Rumores de Ángeles

Seis ángeles en el infierno

01.09.05 | 12:35. Archivado en Misioneros
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JOSE MANUEL VIDAL.- ¡Claro que tenemos miedo! La inseguridadMision es total. Estamos en manos de críos con modernas ametralladoras y forrados de granadas, capaces de pegarte un tiro por quitarte los zapatos o porque tu cara no les gusta. La única esperanza que nos queda es que vengan cuanto antes las fuerzas de paz». Su voz suena entrecortada y la conversación telefónica se interrumpe a menudo. El hermano de San Juan de Dios José Antonio Soria lanza un SOS desde el St. Joseph's Catholic Hospital de Monrovia, abarrotado de heridos y enfermos de todo tipo. «Apenas nos quedan medicinas», dice, desconsolado.

Y eso que el hospital que los hermanos de San Juan de Dios dirigen desde 1963 en la capital de Liberia, el mejor del Africa occidental, sigue siendo un remanso relativo de paz y esperanza en medio del caos, del hambre y de la guerra que asuelan el país. Los morteros suenan cerca. El hospital está situado a las afueras de Monrovia, cerca de uno de los palacios del todavía presidente Charles Taylor. Tanto las milicias progubernamentales como las de los guerrilleros del LURD (Liberianos Unidos por la Reconstrucción y la Democracia) parecen dispuestos a salvaguardar el hospital que tanto necesitan unos y otros.

El clima que se respira en la ciudad es de desolación y de muerte.El centro de la ciudad está siendo saqueado por las milicias.«Cada minuto que pasa la situación se deteriora más y muere más gente. Ya nada funciona. La gente está escondida en iglesias, sótanos y hasta en el estadio de fútbol. No circula un solo coche, porque es lo primero que roban los guerrilleros. La gente se esconde donde puede y sólo sale de sus escondrijos para buscar agua y comida para el día. Nos están llegando heridos en carretillas», cuenta el hermano Soria con la voz rota por el dolor.

Sabe que el círculo se está cerrando cada vez más y que el puerto está en manos de los rebeldes, quienes con sus ataques continuos tratan de mostrar a Taylor que tienen poder para desalojarlo de la presidencia a cañonazos. «Pero Taylor dice que no se va hasta que no lleguen las fuerzas de paz. Y en eso le apoyo. Si se fuese ahora, sería un caos, porque sus milicias podrían empezar a matar y a robar indiscriminadamente», explica el hermano de San Juan de Dios.

Con el hermano Soria están otro hospitalario español, el hermano José Sebastián García, la hermana hospitalaria Encarnación Rodríguez, que se vino al centro con los 10 minusválidos físicos que cuidaba, y dos hermanas de las Misioneras de la Inmaculada: Socorro Soria y Gertrudis Masegosa. El sexto religioso español que desarrolla su actividad en Liberia, en su caso desde hace 31 años, es Justino Izquierdo y salió del país hace una semana para pasar unos días de vacaciones en España, junto a su madre de 88 años. Seis ángeles de la esperanza en medio del infierno de un conflicto sin fin.

«Estoy con el alma en vilo. Se sufre más aquí, porque la mente y el corazón están siempre allí, sin poder hacer nada. Estoy colgado a una emisora de radioaficionados que tenemos para comunicarnos.Llevo ya en Madrid desde el viernes de la semana pasada y aún no he podido ir a Burgos a ver a mi anciana madre», cuenta el hermano Justino. La situación que describe es de espanto: «No hay comercio por las calles y en el puerto no hay actividad, con lo cual no llegan los medicamentos ni los suministros». Izquierdo logró convencer a un carguero para que le vendiese el crudo del que disponía, para mantener en funcionamiento por un tiempo los equipos médicos del hospital.

«De momento, comida no nos falta. Tenemos unos cuantos sacos de arroz para dar de comer a los enfermos. Lo peor es que se nos termine el fuel o que lleguen los guerrilleros y asalten el hospital para robarlo», dice, desde Monrovia, el hermano Soria.

NIÑOS SOLDADO

El 60% de los soldados rebeldes tiene menos de 15 años. «Hay muchos que ni siquiera llegan a los 10. Llevan un kalashnikov más grande que ellos y son los que dan más miedo. Son muy agresivos, están casi siempre drogados y con los ojos enrojecidos y no tienen un claro concepto de la muerte. No aprecian su vida ni la de los demás», explica el misionero.

Casi todos estos niños soldados consumen una hierba psicoactiva, el bangui, que, combinada con alcohol, les produce un efecto euforizante que les convierte en auténticas fieras y les quita el hambre. En ese estado cometen todo tipo de tropelías. Niños pequeños a los que cortan por la mitad. Muchachas que llegan al hospital por la mañana después de haber sido violadas toda la noche por un grupo de chavales.

¿Cómo no rebelarse y no sentir miedo en esta situación? «El miedo es libre y el que diga que no lo tiene es un imbécil. Lo que pasa es que, si trabajas por los demás y te das a los otros, el miedo desaparece o, por lo menos, no lo expresas, aunque lo sientas y sufras un montón, sobre todo por los niños, por las chicas violadas y por la madres que llegan al hospital con sus críos desnutridos en brazos», afirma el hermano Justino. «Claro que hay miedo, pero llevamos 13 años en guerra y de aquí no nos vamos. Hay gente que depende de nosotros», remacha el hermano Soria.

Todos los misioneros españoles están orgullosos de su hospital.Construido en 1963 con el dinero recaudado entre los hospitalarios de España, tiene capacidad para 140 camas, servicio de urgencias y de cardiología, laboratorio, maternidad, pediatría y cirugía.Y un ambulatorio en el que atienden a unas 300 personas al día, cifra que se ha triplicado con la guerra. Un hospital modélico, con agua, electricidad y aire acondicionado, en un país donde no hay servicio público alguno.

El director del hospital, José Antonio Soria, tiene 40 años, es natural de Toledo y lleva 11 años en Monrovia. Sus compañeros le describen como un hombre de «profunda personalidad y muy inteligente», al que se le desgarra el alma por la situación: «Como esto dure mucho, la gente se va a morir de hambre. Este país ya no puede aguantar más». Liberia tiene casi tres millones de habitantes.El 40% de la población es cristiana; otro 40%, animista, y el 20%, musulmana.

GUERRA POR DIAMANTES

Más del 60% del país está en manos del LURD, pero el presidente Taylor, que ganó las elecciones de 1997, resiste en la capital.«Ésta es una guerra que, como todas las de la zona, está sufragada por los diamantes y lo que en ella se juega es el control de los diamantes de Sierra Leona y de Liberia», dice el hermano Soria. Una guerra en la que ya se cuentan los muertos por millares y que ha ocasionado el desplazamiento de más de un millón de liberianos.

José Sebastián García es el administrador del hospital de los Hermanos de San Juan Dios. Nació en un pueblo de Segovia, tiene 67 años y lleva 33 en Africa, 29 de ellos en Liberia. Sus compañeros dicen que es un hombre «muy previsor, que sabe mover perfectamente las teclas para conseguir ayudas, que siempre está al pie del cañón y que, aunque a veces refunfuña un poco, tiene un gran corazón».

Hasta el viernes pasado, el hermano Justino Izquierdo formaba parte de la trilogía de hospitalarios de Monrovia. Natural de Villayerno Morquillas (Burgos), tiene 63 años, es el director de la enfermería del hospital y lleva ya 31 años en Monrovia.Ha sido director del hospital durante 15 años, una labor que se ha visto reconocida con la condecoración al Enfermero del Siglo, otorgada por el Colegio de Enfermeros del Africa occidental.«Salí el jueves por Costa de Marfil. Cuando llegué a España, quise volver pero no me dejaron. No puedo ni dormir, porque allí una persona más supone muchísimo». Todavía no ha visto a su madre, pero ya está pensando en volver.

Además de varias religiosas franciscanas americanas que, tras pasar dos días tiradas en el suelo de su casa del centro de la ciudad por miedo a los disparos, se refugiaron en el hospital ayer, también está en él la hermana hospitalaria Encarnación González, de 50 años, natural de Burgos y directora de un centro de niños con polio. Nada más empezar las escaramuzas en la ciudad, Encarnación se refugió con sus niños en el hospital. Y allí sigue, esperando que todo pase cuanto antes.

Socorro Soria, de las Misioneras de la Inmaculada, estaba de vacaciones en España y, cuando se enteró de que los rebeldes se aproximaban a Monrovia, se apresuró a volver, sin que sus superioras se enterasen muy bien. Natural de Soria, tiene 65 años y lleva más de 40 en Africa. «Es una enfermera extraordinaria y una excelente cocinera. Gracias a ella comemos bien», dice el hermano Justino. «Es pequeñita, pero con una enorme fortaleza física, psíquica y espiritual. Es una misionera de raza, enamorada de Africa, que lo da todo por los enfermos, en los que ve el rostro sufriente de Cristo. Además, es muy abierta, tiene un carácter muy agradable y una sonrisa contagiosa, a pesar de que las enfermedades tropicales la estén quemando», explica la superiora general de la congregación, Dolores Leyun.

La otra hermana de las Misioneras de la Inmaculada que trabaja en el hospital católico de Monrovia es Gertrudis Masegosa. Natural de un pueblo de Granada, la hermana Gertrudis, de 62 años, lleva 20 en Monrovia, entre otras cosas porque ha sido, durante varios años, consejera general de la congregación. «Es una mujer con una gran capacidad y que, aunque tenga miedo, lo disimula», dice el hermano Justino. «Una andaluza con un buen sentido del humor, con la que es fácil convivir y que lleva Africa muy dentro», añade la hermana Dolores Leyun.

«Les he ofrecido salir del país, pero no han querido. Dicen que se quedan, porque el pueblo las necesita, aunque sólo sea para estar al lado de los que sufren, escucharlos y acogerlos. Son el único consuelo de la gente y un signo de esperanza, en medio del caos», explica la madre Dolores.

¿Gente de otra pasta? Parece que sí. Gertrudis y sus compañeras y compañeros forman parte de los 20.000 soldados de Dios españoles, repartidos por todo el mundo, siempre al lado de los más pobres entre los pobres. En Africa, hay 2.080 misioneros: 1.564 religiosas y 516 religiosos españoles. Son los misioneros católicos, ángeles metidos hasta las cejas en todos los infiernos del mundo. Muchos son asesinados (más de 100 el pasado año). Porque ser misionero es una profesión de alto riesgo. Allí donde la humanidad sangra hay un misionero para aliviar su dolor.

HÉROES O LOCOS

Héroes o locos de Dios, que no inconscientes. Saben perfectamente que tienen que sufrir a manos de los mismos a los que van a salvar.Y no les importa ser mártires de la causa de Dios y de los pobres.Por eso la gente les llama «santos de a pie» y «la parte más hermosa y evangélica de la Iglesia».

¿Por qué los cinco de Monrovia, al igual que otros muchos misioneros, están dispuestos a jugarse la vida? «Es nuestra vocación, y la vivimos con alegría. Somos conscientes de que hay gente que no lo entiende y nos trata de insensatos, pero, ¿Jesús no dio la vida por los hermanos? Y porque, además, vivimos como ellos, compartimos su suerte y les llevamos alimento para el cuerpo y para el alma, al tiempo que aprendemos y nos enriquecemos, porque los pobres también nos enseñan», explica el hermano Justino.Y añade: «La verdad es que esto sólo se aguanta por Cristo».

¿Y el riesgo? «Es algo inherente a la misión», explica el hermano Justino. «Un riesgo que también corrió vuestro compañero Julio Fuentes, al que conocí en Monrovia en 1990. Era un tipo extraordinario y muy atrevido. Él se jugaba la vida por profesión; nosotros por vocación. O quizás en ambos casos lo determinante sea la vocación. La única diferencia, si es que la hay, es que el motor que nos mueve a nosotros es la fe en Cristo».

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por nelson 30.04.07 | 17:23

    http://www.youtube.com/profile?user=lumenelsalvador

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