que venga Dios (nunca mejor dicho) y lo vea. Por favor que nadie me confunda con esta panda de resentidos integristas. Los talibanes son hermanitas de la caridad a vuestro lado. Me dais asco y vergüenza, sepulcros blanqueados, farsantes. No conocéis el amor y la caridad ni de lejos.
Por otro lado ¿qué tipo de articulo esperan algunos que se escriba dentro de un ambiente cristiano cuando alguien fallece?
Descanse en paz D. Enrique
... una pobre persona que se creía teólogo en una España sacudida por el progresismo y, claro este pobre hombre creyéndose que algún católico creía esas estupideces que soltaba... sólo le coreaban aquellos progres antiglesia (aunque eso sí, cobraban de ella y se valían de sus instituciones para dinamitarla por dentro) porque con sus estultícias les legalizaba su cacao mental.
Tamayo, toma nota... algún día tendréis que dar cuentas a Dios del porqué habéis ido contra su Iglesia.
Un santo sensato y cauto que supo leer a Cristo como pocos; que los católico-fachas le odiasen no hace más que reafirmarme en mi opinión e incluso afianzarla más aún si cabe.
D.E.P.
con funeral en san JERONIMO EL REAL, VAYA COHERENCIA
Vaya hombre, este funeral se podria haber celebrado en Vallecas o en Santa Bibiana de Villaverde Alto, con los pobres y desheredados. En San Jeronimo el Real, lugar de los "humildes"por excelencia.Como siempre toda esta patulea de progres no son mas que pijos con mala conciencia, es decir: pijiprogres
Dios le tenga en su gloria. Esperemos?
Tambien a mi me ha llamado la atención lo del Funeral en los Jerónimos, no se si a él le hubiera gustado, pero esas cosas no se suelen preguntar al que se va.
Aunque en realidad es lo de menos. Su vida es lo que importa y realmente fue un hombre valioso, coherente y bueno. En los años grises de la dictadura Enrique Miret fue un apoyo constante para la sociedad en general, escribiendo con regularidad, comentando la situación que vivíamos, orientando a tanta gente.
Era también un hombre de diálogo, cosa de por sí complicada, y más en aquel tiempo.
Supo buscar a Dios y trasmitirlo a través de su vida larga y fecunda. Para mí, es un ejemplo.
¡¡el funeral en los Jerónimos!
toma opción por los pobres y la iglesia comunidad, libre y demás
y celebrado por el padre ángel de corbata roja
ainssssssss
los profetas de sí mismos reunidos entre tanto oropel
me parto
Miret fue un mediocre aficionado a la teología y un católico muy heterodoxo, con la carga negativa que eso supone. Pero ponerlo a la altura de Carrilo o Fidel Castro, hombre, no hay que pasarse. El buen hombre no cometió delitos; de los otros consta que sí. Eso para empezar
¿Por qué los malos tardan tanto en morir?... fijaos: Miret Magdalena, Carrillo, Alberti, Arzalluz, Fidel Castro... ya dice el refrán aquello de "hierba mala..."
Alfredito, él nunca te hubiese deseado lo que tú le deseas a él. Eminentemente cristiano tu deseo.
Ojalá hubiera muerto 25 años antes
Ojalá hubiera muerto 25 años antes!
Para Ferrari: yo no sé si el difunto será un santo o no. Yo no me atrevería a asegurarlo con la misma rotundidad pero tú mismo. Ahora, lo que sí está claro es que tú tienes una empanada mental de olé! y que el que no va a ser santo nunca eres tú mientras no cambies esas ideas porque en las 9 líneas que has escrito te has cargado toda la enseñanza de Cristo y del Evangelio. Por no decir que las 2 últimas líneas te las has inventado y rayan la blasfemia. Me imagino que te dará lo mismo lo que yo te diga pero te lo digo por si la próxima vez quieres tener mas cuidado y no decir tantas tonterías en tan poco espacio. Más que nada para que no se rían de ti por el ridículo que haces
No dudo de que como cristiano, personalmente, cumpliese como debía. Ahora bien, su heterodoxia fue siempre, darle la razón a los anticristianos. Siempre a favor de su viento y en contra de la jerarquía o de los ortodoxos. Seguro que era un buen hombre, pero creo que equivocado en lo que él consideraba su misión.
Para Ferrari: claro que hay canonizados post conciliares. Pero el concilio fue hace 40 años y no da tiempo para mucho.
Porque los heterodoxos nunca mueren.
¿Cómo que no? Este en concreto hasta ya está olvidado. Pregunten por él en un par de años y a ver quién le pone cara.
Ha muerto un Santo.
¿Por que todos los canonizados son de la epoca preconciliar? ¿hoy ya no hay santos? ¿o se esta canonizando un pasado que ya no volvera?
La Iglesia debe de buscarse nuevos modelos de santidad para el hombre de hoy...modelos a seguir NO CLERICALES Y NO MEDIEVALES sino una santidad de laicos entre los laicos, hay otros caminos a la santidad que no sean la pobreza,la obediencia y la castidad...Jesus vino para la gente sencilla y no vino para sofisticados votos eclesiasticos.
DIOS NO QUIERE QUE REZES Y AYUNES.Dios quiere que te desarrolles profesionalmente,que te cases y que tengas hijos.Asi amaras al Creador.
Fue un gran cristiano y dejará huella en la historia de la Iglesia española, dudo mucho que la dejen muchos de los "ortodoxos" mediocres actuales.
El camino que él y otros abrieron es el único practicable para la Iglesia en nuestro tiempo si no queremos que se convierta en el pequeño refugio de los más intolerantes e inmaduros.
Muchos seguirán sus pasos, aunque hoy estemos en este invierno eclesial.
"al paraiso te lleven los angeles.santos del Señor,salid a su encuentro".los integristas de la extrema derecha,no te querian.pues que le vayan dando por el trasero....!D.Enrique que mala es la envidia y este es uno de los muchisimos vicios que tienen los integristas catolicos españoles!Descanse en Paz.-
Siempre me pareció un cristiano, por comparación con el Evangelio de Jesús, muy sensato. Se lo agradezco. Descanse en paz.
Ta estaba tardando... ha tratado de hacer mucho daño a la Iglesia; ¿cómo se explica, si no, que lo acogiese "El País", un periódico furibundamente anticristiano?
De la hagiografía en que ha convertido J. M. Vidal la vida de Miret solo se podría salvar una frase: "el último teólogo laico". Y mas vale no señalar quién se ha esforzado tanto por que sea "el último", empezando por los que ahora le ponen en un pedestal.
¿Que los heterodoxsos nunca mueren? ja ja ja yo creía que eran los santos los que nunca morían. En cuanto pasen los funerales de este señor, que Dios tenga en su gloria, apuesto que ni los de la Juan XXIII se acordarán de él. ánimo Vidal! que a tí y a mi nos pasará lo mismo. Más humildad! que no estamos aquí para hacer el payaso
Leyendo el artículo del Rvdo. Sr. D. José Manuel Vidal, más que un artículo parece una loa al finado D. Enrique Miret, y aún más, me atrevo a decir que es una "encendida" propuesta para declararlo "santo". ¡Ánimo Rvdo. D. José! empiece a recoger firmas, apoyos, y todo lo necesario para tal menester, que al personal pocas cosas ya le sorprenden. ¡Cosas veredes que non creeredes! ¡Vivir para ver!
Dudo mucho que El Ciervo alimentase la fe de nadie. Si acaso, la cercenaba. Merito compartido con el finado.
Descanse en la misericordia de Dios este podre hombre.
Viernes, 17 de febrero
José Manuel Vidal
José Mª Castillo
Francisco Margallo
Isabel Gómez Acebo
Rodrigo del Pozo Fernández
Jose Gallardo Alberni
Josemari Lorenzo Amelibia
Teresa Forcades i Vila
Francisco Baena Calvo
Guillermo Gazanini Espinoza
Pedro Tarquis