Imagínense una institución que se dedicara a socorrer a los que nadie quiere, a esos que no se han enterado todavía de la existencia del «Estado del bienestar» porque para ese Estado ni tan siquiera existen. Imagínense una institución que tuviera como objetivo educar a los niños y a los jóvenes para evitar que, por no saber distinguir el bien del mal, fueran víctimas de sus instintos antes de que la experiencia les enseñara a controlarlos.
Imagínense una institución que estuviera siempre dispuesta a consolar al deprimido, a dar una mano al que, habiendo caído, quiere levantarse, a orientar a las familias en crisis. Imagínense una institución que fuera el paradigma de la defensa de los más débiles frente a la prepotencia de los poderosos, poniéndose al lado, por ejemplo, de los niños que están aún en el vientre de su madre.
Imagínense una institución que fuera capaz, quizá la única en el mundo, de ejercer de contrapoder moral a la dictadura legal en que a veces se convierten las mayorías parlamentarias. Pues bien, si logran imaginarse una institución así, ¿les gustaría formar parte de ella, colaborar con ella, ayudarla a que pudiera llevar adelante su extraordinaria y heroica labor? Seguro que sí.
Y también estoy seguro de que presumirían de ello y que les dirían a unos y otros que son miembros y colaboradores de esa institución, sintiéndose unos privilegiados por hacerlo.
Pues bien, dejen de imaginar porque esa institución existe. Es la Iglesia católica. Es la Iglesia fundada por Cristo. Y pertenecer a ella, ayudarla con la oración, con los bienes y con la vida entera es lo mejor que nos puede haber pasado en la vida. Ser cristiano es formar parte de una familia que está al lado del que sufre, del inocente, frente a la siempre tiránica zarpa del poderoso. Ser cristiano es, simplemente, un privilegio. El mayor de todos.
Santiago Martin (La Razón)
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¿Y por que será que las mayorías no ven así a la Iglesia católica? De dicho al hecho hay mucho trecho. Dejen de sobrevalorarse, por favor. Lo importante no es cómo ustedes se ven a sí mismos, sino como los ven los demás, y no es así. Tanto que tienen que publicitarse con artículos como este, porque toda esa maravilla institucional no se percibe, está tan escondida que no se capta así.
La Iglesia católica como institución es vertica, y se asocia siempre con el poder de derechas, trabaja unida a éste, no con los marginados y oprimidos, esto pudo ser en tiempo de Jesús, y con la Teología de la Liberación, pero la línea oficial de la Iglesia lamentablemente no va por ahí.
Lo único que se puede leer de La Razón son los artículos de Mons Carles y Mn Santiago Martín.
No obstante, visto el comportamiento liberticida de su director Sr Marhuenda, hoy mismo he dejado de comprar La Razón.
Por fín lo reconocen abiertamente: la Iglesia está contra la dictadura legal de la mayoría (es decir, no acepta la democracia), pero no tiene nada contra las dictaduras que funcionan sin democracia, salvo que sean de izquierdas.
Muy bien Santiago por su artículo.
No tengamos falsos respetos y temor a los que callan o denigran, y seamos valientes para comunicar lo mucho que de valioso y luminoso tenemos en la Iglesia.
Se le ha olvidado no obstante una cosa, y es que pocas sociedades, instituciones, etc., piden Perdón por sus pecados u ofensas a lo largo de la Historia, y además prodigan la Misericordia entre sus seguidores y los que no lo son. ¿Cómo podríamos medir, valorar, etc., los efectos de la aplicación de este proceder, --y otros muchos más que no digo--, en la sociedad?.
Por eso y muchas cosas, gracias hermanos por lo que compartisteis conmigo, y por haberme enseñado a ser feliz compartiendo con los demás.
Al comentario de Ángen García de Frutos:
La cuestión es... Qué sería de la iglesia católica sin vosotros...?
Quién cabalga sobre quién...?
no es un privilegio, es un don que comporta una misión...
Ratifico todo el articulo punto por punto. Que sería de nosotros sin la Iglesia Católica.
Totalmente de acuerdo con el artículo. Su tesis coincide casi plenamente con un thriller teológico que acabo de leer, La Púrpura Negra, una novela de Luis Murillo que es interesantisima, tanto desde el punto de vista argumental como ideológico. La historia de un Papa progresista que produce una revolución copernicana en la Iglesia. Casi imprecindible para quien tenga preocupaciones religiosas.
Sábado, 18 de febrero
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