El obispo de Bilbao y presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, se encontraba de visita en Roma cuando ETA decretó la ruptura del mal llamado «proceso de paz». A última hora de la tarde del pasado martes, el prelado recaló en el aeropuerto de Sondika, haciendo previamente escala en Madrid.
Ricardo Blázquez no usa móvil, pero sí se puso en contacto con la sede de la Conferencia Episcopal, en la que el secretario general, Juan Antonio Martínez Camino, se encontraba ultimando un comunicado con la opinión de la Iglesia española frente al nuevo desafío de ETA. Fuentes episcopales aseguraron ayer a este diario que «el texto fue consensuado por la plana mayor del Episcopado», esto es: el presidente, el vicepresidente, Antonio Cañizares, y el secretario general, siendo informados todos los miembros del Comité Ejecutivo.
El comunicado episcopal veía la luz pocos minutos antes de las ocho de la tarde. En él, la Casa de la Iglesia denunciaba el «atrevimiento» de ETA para «amenazar una vez más a la sociedad con sus acciones criminales» y calificaba a los terroristas de «criminales a cuyas conductas ha de ser aplicada la Ley con todo su justo rigor».
Al tiempo, el Episcopado recordaba la Instrucción Pastoral de noviembre de 2002 sobre nacionalismo y terrorismo, que «conserva plenamente su valor», y recordaba a «las víctimas del terrorismo y sus familiares», pidiendo para ellas «la oración y el apoyo».
Una hora después, los obispos de las diócesis vascas (Uriarte, por San Sebastián; Blázquez y Echenagusía, por Bilbao, y Asurmendi, desde Vitoria) hacían pública otra nota, con bastantes matices respecto a la anterior. Blázquez, recién llegado a su residencia, apenas tuvo tiempo de leerlo, pese a lo cual estampó su firma.
En el comunicado de las diócesis vascas -que algunas fuentes han apuntado «ya estaba preparado, puesto que el entorno de Uriarte esperaba, desde hace días, el anuncio de ETA»-, a diferencia del emitido por la Conferencia Episcopal, no se hablaba de «terrorismo» ni había referencias a la Instrucción Pastoral. Los obispos vascos «compartimos el sentimiento de frustración y de dolor extendidos entre la población», y añadían que la violencia «debe desaparecer sin contrapartidas».
«Es preciso seguir buscando la paz», añadían los prelados, y reconocían «el trabajo paciente de quienes se empeñan con honradez y sinceridad en mantener abiertos los caminos hacia la paz y la reconciliación». Sobre ETA, la nota se limitaba a señalar que «quienes ponen en peligro el camino hacia la paz y minan la esperanza, contraen ante la sociedad, ante la historia y ante Dios una gravísima responsabilidad».
El ejemplo del martes ha sido el último de toda una serie de diferencias que han marcado las opiniones del Episcopado español y el vasco en este «alto el fuego». Como sucediera durante la «tregua-trampa» de 1999, ha vuelto a darse una situación, que fuentes eclesiales no dudan en calificar como «la existencia de dos iglesias para un mismo «proceso»».
Y es que, antes incluso de que ETA anunciara el cese de la violencia, y como en 1998, destacados miembros de la Iglesia vasca han participado, de modo más o menos activo, en la «cocina» del proceso. Así, en enero de 2006 se supo que, con la aquiescencia de Uriarte (y el desconocimiento del Episcopado), varios eclesiásticos trataban de «tender puentes» entre el Gobierno y ETA.
Se trataba de Joseba Segura, sacerdote vizcaíno actualmente residente en Ecuador, quien sirvió de introductor en los medios políticos vascos de Alec Reid. El religioso redentorista irlandés, conocido por su intervención en el proceso de paz en Irlanda del Norte, desarrolló desde 2004 una labor de «acercamiento» entre diversos grupos políticos, sociales y económicos del País Vasco con la izquierda abertzale. Para su labor, Reid ha contado con el «apoyo logístico» de la diócesis de Bilbao, que puso un coche a su disposición, así como diversos alojamientos. Finalmente, y en el caso de avances significativos en el «proceso de paz», la figura elegida por este sector de la Iglesia vasca para ejercer de mediador entre ETA y Gobierno era el cardenal francés Etchegaray.
Al igual que en el caso de la «tregua-trampa», la defunción del actual «proceso de paz» también ha sido visto desde Roma como un «fracaso» de cierto sector de la Iglesia vasca, capitaneada por Juan María Uriarte. Un mes después de la ruptura de la «tregua-trampa», el Vaticano relevaba a José María Setién al frente de la diócesis de San Sebastián, colocando en su lugar a Juan María Uriarte, el mediador durante aquella «tregua».
Jesús Bastante (Abc)
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Pues que declaren la autonomía de la Conferencia Episcopal Vasca, como ya existe un obispo de gibraltar, que no depende de los tardo-franquistas nacional-católicos
¿Esta es una sección religiosa o de anti-religión para memos y memócratas?
Vaya papelón el de Blázquez, que en Madrid dice una cosa y en Bilbao la "matiza".
Como decía uno de nuestros más grandes poetas: Una de las dos iglesias te acabará helando el corazón. En este caso, claro, hablamos de la iglesia de los Roucos, Cañizares, Caminos, obispos de Huesca y otros. Hablamos de la iglesia mero apéndice del PP, hablamos de la Iglesias que ha dejado vacías las iglesias. Hablamos de la iglesia que ni es sal, ni luz, ni buena noticia para los que necesitan buenas noticias. Hablamos de la Iglesia preocupada de nimios problemas de cintura para abajo mientras calla cobardemente ante los grandes poderes económicos que tuiienen esclavizada a la mayoría de las familias. Una iglesia triste, gris e innecesaria.
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