La Iglesia ortodoxa venera como santo al emperador Constantino, pero Dante lo relega al infierno. En el círculo superior, el de los que casi se salvan, están los que pecaron por amor, como Paolo y Francesca de Rímini, mientras que los simoníacos, y entre ellos Constantino, están mucho más abajo, en el octavo círculo. Dante lo increpa duramente: "¡Ay, Constantino! ¡De cuántos males fue madre, no tu conversión, sino aquel dote que de ti recibió el primer Papa rico!". Dante acertó en los considerandos y en el fallo condenatorio, pero estaba equivocado en los resultandos.
Domingo, 6 de julio
Alfonso Saborido Salado
Fidel Mateos Rodríguez
Ricardo Próspero Morales
Pedro Tarquis
José María Rodanés Martínez
Miguel Ángel Malavia
ADIÓS AYER
Máriam Mudarra
Rodrigo del Pozo Fernández
Octavio Cortés
Daniel Salsamendi
Asoc. Humanismo sin Credos
Sor Lucía Caram O.P
Francisco Margallo
Julián Moreno Mestre