Ante el atentado que ha tenido lugar esta mañana en el edificio Central de la Universidad de Navarra deseo hacer público, en mi nombre y en el de toda la Iglesia diocesana, el sentimiento de dolor y rechazo que estos actos nos producen. El primer sentimiento que se levanta en mi corazón es el de una gran compasión y solidaridad con los heridos de este atentado. Compasión que quiere ser oración por ellos y afecto y apoyo para los familiares, compañeros y amigos de los afectados. Quiero también manifestar mi especial cercanía de Obispo y Pastor con toda la Comunidad Educativa de la Universidad de Navarra encabezada por su Gran Canciller y por su Rector. Me siento muy unido a todos los que en ella trabajan o estudian.
En el nombre de Dios, en nombre de los sentimientos más nobles y más profundos que alientan en los corazones de los cristianos y de todas las personas rectas y sensatas, tenemos que condenar absolutamente estas atrocidades. No hay ninguna ideología, ningún proyecto político, que pueda justificar el desgraciado atentado de esta mañana.
El buen Dios de la paz, la presencia de Jesucristo, Príncipe de la paz, la acción santificadora del Espíritu Santo nos ayuden a estar a la altura de las circunstancias, a cumplir cada uno nuestras obligaciones y a luchar juntos, con las armas de la justicia y de la convivencia civilizada, contra esta amenaza del terror. Que nuestra Madre del Amor Hermoso, nos dé pronto a todos el gozo y la paz.
+ Mons. Francisco Pérez González
Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela
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¡Qué ridíciulo el alfonsino ese!
Agradezco a D. Francisco la prontitud de esta nota, nos está demostrando que está cerca del pueblo en numerosas ocasiones. No es un gesto político, es el buen hacer, el servicio, el cuidado del pastor para con su rebaño. Es la consecuencia del AMOR.
Mi compasión y mi oración para con los terroristas, ellos están en una espiral de odio y violencia que les impide ver la maravillosa obra que es la VIDA y en estos momentos son quien más necesitan nuestras oraciones.
Don Francisco no sólo aparenta que está cerca de sus fieles diocesanos; lo está ciertamente. Una muestra es la prontitud con que redactó estas líneas de condolencia y acompañamiento misericordioso. No sólo es su derecho hacerlo; tiene también el deber de hacernos sentir su voz de pastor, tanto condenando el atroz terrorismo que nos invade y la locura de quienes lo apoyan y fomentan, como recordándonos los ideales superiores que animan al cristiano y a todo hombre de bien a superar las diversas pruebas. Los cristianos tenemos la esperanza de que el bien terminará venciendo y, para lograrlo, hemos de colaborar activamente en la lucha contra toda injusticia y en el favorecimiento de cualquier medida que aúpe la dignidad del hombre y la convivencia en la paz. Enhorabuena, monseñor.
Alfonso, según usted la Iglesia debe hablar del sexo de los ángeles, venga, ya, no sabe qué decir para criticar lo que no ama. Se le ve el plumero,
Ya estan los Obispos cuando la ocasion lo permite, que es casi siempre, hablando un mensaje claramente en clave politica.No hay mas que leer la nota.
Y Mons Perez no es nada en comparacion con el Cardenal Rouco...gran apasionado de la "alta politica" en fin... con estos "apostoles" vamos listos.
En paises mas serios, como Alemania, alli no se andan con bromas. LA CONFERENCIA EPISCOPAL ALEMANA ha dicho muchas veces publicamente que NO QUIEREN SABER NADA DE POLITICA.
Punto y final. San se acabo.
La mision de la Iglesia es otra...
no se puede servir a dos señores... o se sirve al inmanentismo o se sirve a la trascendencia.
Viernes, 1 de junio
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