Rumores de Ángeles

La Iglesia vasca, parte del problema

23.01.06 | 07:27. Archivado en Iglesia vasca

Monseñor Uriarte ha hecho diversas declaraciones sobre el "conflicto vasco" en los últimos días. Antes de la ilegalización de la asamblea de Batasuna dijo que "la aplicación rígida de la ley es obstáculo para la paz". Tras dicha ilegalización ha vuelto a decir que "no se pueden poner obstáculos a la paz" y que "los últimos actos ensombrecen la esperanza de paz". O sea, a buen entendedor, pocas palabras bastan: a Monseñor Uriarte le ha sentado muy mal que el juez Grande-Marlaska haya impedido la celebración de la asamblea batasuno-etarra en Baracaldo. Conmovedor, ¿no?

Pero sí, el obispo de San Sebastián tiene razón. No podemos permitir que se ponan obstáculos a la paz. Uriarte, y con él la mayoría de la iglesia vasca, es uno de esos obstáculos pues se olvida que sin justicia no hay paz, que sin arrepentimiento de los asesinos no hay paz, que sin reparación completa a las víctimas no hay paz y que, sobre todo y por encima de todo, sin una iglesia que cumpla decentemente su papel de atención a los huérfanos y viudas causados por esos terroristas, la paz es una verdadera quimera.

Ya que, aparte de exigirles que dejen de matar, que abandonen cualquier tipo de actividad armada, que pidan disculpas por sus acciones pasadas y que se sometan a lo que la sociedad española decida hacer con ellos desde ese momento, ¿qué otra cosa puede y debe hacer la Iglesia sin faltar a la justicia y a la verdad?.

Sinceramente parecen más preocupados por la basura infecta etarra que por sus víctimas. Y bien está que se busque que esa basura se recicle y llegue a oler bien, pero sin por ello pisotear a las víctimas negándolas su derecho a ver cómo se hace justicia con los verdugos.

Por tanto, dado que ETA nació en un seminario, dado que ETA ha sido tutelada desde la sombra y a veces a cara descubierta por un amplio sector de la iglesia vasca, y dado que es obvio que esa misma iglesia no está dispuesta a cumplir su papel profético de exigencia de una reparación justa y atención pastoral a las víctimas, no cabe más que decir que uno de los grandes obstáculos para la paz en el País Vasco tiene como nombre el de "Iglesia católica en el País Vasco".

Y eso, se quiera o no, acaba salpicando al resto de la Iglesia católica en España y a la mismísima Roma. Cada vez tengo más claro que dado que me es imposible negar que determinados obispos son sucesores de los apóstoles, no me queda más remedio que afirmar que algunos son sucesores de un apóstol en concreto: Judas Iscariote.

¿Y quiénes son los sucesores de Judas? Aquellos que, en vez de practicar la religión pura y sin mácula delante de Dios, que consiste en apoyar a las viudas y huérfanos en sus tribulaciones (Stg 1,27) se dedican a proteger los supuestos derechos de los que han asesinado a los maridos y padres de esas viudas y de esos huérfanos.Luis Fernando Pérez


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