Mientras disfrutábamos hace unos días del magnífico paisaje de la Sierra del Guadarrama vista desde Cercedilla, la conversación con un grupo de amigos derivó hacia el tema de la predestinación. Mi amiga Elena, de profundas convicciones católicas, sostenía que ella tenía el sentimiento de que Dios había intervenido de forma decisiva en su vida.
Yo argumenté que, si hay un Supremo Hacedor que influye en nuestra biografía, me cuesta trabajo entender por qué existe el mal en el mundo. ¿Interviene Dios también en nuestras desgracias?
La pregunta me la he vuelto a formular tras el terrible accidente de Barajas. ¿Estaban esas 154 personas predestinadas a morir en el siniestro? ¿Consintió Dios en la muerte de esos inocentes? ¿Se deriva algún bien moral de la catástrofe?
No tengo, por supuesto, respuesta a ninguna de estas preguntas, pero creo que es imposible conciliar la defensa del libre albedrío -tan apreciada por los escolásticos cristianos- con la idea de la predestinación divina.
Si Dios interviene en nuestras vidas, lo hace con todas las consecuencias y es, por tanto, responsable de lo que nos sucede. Y si no interviene, no podemos achacarle nada de lo que pasa.
Esta segunda hipótesis nos llevaría al escepticismo sobre la existencia de Dios o a una concepción deísta, similar a la de Hume y Voltaire, por la que el Ser Supremo se ha limitado a crear las leyes que rigen el Universo pero no interviene en los asuntos cotidianos de los hombres.
La hipótesis de este alejamiento o silencio de Dios me parece igualmente absurda porque si el Supremo Hacedor es infinitamente bueno no puede permanecer ajeno al sufrimiento de las personas y menos a los terribles genocidios que hemos conocido.
El argumento más sólido para desconfiar de la existencia de ese Gran Relojero es la proliferación de ese mal que produce infiernos como Darfur, donde siguen muriendo a diario cientos de personas de hambre bajo la pasividad de Occidente.
No creo que esos desgraciados estén predestinados a padecer una vida en condiciones insoportables, como tampoco creo que Dios elija a unos seres humanos para hacer el bien y sea tan cruel con otros. Ello me lleva a concluir que muchas de las cosas que nos suceden se producen por puro azar y que, por tanto, son tan imprevisibles como el accidente de Barajas.
Parafraseando a Mallarmé, una tirada de dados nunca abolirá el azar. Nuestra vida es, pues, pura incertidumbre. Y el destino, una manera de nombrar lo que no conocemos.
Pedro G. Cuartango (El Mundo)
Lo que ocurre es que usted parte de unas premisas equivocadas. Todos tenemos nuestros motivos religiosos basicos. Estos son absolutos. Sus absolutos son los siguientes: "No exite el pecado, Dios no interviene en nuestras vidas, porque creo como absoluto que soy, que debe intervenir como yo digo, los accidentados eran inocentes" etc. etc. Pues mi amigo asi como usted tiene absolutos, un servidor tambien. Los mismos se basan en una fuente de autoridad que declara que viene de Dios. Esa fuente de autoridad dice: "Que el ser humano es pecador, no tiene derecho a nada, que DIOS gobierna todo lo creado,DENTRO DE UN GRAN PLAN INFINITO y que la solucion para la verdadera felicidad es reconocer su condicion de pecador y recibir a Jesucristo como su unico SALVADOR. Veamos quien tiene razon al final.
Dios Deja en libertad al hombre y este tiene que usar prudentemente la misma, y de esta se desliga la responsabilidad moral del sujeto, por otro lado nuestras deciciones siempre tendarn consecuencias optimas, buenas, regulares, malas o pesimas.
Depende de mí o de tí hacer movidos por el E.S. del mundo un mundo mejor para vivir.
Sí el hombre desde siempre hubiera optado por seguir su recta razón este mundo literalmente sería el Pariso, ese jardin cerrado que nos dice el genesis. Pero bueno esto no ha sido ni es, entonces tenemos que luchar para implantar los valores del reino y para hacerlo habra que motivar el seguimiento a la persona de Cristo evangelizar a tiempo y a destiempo como diria el apostol. Tambien sera muy efctivo vivir como Cristo para lograrlo.
Atte,
D
Es muy infantil echarle las culpas a Dios de todo lo malo que pasa, ¿en que quedamos, somos adultos o no? y si lo somos ¿no somos responsables de nuestros errores y nuestras maldades?.
Al final, el infantilismo es propio de los que no creen en Dios, que manipulan Su bondad, para quitarse de encima la responsabilidad humana.
Un Dios que tuviera que responder a nuestra pobre lógica de lo bueno y lo malo, ya no sería Dios, sería poco más que un guardia o un sereno, pendiente de que la calle esté tranquila. Los caminos del Señor nos son desconocidos.
La muerte de Jesus en el calvario , nos da razon como dice S. Pablo de que lo que llamamos mal puede ser un bien superior Si Jesus no hubiera muerto, no habria resucitado y vana seria nuestra fé. Jesus nos da un sentido nuevo de lo que puede ser el sufrimiento del hombre.
Para un cristiano Dios es Amor. Nos ha creado por amor y nuestro fin es el amor y para que podamos vivir en el amor necesitamos ser libres: sin libertad mo es posible el amor. Jesucristo nos dice que Dios es nuestro Padre; por tanto, el cristiano confía en el providente cuidado paterno. Por otra parte, el cristiano nunca pierde de vista la vida eterna. El paso por este mundo es efímero "sus días [del hombre] son una sombra que pasa..." Teniendo eso en cuenta, hay que ver quién ocasiona el mal... ¿acaso no es el hombre con su conducta, sus ambiciones, sus prepotencias? Otra cosa sería las muertes por catástrofes naturales, pero para un cristiano, en la perspectiva de la vida eterna, eso no sería un mal en sí. Jacinta (la de los pastorcillos de Fátima) decía, cuando la amenazaban con matarla, que mejor, que así iría antes al cielo.
Estamos en un terreno en el que el razonamiento no sabemos si es objetivo porque nos movemos, yo por lo menos, más entre la intuición y la percepción.Yo imagino la vida como un camino que creamos según lo andamos.Está lleno de cruces y bifurcaciones que tenemos que elegir,porque siempre somos libres de acertar o equivocarnos en la elección.Cada decisión que tomamos hace que cambie el camino y si es equivocada siempre hay la posibilidad de rectificar porque solo si acertamos las cosas irán bien y seremos personas felices.Creo que el futuro está escrito pero con un abanico tan grande de opciones que nos llevan a situaciones a veces negativas y lo que decidimos influye en nuestro entorno y todas las personas influimos en una interconexión gigantesca que decide y define al mundo. Las injusticias, el mal,la indignidad,la miseria existen porque personas deciden con sus elecciones que eso ocurra pero todos tenemos el poder de cambiar las cosas.No se si lo habeis entendido,es muy complicado .
Remo: siento no poder aplaudirte. Lo has expresado muy bien. Solo lamento que no lo hayas explicado en palabras lo bastante sencillas para que se entere bien el Sr. Cuartango.
Perdón, contiúo. Lo que creemos es que Dios sí actúa en la historia del hombre, de cada hombre, íntrínsecamente. Es decir, en el curso de los acontecimientos que tienen su "propia" autonomía y dinamismo físico, psíquico y su libertad. Esa acción de Dios no destruye ni niega la realidad "creada", pero sí ayuda a cada ser humano precismaente en cada acontecimiento, unos buenos y otros, al menos para la percepción del hombre, no. Aunque la bondad o maldad de los hechos requiere, a su vez, una intencionalidad. Es decir, sólo es atribuible a las acciones personales. Si en el accidente de Barajas hubo intencinalidad o neglijencia, es ahí donde recae la cualificación moral de bien o mal. Si hubo fallo físico o error humano, pero no intención de causar daño, no. Aunque es evidente que los que murieron y sus familias viven la catastrofe como un mal, porque les priva de la vida, no habría mal moral intencionalmente producido. ¿Es la muerte, al fin inevitable siempre un mal que Dios debe evitar?
Cree Pedro G. Cuartango que sólo es creíble lo que Bonhöffer llamaba el "Dios tapa-agujeros"; es decir, un Dios creador del Universo, con su dinamismo y leyes propias, en el que el hombre posee su propia libertad, responsabilidad y capacidad, pero en el que, sin embargo, para poder justificarse ante el hombre, debe intervenir constantemente modificando sea el curso de los fenómenos naturales sea el devenir resultante de las acciones, decisiones u omisiones de los hombres. Unos hombres que, para justificar a Dios, deberán ser siempre "menores de edad" y un mundo físico que, para que su propia dinámica cuando afecta al hombre no produzca nada o, almenos, nada que le frutre en sus propias espectativas, debería ser modificando en cada ocasión. Lo que un pensador medieval llamaba "ocasionalismo". Pero es que Pedro no ha pensado bien hasta sus últimas consecuencias sus propios argumentos. Ese Dios sí sería la negación del mundo y del hombre.
Personalmente, no creo en la "predestinación", puedo creer en el "destino" que no es lo mismo.
Por otra parte, está muy claro por qué existe el mal en el mundo: porque así lo quiere la libertad de las personas. Ultimamente, da la impresión que la gente se olvide (no sé si interesadamente o no) de las palabras que tan bien dijo Cervantes: "La libertad, Sancho, es el mayor de los dones que Dios ha dado al hombre". Tan grande, que hasta nos permite hacer un mal uso de ella.
Jueves, 4 de diciembre
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