Rumores de Ángeles

Morir dignamente: autonomía y confianza

22.08.09 | 18:12. Archivado en Jesuitas
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Un amigo leyó sorprendido los titulares de un columnista del integrismo (los hay muy cerriles entre los inquisidores fundamentalistas de este país), que criticaba, unos días antes de su celebración, el seminario sobre eutanasia y suicidio asistido. Me telefoneó para cerciorarse: “¿Has visto lo que cuenta el reportero? Dice que retorna el nazismo y eliminarán a personas ancianas indefensas, discapacitadas o discriminadas. ¿No habrá que oponerse a la eutanasia? ¿Qué vas a decir sobre este tema?”. Le respondo enviándole copia de mi intervención en el citado seminario (reproducida a continuación).

Ante todo, vamos a “poner bien los nombres”, como decía Confucio. “Para pensar bien , empezar por corregir las malas definiciones”.

Si eutanasia significa “hacer lo que hizo Hitler”, sobra el debate, la respuesta sería tajante: “¡No, inadmisible!”.

Si eutanasia significase liquidar a personas ancianas, enfermas o discriminadas, violando su dignidad y autonomía, todo el mundo se opondría sin titubear y ni siquiera necesitaríamos estudiar el tema.

Pero si la pregunta es “¿podemos y debemos ayudar a bien morir?, habrá que matizar la respuesta y gastar tiempo para evitar malentendidos y confusiones.

“Eu-tanasia” significó originariamente, como es sabido, “buena muerte”. Después pasó a tener un sentido peyorativo, usándose para designar homicidios por compasión, genocidios racistas, actuaciones analgésicas o anestésicas en situaciones terminales (sin la debida indicación, consentimiento y protocolo), omisiones iresponsables de tratamiento y otras actuaciones injustas contra la dignidad y autonomía de las personas pacientes.

Ante lo extendido de este uso indiferenciado e inexacto del término “eutanasia”, no es extraño que su mera mención provoque rechazo o escándalo por parte de quienes quieran ser coherentes con sus convicciones éticas en favor de la defensa de la vida y dignidad de todas las personas en todas las fases de su biografía.

Se agradecería poder recuperar el buen significado original del concepto de eutanasia. Pero no será fácil. Por tanto, es preferible plantear la pregunta sobre muerte y dignidad así: “¿Podemos y debemos ayudar a las personas a morir dignamente?”

Responderé distinguiendo dos situaciones (llamadas “A” y “B”) de solicitud de ayuda por parte de la persona que desea morir dignamente.

1.Situación “A”: Solicitud de ayuda en el morir
2.Situación “B”: Solicitud de ayuda para morir.

Consideremos ambas situaciones:

A.El primer caso es el de una solicitud de ayuda para vivir y morir dignamente el proceso de morir; para decidir cómo vivir dignamente hasta el último momento antes de morir.

B.El segundo caso es el de una solicitud de ayuda para determinar el cómo y el cuándo morir, en algunas circunstancias especialmente penosas, de patologías irreversibles con sufrimientos insoportables.

Precisemos sobre ambas situaciones:

A. En el primer caso la “ayuda en el morir” consiste en :

1) No iniciar o retirar tratamientos desproporcionados (no llamemos a esto ”eutanasia pasiva”, para evitar confusiones, y no lo confundamos con el homicidio por omisión; aquí se trata de omitir lo que no hay necesidad ni obligación de proporcionar, ni tiene sentido para la persona paciente, sino es una carga, sin esperanza razonable de aportar calidad de salud).

2) Administrar analgésicos o anestésicos, en la medida necesaria, ni más ni menos de lo requerido para aliviar el dolor, aunque ello conlleve la aceleración del proceso de morir (No llamemos a esto “eutanasia indirecta”, para evotar malentendidos, y no lo confundamos con el homicido por compasión).

3) Acompañar humanamente a la persona paciente con respeto a su dignidad y compasión hacia su vulnerabilidad. (No separemos este cuidado humano de la atención socio-sanitaria cuidadora y cuidadosa).

Estos tres puntos resumen el núcleo de la respuesta a la solicitud de respeto a la diginidad y autonomía de la persona paciente “durante el proceso de morir”. Así es como se formula dicha solicitud en muchas instrucciones o directrices anticipadas (los llamados, a veces confusamente, “testamentos vitales”). Estos tres puntos son comúnmente admitidos por la mayoría de posturas éticas y religiosas.

B. En el segundo caso, la “ayuda para morir” consiste en solicitar (si la ley lo permite, allí donde lo permita y con las condiciones y requisitos exigidos) ayuda para determinar el cuándo y el cómo del morir. A esto es a lo que se llama técnica y apropiadamente eutanasia: Una persona adulta y capaz, con patología irreversible y sufrimientos insoportables, solicita reiterada y conscientemente la intervención médica, debidamente controlada socialmente, para poner fin dignamente a su vida en este mundo (Véanse las correspondientes precisiones en las legislaciones de Holanda y Bélgica, sobre eutanasia, y Suiza y Oregón, sobre asistencia al suicidio).

Este último punto es controvertido por parte de diversas posturas de convicciones éticas o desde perspectivas religiosas. Está inacabacdo el debate sobre la conveniencia de su despenalización. También se dividen las opiniones (tanto dentro de los planteamientos éticos como entre las perspectivas religiosas) acerca de la conveniencia, justificación y requisitos de dicha “solicitud de ayuda para morir dignamente”

Ante las interpretaciones éticas diversas dadas hasta ahora sobre muerte y dignidad, los documentos oficiales del magisterio eclesiástico católico (sobre los que nos piden opinión a quienes estamos implicados en tareas académicas de teología), han reiterado su admisión de la solicitud de ayuda en el morir (a la que me he referido en el primer caso) y han rechazado la solicitudd de “ayuda para morir” (a la que me he referido en el segundo caso).

Desde una postura de revisión de la moral teológica (hoy urgente y necesaria), es posible cuestionar la absolutez de estos posicionamientos oficiales eclesiásticos en materia de ética. Sería pensable plantear la posibilidad (perdón por usar este circumloquio rahneriano para obligar a asentir incluso a los inquisidores más recalcitrantes), sería pensable, digo, la posibilidad de que, tanto unas directrices anticipadas que se limitasen a la solicitud “A” como las que incluyen, además de esos tres puntos de “A”, un cuarto punto: el de la solicitud “B”, sean formuladas como expresión de la opción personal y responsable de personas que adoptan esas decisiones avaladas, a la vez, por convicciones humanas y por convicciones de fe.

Pienso que, tanto la opción por solo “A” como la que incluye “B” podrían hacerse desde una ética laica o desde una ética en el marco de perspectivas creyentes que la refuerzan y motivan.

En ambos casos la clave para evaluarlas sería el respeto a la dignidad y autonomía de la persona paciente.

Pero no quisiera que se malinterprete la autonomía como si fuera mera autosuficiencia. Por eso me parece importante precisar que el complemento inseparable de la autonomía es la confianza. Permítaseme expresarlo desde mi propia convicción personal, tal como lo formulo en mis propias directrices anticipadas:

Solicito respeto a mi dignidad y autonomía, así como a mis convicciones éticas y espirituales. Por eso pido y espero a quienes me asistan que me ayuden a mantener hasta el final una triple confianza:

a) Confianza para ponerme en manos de mis cuidadores, que me proporcionen los cuidados apropiados, ni exagerados ni insuficientes, incluida la sedación necesaria.

b) Confianza en las personas allegadas, que me acompañen humana y espiritualmente.

c) Confianza en el misterio último que da sentido a la vida, en cuyas manos encomiendo mi espíritu en el tránsito de retorno a la Vida de la vida.

Juan Masiá Clavel, SJ
(Texto para el seminario sobre muerte digna, eutanasia y suicidio asistido, en Santander, en la UIMP, el 12 de agosto de 2009).

13 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por liliputiense 30.08.09 | 18:17

    Soy católica, pero sobretodo, creyente.
    El problema es que los seres humanos no somos diosecillos y podemos perder la cordura de dos maneras: bien de forma natural, bien por las definiciones (como ya apuntaba Confucio).
    Como yo no soy Dios, y a fin de cuentas sólo El es, y puede juzgar, haciendo que los demás sean o dejen de serlo; creo profundamente que cada cual está en su derecho de vivir o de matarse cuando a cada cual el sufrimiento le haya hecho perder los quicios... Pero para eso ya están los psiquiatras acreditados para atestar voluntades.
    Que nadie juzgue. Que nadie mate.
    Máxime si se estima y se quiere a sí mismo.
    Me gustaría no ser la enfermaera que administra el tratamiento, pues yo nunca he apedreado a nadie... lo que no sé y por eso le rezo a Dios es si yo no sería capaz de arrojar el carro por el pedregal, o tentada por el sufrimiento arrojarme al abismo.
    Le doy las gracia a JMV por no leer los títulares de los periódicos en materia de...

  • Comentario por JMV 26.08.09 | 13:42

    En esta, como en otras materias, pero especialmente en esta, la verdad está en los matices, pero por desgracia en estos debates se hila poco fino: estamos sometidos a la simpleza y los eslóganes de los titulares periodísticos y políticos. En todo caso, me parece que usar la expresión "muerte digna" es muy desafortunado y entra, precisamente, en el juego de la propaganda. ¿Es que una persona que no muere mediante una intervención activa (eutanásica) muere por eso "indignamente"? ¿Acaso sólo los defensores de la eutanasia y los que la practican defienden la "muerte digna"? ¿No es morir dignamente el hacerlo aceptando que la naturaleza siga su curso y soportando (p. ej., cristianamente) el sufrimiento, o, sin haber elegido la muerte, arriesgando la vida por salvar a otro o por la justicia o la fe? Debatamos con respeto a cualquier postura y con argumentos, pero evitemos secuestrar los términos atribuyéndosela a una sóla de las posiciones en liza. La dignidad no es patrimonio exclusivo.

  • Comentario por Hispalense 26.08.09 | 10:47

    Pues ya sabes Jalón, a pedir la eutanasia. Yo comprendo que estés harto de sufrirte a tí mismo. Tener tantas tonterías en la cabeza debe ser insufrible.

  • Comentario por Emmanuelle 25.08.09 | 18:24

    Por fin Masiá accedió a fotografiarse con delantal, y demostrar lo buen cocinero que es :)))))


    http://lacomunidad.elpais.com/apoyoajmc/2009/8/24/novedad-primicia-total-juan-masia-experto-mundial-en

  • Comentario por jalon 23.08.09 | 17:34

    Herman Nys, de la Universidad Católica de Lovaina, asegura que la eutanasia se está convirtiendo en Bélgica en un tratamiento normal exigido por los pacientes. Lo más común es que se encarguen las enfermeras, que se acepte una petición oral y que sean los familiares los que soliciten la eutanasia, de manera que se ven peticiones hasta de niños pequeños.
    José Ramet, del hospital universitario de Amberes y del Reina Fabiola, estima que habría que revisar la ley de la eutanasia para incluir a los menores, ya que con ello conseguirían fijarse unas condiciones claras. La Voz de Galicia, 10.04.09

  • Comentario por jalon 23.08.09 | 17:25

    Se declaran contra el aborto cuando en realidad están contra los anticonceptivos. Dicen estar contra la eutanasia cuando en realidad rechazan los cuidados paliativos. Es un juego de palabras.

  • Comentario por Clara 23.08.09 | 14:05

    Un artículo valiente y prudente a la vez. Recientemente he vivido la muerte de mi padre, católico convencdo y comprometido y los últimos días estuvo sedado. Fue atendido con todo mimo y cuidado por el personal sanitario del Hospital Clínico de Madrid( él era médico de la Seguridad Social) , a los familiares se nos hizo más facil la despedida y él evitó sufrimientos que hubieran sido consecuencia de una situación irreverrsible.
    Gracias por hablar abiertamente y con sensibilidad del tema.

  • Comentario por La Monchita 23.08.09 | 08:07

    Me justaron sus tres confianzas y las comparte. Debo dejar claro que estoy de acuerdo con la eutanacia.
    Simplemente xq ya cumplimos el ciclo que nos tocaba vivr y no tenemos derecho no razon a vivir indignamente y condenar a nuestros familiares y cuidadores al dolor y limitarles su propia existencia. Si la ciencia no hubiera avanzado tanto esos moribundos ya estarían muertos desde hace mucho tiempo. Es la ciencia la que no los deja marchar en paz y los directivos de las religiones se valen de ellos para obligarlos a sufrir y con ello limpiar sus conciencias.
    gracias por el espacio, desde Costa Rica LA mONCHITA. BUENAS NOCHES .

  • Comentario por Emmanuelle 23.08.09 | 07:46

    Elessar Jalon,y los demás varones, echamos de menos vuestros comentarios en el sitio donde nos juntamos ahora y en que tambín participa Juan Masiá

    http://lacomunidad.elpais.com/apoyoajmc

  • Comentario por ELESSAR 23.08.09 | 00:30

    Yo también he visto morir hace años,entre gritos y grandes dolores, a una persona querida. Y los últimos días le administraban una inyección se “sosegón”, que le aliviaba unas pocas horas. No podían administrarle más por que “no procedía”.

  • Comentario por ELESSAR 23.08.09 | 00:21

    Da gusto leer las ideas tan equilibradas de Masiá. Equilibradas, claras y concisas.
    Un saludo, Elessar.

  • Comentario por jalon 22.08.09 | 21:50

    He visto morir dando gritos, porque decían que aumentar las dosis de opiáceos acortaban la vida. Es lo mismo que la falta de cuidados paliativos.

  • Comentario por Emmanuelle 22.08.09 | 19:46

    Vidal, muchas gracias por colgarlo aquí donde querian silenciar a Juan Masiá.

    Estoy publicando un articulo de una revista "traducir da qué pensar" en varios post para facilitar su lectura, puesto que al menos a mí me ha parecido francamente interesante.

    http://lacomunidad.elpais.com/apoyoajmc/2009/8/22/traducir-da-pensar-introduccion-

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