¿Es que la religión no contribuye a que el ser humano sea más inteligente y más sabio? El libro de los Proverbios exclama: ¡Bienaventurado el hombre que alcanza la sabiduría y la inteligencia. Ella es más preciosa que las perlas y no hay tesoro tuyo que la iguale!
Es verdad que la sabiduría se alcanza a través del magisterio de la ciencia, mediante técnicas de observación y modelos mentales. Pero ¿Se puede alcanzar la sabiduría sólo desde la ciencia o necesitamos de la religión cuando queremos abordar cuestiones de orden moral sobre el valor y el significado de la vida? Yo creo que en una discusión provechosa sobre asuntos morales se avanza mucho más desde el magisterio de la religión que desde el magisterio de la ciencia, como se avanza mucho más también desde el magisterio de la filosofía y de la historia.
Nuestros hijos y nietos, como nosotros mismos, tenemos que tomar la decisión acerca de las reglas que deben iluminar nuestras conductas. Y nuestras conductas deben ser consecuentes con lo que hemos aprendido en la escuela desde muchos magisterios. ¿Por qué empeñarnos en menospreciar la filosofía y prohibir la religión? Cada magisterio que rehuyamos nos alejará más y más de la sabiduría y nos hará seres menos inteligentes. La inteligencia y la sabiduría, como exclama el libro de los Proverbios, son verdaderos caminos de paz y de deleite.
Las enseñanzas científicas no se superponen ni son enemigas de las enseñanzas religiosas. Nuestra vida, como seres humanos y la de nuestros descendientes, será una vida incompleta sin los magisterios de la ciencia y de la religión. Los modelos de indagación de la historia, de la filosofía, de la ciencia y de la religión exhiben estilos diferentes a la hora de buscar la sabiduría, pero para alcanzarla tendremos que integrar sus logros y discernimientos, si queremos una nueva generación más inteligente.
Todos reconocemos que los magisterios de la filosofía y la historia son diferentes y no equivalentes, como diferentes son los magisterios de la ciencia y de la religión. Hay cuestiones vitales que sólo se pueden abordar desde la filosofía y desde la religión y no desde la ciencia ni desde la historia. La vitalidad de la filosofía y de la religión reside en la trascendencia de los temas morales y no en un estilo de resolución, basado sólo en el magisterio de la ciencia. Por eso en la escuela se deben aprender de la historia y de la filosofía, pero también de la ciencia y de la religión.
El Partido Socialista no tiene muy claro si se puede avanzar en sabiduría desde magisterios diferentes e independientes. Si lo tuviese claro no prestaría tan escasa atención a la filosofía y a la religión. Tiene miedo de que el magisterio de la religión oscurezca al magisterio de la ciencia. ¿Por qué exhibe ese temor? Sencillamente porque confunde el modo de responder a preguntas que sólo se indagan desde la filosofía y la religión. La religión y la ciencia ni se funden ni se superponen para avanzar en la sabiduría; son las respuestas a sus indagaciones las que el ser humano intenta integrar para se más sabio y más inteligente. La ciencia no puede ir más allá de la antropología de la moral, porque la ciencia no puede decir nada sobre la moral de la moralidad, decía Stephen Gould, cuando aborda el falso conflicto entre ciencia y religión.
Algunos piensan que ciencia y religión son incompatibles, cuando los que son incompatibles son los fundamentalistas de uno y otro lado. Lo que son en verdad es diferentes e independientes escalones para alcanzar la sabiduría. ¿Por qué hemos de cercenar el árbol de la vida que es la sabiduría?
José Javier Rodríguez Alcaide (Abc)
Sábado, 18 de febrero
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