Muy querid@s amig@s de Somos Iglesia: Permitidme la confianza de estas palabras ingenuas. Biológicamente estaríais ya a las puertas de la a dolescencia, esa edad maravillosa y difícil en la que ya se tienen muchas cosas que decir y poc@s te oyen, esa edad en la que estás llen@ de vida y, ¡ay! tantas cosas te reprimen... ¡Pero a esa edad ya nadie tiene derecho pasar desapercibid@!
Para vosotros la infancia ha sido muy inquieta. Habéis traído de cabeza, y con razón, a toda la familia. No os ha gustado ese hogar en el que habéis nacido, en el que habéis ido creciendo. Os habéis rebelado y pateado, y con razón, desde todos los ángulos de la vieja casa. Porque la queríais demasiado y no podíais vivir sin ella, tampoco era cuestión de abandonarla. Pero teníais razón para estar enojad@s y la gritabais a todos los vientos: “¡No nos gusta nuestro hogar ni nuestra familia como está siendo! Porque la queremos mucho, porque es también nuestra, la queremos de otra manera, más familiar y equitativa, más libre y cariñosa, más ciudadana y más mundana, más utópica y más justa”. No os han gustado ni sus normas domésticas para andar por dentro, ni las manías que os imponían cuando regresabais desde fuera. Y os habéis rebelado, y con razón. No se ha contado con vosotr@s que sois la vida en ebullición, la recreación, el futuro de la familia. ¡Qué lástima!
Y ahora que ya estáis entrado en la adolescencia, ahora que ya vais siendo mayorcit@s, ¿os tendrá en cuenta vuestra propia familia? Quizás se siga despistando una vez más porque, como bien sabéis vosotr@s, anda metida en muchos afanes: Anda reparando la vieja casa familiar que cada día se va mostrando más deteriorada por dentro y anda defendiendo por ahí fuera la gran hacienda que ha ido acumulando desde cuando era niña. Piensa que es su tesoro, su patrimonio y lo intenta defender, de forma equivocada según vosotr@s, con uñas y dientes ante todo lo que considera una amenaza. !Demasiadas tareas!. No os extrañe que se siga olvidando de vostr@s, metida como está en tantos afanes... Pero vosotr@s sois l@s adolescentes llen@s de vida, de ilusión, de coraje y de utopía. Por eso tenéis necesidad de seguir pataleando, gritando, haciéndo notar vuestra presencia. Para eso habéis empezado a sentir sobre los hombros, a lo mejor de forma prematura, el peso de tantas buenas cosas que se acercan agigantadamente desde el futuro?
Sí, probablemente vuestra familia se va a seguir despistando y no va a caer en la cuenta de que estáis ahí; a lo mejor intenta, como ha hecho otras veces, pasar de vosotros porque la seguís molestando y desviando de su plena dedicación a aquello que en verdad le interesa. ¡Y vosotros, por experiencia, porque sois de casa, sabéis muy bien lo que a vuestra familia le interesa! Pero no os desaniméis. Vuestra simple presencia ya es garantía de vida y de principio de regeneración.
Recordad aquellas hermosas parábolas que os dedicó aquel Jesús que a vosotros os seduce. Decía él: mantened, a pesar de todo, la fuerza de la levadura que, al final, hace fermentar toda la masa. O aquella otra: lo que vosotros queréis, buscáis, exigís es "como cuando un hombre siembra la semilla en la tierra; él duerme de noche y se levanta por la mañana y la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano en la espiga..." Y así.
En fin, amig@s y herman@s de Somos Iglesia: Estamos muy contentos de que estéis a nuestro lado luchando nuestras/vuestras causas, que son las grandes causas de familia. Con vosotros en casa todo es diferente: Hay alegría y vitalidad, sueños y utopía, hay Espíritu y Buena Noticia que un día dejará de serlo porque será ya realidad. Algunos de nosotros, que también hemos sido adolescentes y hemos pasado por situaciones similares, seguimos, a pesar de todo, confiando en vosotr@s, os seguimos queriendo y felicitando.
Un abrazo muy cordial
Evaristo Villar
Jueves, 16 de febrero
José Manuel Vidal
José Arregi
Juan Fernandez Krohn
Francisco Margallo
Vicente Luis García
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Manuel Mandianes
Urbano Sánchez García
Josemari Lorenzo Amelibia
Religión Digital