Quienes esperaban o deseaban un pontificado anclado en el pasado, al amparo de principios rígidos y dogmas cerrados, deberían reconocer el fracaso de su vaticinio. Muy al contrario, Benedicto XVI se muestra como un Papa activo, dinámico y lleno de ideas renovadoras que transmite con la profundidad del intelectual y, al mismo tiempo, con la sencillez del Pastor de la Iglesia.
La campaña organizada con ocasión de una cita sacada de contexto en el discurso de Ratisbona no ha conseguido empañar esta imagen de apertura y ecumenismo. Ahora, el cardenal secretario de Estado anuncia una reforma de la curia para adaptarla a los nuevos tiempos. Se trata de simplificar la organización para hacerla más ágil y eficaz, con el dinamismo propio de una institución milenaria que entiende, sin embargo, que la globalización y los retos del mundo contemporáneo exigen respuestas rápidas y no parálisis burocráticas.
Es significativo que la reforma se haya realizado previa a una amplia consulta tanto a los obispos como a los propios integrantes de la administración vaticana, lo que demuestra una concepción participativa en el proceso de formación de la voluntad que ya quisieran para sí muchas empresas de vanguardia.
Es frecuente en los estudios sobre Ciencia de la Administración elogiar la organización y el funcionamiento de la curia romana como modelo de organismo administrativo. También lo es, en el ámbito de las relaciones internacionales, reconocer la flexibilidad y sutileza de la diplomacia vaticana. Al servicio de sus fines trascendentes, la Iglesia católica es una institución que desarrolla su actividad pastoral en un mundo secularizado, no siempre en condiciones de libertad, ni siquiera de tolerancia.
El Papa ha querido por ello encargar la dura tarea que se avecina a una nueva generación de servidores de la fe católica que ha alcanzado ya la madurez necesaria para asumir las más altas responsabilidades. Los nombramientos realizados hasta ahora van en esta línea, incluido el del propio cardenal Bertone. La Iglesia está sujeta a la autoridad del Papa de acuerdo con el mandato de Cristo. Sin alterar en lo más mínimo esta regla constitutiva, Benedicto XVI parece muy dispuesto a escuchar las preocupaciones de todos, seña de identidad de un Pontificado que combina con exquisita prudencia continuidad e innovación.
Editorial de Abc
Jueves, 16 de febrero
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