Rumores de Ángeles

Monseñor Sánchez: "Catequistas, tesoro de nuestra Iglesia"

07.11.06 | 09:24. Archivado en Obispos, Catequistas

En continuidad con mi carta de la última semana sobre los profesores de Religión en la Escuela, me dirijo hoy a los Catequistas, a quienes considero como un tesoro de nuestra Iglesia, sin cuyo ministerio y entrega sería difícilmente pensable la situación en que se encontrarían nuestras parroquias, comunidades y organizaciones de la diócesis.

Son, por otra parte, numerosos, de diversas edades, sexo y condición y suelen tomarse gran interés por su formación permanente. A ellos y a ellas debemos todos - la diócesis, las parroquias, las familias y los propios catequizandos, niños jóvenes y adultos - gratitud, consideración y afecto.

La Catequesis es una tarea y un aspecto importantísimo de la misión de la Iglesia, que se define en la Exhortación Apostólica Cathechesi Tradendae como la “educación de la fe de los niños, de los jóvenes y adultos, que comprende especialmente una enseñanza de la doctrina cristiana, dada generalmente de modo orgánico y sistemático, con miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana”. Se articula…con “el primer anuncio del evangelio o predicación misional por medio del kerigma para suscitar la fe apologética o búsqueda de las razones de creer, experiencia de vida cristiana, celebración de los sacramentos, integración en la comunidad eclesial, testimonio apostólico y misional”.

Por la Catequesis se pretende que el discípulo de Jesucristo madure en la fe inicial y se vaya educando como verdadero discípulo, se inicie y se desarrolle en la oración, en la práctica del culto y de los sacramentos, en la vida de la comunidad y en el testimonio misionero. A veces hay que partir de la necesidad de suscitar la fe y la adhesión a Jesucristo, cuando nos encontramos con niños, jóvenes o adultos que no han sido iniciados en la fe y en la vida cristiana, o la han abandonado, o están llenos de prejuicios.

Los Catequistas acompañan al catequizando proporcionándole contenidos de la fe, explicitándoles su sentido y suscitando su adhesión personal a Jesucristo. Lo introducen y acompañan en la oración y en su práctica y en la vida de la comunidad, generalmente la parroquia, lo preparan para recibir los sacramentos, comparten su experiencia religiosa, le ayudan a descubrir su propio carisma o vocación y a imbuirse del espíritu misionero.

Todos, empezando por el Papa y por los Obispos, continuando por los sacerdotes y demás ministros y por las personas consagradas, los padres de familia y demás fieles cristianos laicos, estamos llamados a ser catequistas. Pero solemos reservar este honroso título a los seglares, dado que los otros tenemos, además otros carismas o ministerios.

A todos nos corresponde cuidar adecuadamente este importante servicio y nuestra propia persona, para poder ejercer dignamente como maestros y testigos de la fe ante los niños, jóvenes o adultos que la Iglesia nos encomienda. De ahí la necesidad de la formación permanente, tanto en el conocimiento de los contenidos que hemos de transmitir, como en los métodos, medios, etc. Y, sobre todo, en la ejemplaridad de nuestra vida-

Imprescindible en la Catequesis es la relación con los padres o responsables de los niños o jóvenes y, a poder ser, con lo profesores de Religión.

Agradezco a los numerosos y buenos catequistas de nuestra diócesis el impagable servicio que prestan en esta importante misión de la Iglesia, les invito a permanecer fieles en este ministerio, a formarse bien y a mantener una relación estrecha con las familias y con los profesores de Religión.

Teniendo en cuenta de que la obra de la evangelización y de la Catequesis depende de la acción del Espíritu Santo, que nos ayuda a recordar cuanto Jesús hizo y dijo y nos conduce a la verdad completa, es necesario que nos mantengamos siempre al alcance del soplo del Espíritu, lo invoquemos con frecuencia y secundemos sus mociones.

Tengamos siempre también en cuenta que María la Madre de Jesús ha sido la primera y la mejor entre sus discípulos y, al mismo tiempo, como la definieron los participantes en la Asamblea del Sínodo de los Obispos sobre la Catequesis «un catecismo viviente», «madre y modelo de los catequistas». A ella encomendamos a los catequistas y a cuantos les han sido encomendados, así como la tarea de la Catequesis en nuestra diócesis.
Os saluda y bendice vuestro Obispo

José Sánchez


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