Rumores de Ángeles

La hora de los caldos

01.03.08 | 19:00. Archivado en Conferencia episcopal
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El presidente de la CEE debe ser católico. Lo que más necesita nuestra sociedad es ser católica: es decir, universalista, inclusiva, unida en la diversidad. No se necesita una presidencia ultracatólica, sino un presidente simplemente católico: que una, que incluya, sentido por todos y para todos. Es urgente que la Iglesia española encuentre un hombre que no sólo reclame obediencia, sino que suscite ese sentimiento y gusto por la unidad.

En medio del mayor punto de tensión que a comienzos de año coronaba este último período, el nuncio Monteiro invitó a ZP a compartir un caldo a la hora de la cena. Es un gesto público que nos enseña que parte del problema es de concordia. Nuestros conflictos se multiplican porque no hay una buena relación que sea la infraestructura del debate público. Se ha ido demasiado lejos en gestos y estilos. Ésta es la hora de la comensalidad, de tejer concordia, de convivir antes de discutir; es necesario sentarse y reparar los puentes rotos con la sociedad civil, política y cultural. Y dentro de la Iglesia. La comensalidad con todos es un imperativo de la función episcopal.

Desolación y mudanza

En conjunto, pese a todo, la Iglesia española ha alcanzado en este período notables éxitos en sus negociaciones con los gobiernos nacionales y autonómicos. Ha sido un tiempo que en la práctica ha estado más presidido que en anteriores ocasiones por la negociación y el acuerdo. Quizás por ello se hayan suscitado reacciones en el sentido contrario, desproporcionando los motivos, rozando la deslegitimación de la democracia, de la Corona o de la inmensa mayoría de las escuelas católicas. A entender de muchos, se ha jugado con la manipulación partidaria, algo que a medio plazo regresa contra el rostro de la propia Iglesia. Estamos viviendo la tentación que ya vivió la Iglesia estadounidense cuando los nuevos movimientos fundamentalistas armaron la lamentable Mayoría Moral. Nuestros problemas no son teológicos, sino pastorales; no tenemos problemas de ley, sino de prudencia.

Ha habido acciones que en gran parte del pueblo y la comunidad eclesial han creado, en una parte, sentimientos de temor, desolación, marginación, desilusión y, en otra, han promovido revancha, acritud, martirio, cierta violencia y dureza de corazón. Vivimos un tiempo de cierta desolación porque tener miedo no es de Dios, y todavía es menos de Dios dar miedo. Pero los fuertes desafíos en nuestro mundo no nos permiten el desánimo ni el desaliento. Necesitamos una presidencia que anime, reconcilie y, a la vista de su propio carácter, suscite esperanza en la gente.

Colegialidad o presidencialismo

El problema se ha manifestado visiblemente en dos estilos de comprender las competencias de la presidencia. Uno que la entiende de forma más presidencialista y otro que la comprende más colegialmente y respeta los ámbitos competenciales de cada presidente de comisión, cada diócesis y cada institución.

Se critica hasta la saciedad al modelo de gobierno eclesiástico, pero un valor importante del que sería bueno que muchas organizaciones aprendieran es el de la tradición eclesial de la colegialidad. Incluso sería bueno que aprendiéramos en la propia Iglesia. Por el contrario, la sociedad mediática y las agencias de poder nos reclaman que tomemos su forma; nos demandan –a veces los propios fieles– a comportarnos con un modelo más presidencialista del que es propio de nuestra tradición católica. En la presidencia no necesitamos a un héroe, sino a alguien que discretamente cultive la autoridad que da la colegialidad cotidiana.

Sin duda, el presidente de la CEE se convierte automáticamente en un icono de la Iglesia española, pero está en su mano lograr que se vea que el verdadero icono sea el propio cuerpo eclesial, mostrando lo que de unitario hay en sus plurales iniciativas.

Sanar heridas y reconciliar

La Iglesia española necesita a la cabeza de la Conferencia Episcopal a un presidente pontonero, a quien tenga el don de puentes y lenguas, capaz de encontrarse y explicarse. Hay una especial necesidad de reconciliar, de reunir, de pacificar. Sería necesario alguien que se dejara acompañar, que no tuviera miedo a andar por la calle y hablar con la gente de a pie. Tan preocupados que estamos por el ecumenismo interconfesional y el diálogo interreligioso, deberíamos hacer sobre todo esfuerzos concretos por trabajar el ecumenismo en el interior de una Iglesia a la que le pesa el sentimiento de división. Una presidencia que no nos lleve a Masada, sino a la plaza de Pentecostés. Necesitamos estar presididos por la concordia. Es la hora de los caldos.

Fernando Vidal Fernández-Sociólogo. Universidad Pontificia Comillas

13 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por nosé 03.03.08 | 13:52

    La Iglesia católica camina de victoria en victoria hacia la derrota final.
    Sigue propiciando la confrontación social. Continúa utilizando el victimismo como arma política. Intenta cortar cualquier intento de diálogo. Ampara el insulto y promueve la crispación.
    Disimula sus auténticas intenciones (recuperar el poder y la influencia perdidos) bajo el manto de la persecución, acusando al Presidente del Gobierno de ser el Nerón contemporáneo.
    ¡Qué lástima de iglesia!


  • Comentario por Hispalense 02.03.08 | 22:33

    Domenicus, si no te gusta la Cope, con no escucharla basta.Por lo demás ¿cómo sabes tú que es igual que la radio esa ruandesa? ¿Es que tú escuchabas dicha emisora? Vamos hombre, que ya estáis muy vistos.

  • Comentario por lomillo 02.03.08 | 18:42



    buenos chavales todos los de añastro..todos majetes...empezando por anasin cañizares y caifasiño rouco... todos, todos...

  • Comentario por Domenicus 02.03.08 | 13:00

    Y si además los obispos creen en Dios y no en el PP, mucho mejor.
    Muchos católicos jamás olvidaremos que estos señores, tan politizados, han convertido la Iglesia en una secta.
    Y son titulares de una emisora semejante a la genocida Radio de las Mil Colinas: odio, rencor y resentimiento contra todo el que no opine como el Losantos, el Villa o el Vidal. La COPE.
    ¡Quér asco, monseñores!
    ¡Qué repugnancia y qué horror!
    Pero la Iglesia, gracias a Dios, es mucho más grande que ustedes.

  • Comentario por Todo muy masónico 02.03.08 | 11:18

    Sí. Un caldo de cultivo masónico en la logia masónica "concordia".
    ¡Qué mal suena esto!

  • Comentario por Jeremías 02.03.08 | 10:07

    Lo que la Iglesia necesita son sociólogos que, además de autodefinirse como simplemente católico, no digan simplezas impropias de una Universidad Católica.

  • Comentario por JV 01.03.08 | 22:23

    Ojalá sea así: un presidente católico, cercano, más próximo al afecto que a la rigidez, abierto al mundo, cerrado a las nostalgias del nacional-catolicismo, testimonial, evangélico, que no tenga miedo y, sobre todo, que no inspire miedo. Con esos datos ya se caen de la lista varios "pastores" que uno no logra explicarse cómo han llegado hasta ahí. Bueno,... hasta en la Iglesia hay trepas. Que Dios inspire a nuestros obispos para que hagan la mejor elección. Me temo que si sale Rouco o Cañizares la desbandada en las propias filas de los creyentes va a ser sonada. Y yo seré el primero en sentir la decepción más agria. Por eso, que Dios nos ayude y no le cierren las ventanas al Espíritu.

  • Comentario por anarico 01.03.08 | 21:07

    Para el que aspire a presidente de la "asamblea de los cínicos" en este blog, sin duda, encontrará buenos consejos y cosejeros. Pero la Iglesia debe ser otra cosa muy distinta y contraria a "rollitos" y cosas de esas.

    Es de desear, que la Iglesia, Madre y Maestra, tenga ministros que conozcan la Santa Doctrina a ser posible por experiencia, o por lo menos, si la conocen de oídas que sea de la boca de los Genios y Santos Doctores de la Iglesia. Evidentemente, la claridad en la doctrina, excluye el "todo vale" y promueve un orden en las cosas. En cualquier caso hay libertad para estar o no estar: la Iglesia no es como el Ministerio de Hacienda que dicta normas y dispone para todo el mundo. Pero lo más radical es:
    Dios es la Verdad y la Vida

  • Comentario por Hispalense 01.03.08 | 21:03

    ¡ Y esto lo escribe uno de la universidad pontificia de Comillas ¡ ¡Con semejantes amigos , la iglesia no necesita enemigos ¡

  • Comentario por jose 01.03.08 | 20:39

    Si señor. De acuerdo por completo con usted. Hace tiempo que no leía un artículo tan sensato como el suyo. Es una pena que exista siempre algún troll que le busque reviravueltas a todo, pero... quien no tiene otra cosa que hacer... Gracias por compartir su pensamiento.

  • Comentario por en espera de Pentecostés 01.03.08 | 20:01

    Me parece que esa es la política a seguir. Más le vale a la Iglesia hacer las cosas ahora de otra manera, llegan nuevos vientos.

  • Comentario por Jovi 01.03.08 | 19:32

    al Sr. Vidal: creo que es necesario explicar qué significa pontonero, es decir, que tienda puentes, pontífex, mediador, eclesial, como Jesús en una palabra.

  • Comentario por Hermenegildo 01.03.08 | 19:15

    ¿Qué significa eso de un presidente que no sea ultracatólico? ¿Quiere decir que sea menos católico? Cuántas chorradas.

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