Rumores de Ángeles

Los otros nueve «milagrados»

02.09.05 | 10:39. Archivado en Milagros

JOSE MANUEL VIDAL.- Son diez, como los mandamientos de la Ley de Dios. De entre los muchos llamados, unos pocos elegidos. Cinco mujeres y cinco hombres, todos españoles, tocados por el «dedo de Dios». Diez personas que «viven de prestado» gracias a otros tantos santos españoles, elevados a los altares tras el reconocimiento de que sus curaciones eran «inexplicables para la ciencia». Diez milagrados y diez milagreros.

La sonada elevación a los altares de Escrivá fue posible gracias al milagro sobre el doctor Nevado, un radiólogo extremeño curado de un cáncer de piel en los dedos, según dictó el Vaticano, tras encomendarse al fundador de la Obra. En España hay al menos otras nueve personas que también obtuvieron curaciones milagrosas (la mayoría más espectaculares que la del médico de Almendralejo) por la intercesión de santos o beatos. El cielo, creen, les brindó una segunda oportunidad.

Carmen Argüelles era una guapa estudiante de la Universidad Politécnica de Madrid. En 1981, tenía 19 años. Disfrutaba de la vida a tope, apurando los últimos coletazos de la movida madrileña. «Mi práctica religiosa en aquella época era casi nula. Alguna noche, por algo triste y cuando ya casi estaba desesperada, me acordaba de que Dios existía. Pero normalmente estaba muy ocupada en otras cosas», confiesa.

Terminado el curso 81-82 con buenas notas, Carmen regresa a Palencia, su ciudad natal. Pocos días después, a las 11.15 horas de 5 de julio de 1982, empezó su calvario: «Estaba esperando para cruzar la calle cuando pasó una excavadora, conducida por Juan Luis Merino, que rompió el mástil del semáforo. Cayó sobre mi cabeza».Un conductor la recogió y la llevó a la clínica Residencia Lorenzo Ramírez, donde, ante la gravedad del caso, se dispuso su traslado al hospital Onésimo Redondo de Valladolid. Su cuadro clínico: edema bilateral intenso, edema epidural y trombosis. Enseguida entró en coma.

Los médicos le habían dicho a sus padres que no había esperanza.«Damos su cerebro por perdido. No a la intervención quirúrgica», escribieron en el diario clínico.

La madre de Carmen, profundamente cristiana, acudió a la Trapa de San Isidro de Dueñas, a pedir una reliquia del Hermano Rafael.Con ella en su poder, envuelta en un pañito blanco, se la entregó a una enfermera de la UVI donde estaba su hija más muerta que viva. La enfermera tocó las mejillas de la enferma con la reliquia y se la colocó debajo de la almohada. A los pocos días, el trombo, imposible de quitar con una operación, desapareció por completo.El 9 de agosto, Carmen volvió a casa sin la más mínima secuela, ni física ni neurológica. De hecho, volvió a la universidad.Esta vez a la Facultad de Derecho de Valladolid, ciudad donde se graduó y hoy ejerce de abogada.

«Dios le dio la vuelta a mi vida como a un calcetín y me hizo ver que la estaba malgastando. Ahora, tengo nuevos amigos, un nuevo trabajo, otras aspiraciones y nunca dejo de agradecer a Dios lo que hizo por mí a través de la intercesión del Hermano Rafael Arnáiz», explica. De hecho, va muchos días a la misa de la Trapa, a las 6.30 de la mañana. «No dejo de rezarle y es precioso lo feliz que soy, porque sé que no me ha olvidado».

Pero no todos los milagrados recuerdan con agrado su experiencia límite. Alfonsa García no quiere ni hablar de ello. Su propia hermana pone en duda el milagro: «No creo en esas cosas».

Alfonsa fue ingresada en el hospital de Salamanca aquejada de agrunulocitosis, en julio de 1976. Tenía entonces 22 años y la enfermedad se agravó con septicemia hasta llegar al shock séptico y la depresión multiorgánica. Riñón, pulmón, aparato digestivo...Todo comienza a fallar y la esperanza de supervivencia se disipa.

Alguien sugiere pedir su curación a través de la Madre Maravillas, muerta en olor de santidad. Pese al fatal diagnóstico de los médicos, la familia reza. Tras una hora, Alfonsa se sienta en la cama. Ante la mirada atónita de su gente, dice encontrarse estupendamente. Los médicos le repiten todas las pruebas y constatan su súbita curación. Alfonsa, 26 años después, no quiere hablar de su milagro, el realizado por la Madre Maravillas de Jesús Pidal y Chico, hija de un embajador de España ante la Santa Sede, que refundó la orden del Carmelo y a la que algunos llaman la «Santa Teresa de nuestro tiempo».

Tampoco cambió la vida de José Luis Capella. Tenía 19 años, salió de copas por Gijón y, de madrugada, volvía en coche a casa con otros cinco amigos, pero se empotraron contra un camión cisterna.«Mis cuatro amigos murieron y a mí los médicos me daban dos horas de vida, porque tenía una pérdida de masa encefálica de 250 gramos.Pero mis padres rezaron la novena a María Josefa del Corazón de Jesús Sancho Guerra y me curé».

José Luis, abogado en Canarias, dice que lleva viviendo «gratis» 30 años. Reconoce también que sigue siendo más o menos el mismo a nivel religioso. Sueña, eso sí, con hacer algo diferente: «Si Dios hizo esto por mí, será para que yo haga algo».

El jesuita José Luis Gómez Muntán dice que desde lo que le ocurrió es un jesuita «abrumado por la gracia extraordinaria de Dios».Y con un milagrazo a cuestas. En septiembre de 1987, le diagnostican un cáncer de pulmón maligno avanzado. Al intentar operarlo, se abre en el tumor una cavidad necrótica de unos ocho centímetros de diámetro, lo que impide su extirpación. Las muestras señalan en la biopsia un cáncer de tipo T3N3, de los peores, que sólo se le puede tratar con radioterapia de cobalto.

Los doctores le dan seis meses de vida. Entonces, su familia y sus compañeros de la comunidad de la calle Maldonado de Madrid le encomiendan al Padre Rubio, y José Luis se cura. Pasados 13 años, no tiene ni rastro de cáncer o de metástasis. Profesor de Historia de la Filosofía en la Universidad de Comillas, hoy jubilado, confiesa que «por pudor, le resulta un poco violento contar estas cosas», pero lo hace en honor del Padre Rubio, el llamado apóstol de Madrid, cuya canonización probablemente realice el Papa en Madrid la próxima primavera.

El milagrado habla y no para de las excelencias del beato, una figura entregada a los más desfavorecidos de La Ventilla y de Vallecas, barriadas de Madrid ocupadas entonces por traperos y chatarreros.

Sarita Ruiz también se encontró el milagro en casa. Siempre fue una mujer muy piadosa que hacía la visita al Santísimo todos los días. A los 18 años sufrió una peritonitis tuberculosa que la postró en la cama, llena de pus y desahuciada. Buena como era, hasta encargó su mortaja. Su familia, sin que ella supiese nada, colocó una reliquia del obispo Manuel González bajo su almohada e, inexplicablemente, Sarita se salvó. Se hizo María de los Sagrarios, rama seglar de la institución religiosa creada por el beato por cuya intercesión se había salvado. Hoy tiene 63 años y reza todos los días a su santo, gran apóstol de la Eucaristía.

Adoración Martín hace 35 años que, según la ciencia, debería estar muerta. Invadida por un cáncer incurable y embarazada, fue desahuciada por los médicos. Pero el fatal pronóstico nunca llegó a cumplirse porque sus hermanas la encomendaron a Cándida María de Jesús, la fundadora de las jesuitinas, por cuya intercesión sanó. Hoy tiene 65 años y da gracias «a Dios y a la Madre Cándida todos los días, porque obró un milagro conmigo».

El que no lo tiene tan claro es Francisco Javier, el hijo que nació de milagro y que a veces hace bromas con el asunto. «Pero yo le digo que hay cosas que parecen imposibles para los hombres, pero no para Dios», sonríe humilde Adoración.

Pastora López, aquejada de Alzheimer, a sus 80 años ya no recuerda nada. El 31 de julio de 1951 quedó clínicamente muerta tras dar a luz a su primer hijo y no poder expulsar la placenta, sufriendo un colapso circulatorio general. «Una tía le puso una estampa de la Madre Petra de San José con un corazón dibujado y le pidió al practicante que pinchara en él y, por fin, encontraron una vena para poder inyectarle una mínima cantidad de sangre. Y así se salvó». El que relata la curación de su madre es el niño de aquel parto, Antonio Águila. A su juicio, su madre «siempre fue una persona de una enorme bondad y muy religiosa. En otra ocasión la estampita de la Madre Petra con la que se curó apareció manchada de sangre. La mandaron analizar a un laboratorio y se descubrió que no era sangre ni ningún producto conocido».

En las Navidades de 1971, el teniente del Ejército Antonio Díez ingresó en el hospital con una úlcera de estómago que se complicó.Según consta en la sentencia del Consejo de Médicos de la Congregación para la Causa de los Santos, llegó al «coma hepático, por enfermedad cerebral hipoxio-metabólica, en una persona con enfermedad hepática producida por las transfusiones que precisaba por su úlcera sangrante gastroduodenal con estenosis pilórica e importante disminución del volumen sanguíneo». Su familia rezó a la Madre Genoveva Torres, fundadora de las Angélicas, y el militar se curó. Desde entonces, ve la vida «de otra forma», y le da «gracias a Dios por haber sentido tan de cerca su paso por mi vida».

Adalberto González apenas lo recuerda, pero Pedro de San José Betancur le curó de un linfoma cuando tenía cinco años y los médicos lo veían perdido. Hoy tiene 22 y trabaja en una planta embotelladora por la mañana y de electricista por la tarde. «Gracias a Dios y al santo, aquí estoy, contento de poder luchar para salir adelante». Como los demás milagrados, es una persona sencilla.No son santos, simplemente tienen que vivir con un milagro a cuestas.

PASTORA LÓPEZ. 80 AÑOS
Milagro: Curación de un colapso circulatorio general en 1951.
Santo: Petra de San José; fundó las Madres de los Desamparados.

CARMEN ARGÜELLES. 40 AÑOS. ABOGADA
Milagro: Superó una trombosis cerebral.
Santo: Rafael Arnáiz, monje de la Trapa de San Francisco de Dueñas.

JOSÉ LUIS CAPELLA. 51 AÑOS. ABOGADO
Milagro:Curación de una pérdida de 250 gramos de masa encefálica.
Santo: María Josefa del Corazón de Jesús Sancho Guerra, fundadora de las Siervas de Jesús.

JOSÉ LUIS GÓMEZ. 73 AÑOS. JESUITA
Milagro:Curación de un cáncer de pulmón con metástasis en 1987.
Santo: Padre Rubio, conocido como «el apóstol de Madrid».

ADORACIÓN MARTÍN. 65 AÑOS. AMA DE CASA
Milagro:Curación de una osteomielitis en el húmero.
Santo: Cándida María de Jesús.

ANTONIO DÍEZ. 51 AÑOS. MILITAR
Milagro:Curación de un coma hepático por enfermedad cerebral en 1972.
Santo: Genoveva Torres, fundadora de las Angélicas.


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