El año pasado por estas fechas, alumnos de un liceo parisino denunciaron, en nombre de la laicidad republicana, la presencia de un árbol de Navidad en el centro escolar. Si estaban prohibidos los belenes ¿por qué autorizar un símbolo religioso, como el abeto, aunque fuera precristiano?
Este año, en la ciudad portuguesa de Braga, cuyo obispo ostenta el título de primado de las Españas, el periódico local se sulfuraba contra la incipiente aparición de unos "belenes laicos", esto es, con pesebre pero sin niño.
Algo está ocurriendo con la venerable tradición de los nacimientos cuando hasta en Italia, cuna de esta tradición, il natale incorpora al reparto pistas de circo para solaz de los pastorcillos, contrata a gnomos para guiar a los Reyes Magos o admite entres sus figuras a ese híbrido de Coca-cola y Nicolás de Bari que llaman Santa Claus.
Lo que de verdad está ocurriendo es que los nacimientos navegan con viento a favor. Aunque están muy ligados al catolicismo --nacieron cuando Roma se separa de Bizancio, que prohibía las imágenes-- hoy florecen por todo Occidente. Cotizan los made in Italy, pero también son estimados los españoles. En los países de tradición católica las asociaciones de belenistas multiplican la producción material y teórica.
El belén, o pesebre, o nacimiento sobrevivirá a la pretensión republicana de eliminar las representaciones religiosas, porque los símbolos son parte de la vida. Por eso cada generación añade al trío originario del portal figuras que le son próximas. Y todas --pato, puente, circo, trapecista o caganer-- son figuras profanas que entran a formar parte del imaginario navideño. Lo que resulta ridículo es lo del pesebre profano, cargando la suerte contra la figurilla del infante. Tratándose de un nacimiento, ¡qué menos que haya niño! Reyes Mate.(El Periódico).
Viernes, 17 de febrero
José Manuel Vidal
Religión Digital
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