Rumores de Ángeles

Menos excomunión, más comunión

04.10.06 | 06:30. Archivado en Celibato
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La reciente excomunión del obispo africano Milingo por haber ordenado obispos a cuatro sacerdotes casados, vuelve a poner sobre el tapete algunos problemas que la Iglesia Católica no acaba de resolver.

Uno de esos problemas, y serios, es el problema del clero. La situación actual del clero es lamentable: escasez de sacerdotes y con una media de alta muy alta; una parte de ellos están desilusionados, desmotivados; otros se sienten atrapados en una dualidad, porque no les sirve la Iglesia a la que sirven y los fieles les reclaman su ayuda; hay otra parte de clero que se sienten abandonados, sobre todo en zonas rurales; hay un número importante de sacerdotes pederastas. A esto se añade la imagen del alto clero que añorando tiempos de cristiandad se arrogan derechos y privilegios que no les corresponden, como mendigar del estado un asignación económica para subsistir.

Esta situación exige que se tomen medidas apropiadas. No sirve apelar a la secularización y al hedonismo de la sociedad, como causante de esta problemática. ¿No será que hay que cambiar de modelo de sacerdocio? ¿No necesita la comunidad eclesial otra forma de ejercer las funciones dentro de la misma?

Moceop sigue trabajando en esta línea profética. Creemos que se necesita menos clero y más servidores de la comunidad. Se necesita menos poder y casta sacerdotal y más comunidad de iguales.. El problema de la escasez de sacerdotes no es problema de vocaciones, es problema de comunidad. Si hay comunidad viva, a nivel general y local, ella misma aprovechará los carismas existentes y ejercerlos según sus necesidades.

Sin entrar a juzgar la trayectoria humana del obispo africano, desde nuestra visión de Iglesia, nos parece que estas ordenaciones, como las de las mujeres en el Danubio, no van a solucionar el problema, si se ordenan mujeres o varones, casados o célibes para repetir el modelo de sacerdote existente y perpetuar así la casta sacerdotal, el ritualismo y la obediencia ciega al estamento; eso sería prolongar la inutilidad de la Iglesia, que, como se sabe, es la institución peor valorada, según una encuesta hecha en España.

Por supuesto que en toda esta problemática sigue coleando el tema del celibato obligatorio, norma anacrónica y sin sentido, ya que no hay razones bíblicas, teológicas, pastorales y sociales que la avalen. No es incompatible sacerdocio y matrimonio y la mayoría de la sociedad así lo admite. También lo demuestra la práctica de algunos obispos casados, como nuestro querido amigo, ya fallecido, el obispo Jerónimo Podestá que con Clelia, su esposa, dedicaron toda su vida a la lucha por los más desfavorecidos. Igualmente lo confirma la trayectoria de muchos compañeros nuestros, que siendo sacerdotes y estando casados, viven con total entrega su compromiso cristiano, dando lo mejor de ellos mismos a su familia, a la sociedad y a los más pobres, teniendo el apoyo de sus comunidades que los aceptan sin problema.

¿No estaba casado San Pedro? No eran casados los primeros apóstoles? ¿No fue norma en la Iglesia, durante 12 siglos, la existencia de sacerdotes casados?

Pero hay más cuestiones o prácticas problemáticas en la Iglesia que se deberían resolver hacia dentro y hacia fuera de ella, como la marginación de la mujer, los problemas de moral sexual, apertura en cuestiones de bioética, el cese de políticas represivas para teólogos/as e investigadores renovadores, cambio profundo en la estructura de las celebraciones y, sobre todo, una actitud de denuncia de las causas económicas que producen las desigualdades en el mundo.

Creemos que la excomunión de Milingo no debería servir para olvidar solucionar todos estos problemas en la Iglesia.

Madrid, 3 de Octubre de 2.006

EQUIPO DE PRENSA DE MOCEOP

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Matías 19.03.08 | 15:20

    Yo me pregunto qué problema puede tener la Iglesia que un aspirante al sacerdocio o ya ordenado quiera prescendir del celibato? Acaso los casados son menos dignos? Pastoralmente, opino, pueden ser incluso más eficaces en algunos aspectos quienes prescindan del celibato. El único problema, a mi entender, es que no estarán tan disponibles por lo que significa tener una familia a cargo como aquél que esté libre y eso, claro está, dificulta un tanto la labor de la Iglesia para poder disponer de sus miembros según las necesidades. Pero para todo hay arreglo cuando las cosas se presenten; la obediencia es muy esencial en esto y de antemano tiene que saber el que deje el celibato la dependencia que le supone a sus superiores. Ningún sacerdote, segùn sus méritos por más que esté casado,debe estar exento de alcanzar consagraciones superiores, excepto el papado por ser el mismo Cristo entre nosotros. Hay, desde luego, más estimaciones que hacen para la Iglesia sea más actual y al mismo tiempo fi...

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