España es una nación multisecular, producto de una fecunda historia y de las costumbres y tradiciones arraigadas en la vida social y personificadas en la familia como núcleo esencial sobre el que aquéllas se asientan. La celebración de la Navidad y sus hondas raíces cristianas son sin duda una de esas señas de identidad colectiva.
Los «belenes», la «misa del Gallo», los villancicos y otras hermosas formas de recordar el nacimiento de Cristo son buena prueba de que una sociedad es una realidad viva y dinámica que no puede ser moldeada según la voluntad de los gobernantes. Por eso mismo, el concepto de laicismo sectario y excluyente que pretende instaurar la izquierda radical -incluidos algunos sectores del PSOE- está llamado al fracaso. Sobre todo, porque no sintoniza con la voluntad mayoritaria de los ciudadanos ni respeta el sentido de las instituciones forjadas a lo largo de muchas vivencias comunes.
La propia Constitución reconoce la realidad histórica y sociológica al mencionar de forma específica en el artículo 16 a la Iglesia católica, exigiendo a los poderes públicos que mantengan con ella unas relaciones específicas de cooperación. El laicismo, por tanto, tampoco cabe en el ordenamiento jurídico vigente.
Sin perjuicio de la libertad de conciencia y de la igualdad de todos ante la ley, sería absurdo ignorar que el arraigo del catolicismo en España no puede equipararse con el de ninguna otra confesión religiosa o doctrina filosófica. Por ello han causado sorpresa e irritación ciertos episodios, cuyo valor es algo más que anecdótico, en los que se pretendía eliminar de algunas escuelas el significado cristiano de la Navidad en nombre de un falso respeto a otras convicciones morales.
La Navidad es también la fiesta familiar por excelencia, punto de encuentro de varias generaciones que, por las circunstancias de la vida moderna, no siempre conviven de forma continúa en otras épocas del año. Abuelos y nietos, parientes más o menos próximos y personas cercanas a la familia, todos encuentran en estas fiestas navideñas el momento de recordar y renovar esos afectos profundos.
Las navidades de siempre, con la familia y con las tradiciones son el mejor reflejo de una forma de ser que no puede alterarse por la imposición artificial de ideologías abstractas. Se equivocan al no reparar en ello los redactores del reciente documento socialista que pretende generalizar una visión laicista del Estado, de espaldas a la Constitución y, como cualquiera puede comprobar en estos días, a la realidad social.
Editorial de Abc
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Dejaros de politizar la navidad,no es de izquierdas ,ni de derechas,es ,de quien la siente ,la disfruta ,la goza....estoy totalmente de acuerdo con el comentario de arriba,hoy día gastar y gastar,si no te gastas mas de 3oo euros en regalos ,no vales nada...es la sociedad de consumo que hemos creado,la navidad tambien es compartir con los que tienen menos,pasear con la familia ,ver los Belenes de las plazas,pasar tiempo con tus padres,hermanos....esa es la Navidad auténtica para mí.
Viernes, 17 de febrero
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