Rumores de Ángeles

Llanto por cinco curas

01.09.05 | 13:41. Archivado en Iglesia vasca
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JOSE MANUEL VIDAL.- Enfrascado en su meditación matutinaIkurriña, monseñor Blázquez no oía el teléfono que sonaba a las 7 de la mañana del pasado 14 de marzo en el número 38 de la calle Virgen de Begoña, sede del obispado de Bilbao. Fue su secretario el que descolgó. Al otro lado del auricular, un cura solicitaba hablar urgentemente con el obispo. El secretario dudó en interrumpir los rezos del prelado, pero optó por acercarse a él y susurrarle: «Monseñor, un sacerdote que dice que tiene que hablar urgentemente con usted».
Humilde y servicial como siempre, dispuesto a hacer cualquier cosa por sus curas, Ricardo Blázquez dejó su meditación y se acercó al teléfono. Escuchó atentamente al sacerdote y, para concluir, le dijo: «No os puedo dar mi permiso, pero tenéis mi bendición. Rezaré por vosotros. Pasad a verme, si queréis, un día de éstos, cuando las cosas se calmen». Y sus ojos se llenaron de lágrimas, volvió a la capilla, se hincó de rodillas, sacó el rosario y comenzó a desgranar las cuentas. Después recitó uno de sus salmos favoritos, el que suele rezar en los momentos más conflictivos: «El Señor es mi pastor, nada me puede faltar».

El cura que telefoneaba al obispo a horas tan intempestivas era Jesús Sánchez Maus, coadjutor con derecho a sucesión de la parroquia de Santa María de Portugalete. Llamaba para avisar a su obispo de que, esa misma mañana, él y otros dos compañeros iban a dar una rueda de prensa. Para anunciar que «por solidaridad con las víctimas del terrorismo de ETA» iban a presentarse en los últimos puestos de las listas del PSE y del PP en las elecciones del 25 de mayo. Para hacer visible la cercanía de la Iglesia católica con esa mitad del País Vasco amenazada por la violencia terrorista en virtud de sus creencias políticas. Por esa compasión samaritana que hace suya la causa del amenazado. Y para abrir «un debate profundo, serio, libre y abierto en el seno de la Iglesia acerca de lo que debemos hacer ante la gravedad de lo que está pasando» en el País Vasco.

En la rueda de prensa, el propio Jesús Sánchez Maus, acompañado de Luis Mari Vega y Pablo Villaroel, explicaba sin pelos en la lengua las razones de su gesto: «Un gesto de solidaridad afectiva y efectiva con quienes son principalmente víctimas de esa indecente, injusta e inhumana persecución, que alcanza su máxima expresión en el asesinato». Un paso al frente de cuatro curas (el cuarto, Antón Basagoiti, está en Ecuador de misionero) solidario con tantos ciudadanos que han sido asesinados por no pensar como los nacionalistas, o que se presentan a concejales con la congoja de saberse amenazados de muerte.

«Un paso al frente que es un gesto moral, pero que tiene también una dimensión política innegable. Porque deja en evidencia al clero nacionalista. Por eso, contó con la oposición de todo el Consejo de Gobierno de la diócesis de Bilbao. Porque es un aldabonazo en la conciencia de la Iglesia vasca y una autocrítica por su actitud ante el nacionalismo. ¡Y ya era hora!», explica un sacerdote bilbaíno.

De ahí que monseñor Blázquez se doliese por sus curas. Los cuatro son jóvenes, rozan la cuarentena. Los cuatro se conocieron en el seminario, a pesar de pertenecer a distintos cursos. Los cuatro forman parte de ese grupo de curas no tan ideologizado como sus mayores, convencido de que la Iglesia se está jugando su dignidad presente y futura. El grupo minoritario con el que mejor conecta Blázquez en privado. Porque «públicamente se encuentra preso del aparato y del contexto», añade el presbítero de Bilbao.

Quizás por eso, el aparato acalló el eco del gesto profético de los cuatro curas y no suscitó ni potenció el debate intraeclesial que éstos solicitaban. Pero el paso adelante caló en las bases, sobre todo desde que unos desconocidos sabotearon el coche y amenazaron con pintadas a Pablo Villaroel y al «puto clero español».De hecho, al día siguiente, el religioso de los Hermanos de San Juan de Dios, Matías Domínguez, decidió unirse a los cuatro curas.«Para que la cadena democrática no se rompa y porque no puedo quedarme en el convento ante lo que está pasando», dijo el fraile de 59 años y antiguo misionero que luchó contra la dictadura boliviana. Pero, por ahora, nadie más se ha sumado a la iniciativa.

¿Por qué no reacciona a fondo y de una vez por todas el clero vasco? ¿Cuáles son las tensiones internas que sacuden a un clero preparado, encarnado y profundamente comprometido con su pueblo? ¿Quiénes son los líderes de opinión, los puntos de referencia en cada una de las tres diócesis vascas? ¿Qué papel juegan los obispos en la Iglesia y en la sociedad vascas?

Se les ve menos que antaño, pero los curas vascos siguen siendo un punto de referencia obligado a la hora de analizar la situación de Euskadi. Todavía numeroso y bastante mayor, el clero está profundamente encarnado en su pueblo y refleja la propia realidad vasca. Con sus luchas de poder, sus bandos enfrentados y sus persistentes intentos por ser constructores de paz. Curas entre Dios y la ikurriña.

En época de hibernación vocacional, el clero de las tres diócesis vascas asciende todavía a 1.147 curas. Bilbao cuenta con 447; San Sebastián, con 400, y Vitoria, con 300. Según los expertos, se trata, en general, de uno de los cleros mejor formados de España, abiertamente progresista, que ha introducido en sus comunidades la renovación conciliar y que se ha tomado en serio la corresponsabilidad de los laicos y el dogma de la encarnación.

Pero el clero vasco es también un clero envejecido (con una edad media de 68 años), sin apenas relevo (los seminarios están casi vacíos), con mala prensa en el resto de España, clavado a la cruz del terrorismo, desgarrado en su propio seno y prisionero de las contradicciones de su propio pueblo. Como ilustra un teólogo vasco, «calcamos la realidad politicosocial en la que vivimos. Somos una especie de tubo de ensayo de esa realidad».En todas y cada una de las diócesis vascas. Aunque con matices diferenciales.

EL APARATO QUE MANDA MAS QUE EL OBISPO

BILBAO. Es la diócesis vasca mejor estructurada pastoralmente.Algunos dicen que por obra y gracia de monseñor Uriarte -hoy obispo de San Sebastián- en su etapa de obispo auxiliar de Bilbao, entre 1976 y 1991. Una diócesis que funciona por sí sola, encarnada, comprometida, laical, barrida por la secularización y lastrada por el terrorismo. Una diócesis cuyo clero está dividido en tres sectores. El 80% de los curas de Bilbao pertenece al sector nacionalista, un 10% al nacionalista radical y otro 10% al constitucionalista.

En una diócesis tan estructurada como la bilbaína, el obispo, monseñor Blázquez (ayudado por su auxiliar, monseñor Echenagusía) tiene un poder muy relativo y condicionado por los órganos colegiales.Unos dicen que el titular de la diócesis vizcaína está «atado de pies y manos». Porque si los curas no pueden hacer «nada sin el obispo», como ya decía Ignacio de Antioquía, también es cierto que éste no puede hacer nada sin sus curas. Otros sostienen que Blázquez es víctima del «síndrome de Estocolmo» y no se atreve a plantar cara a la mayoría de su clero nacionalista. Una falta de decisión que ya le ha costado el ascenso a la archidiócesis primada de Toledo.

Y es que, en estos momentos, los pesos pesados del clero vizcaíno son tres amigos de monseñor Uriarte. Bien preparados, muy brillantes y muy nacionalistas. El obispo de San Sebastián coincidió con ellos en el seminario, cuando él era rector y ellos seminaristas y, desde entonces, los protege, los mima y los quiere catapultar a la mitra.

El primero es Joseba Segura, delegado episcopal de pastoral social, un cura inteligente dedicado a los problemas sociopolíticos vascos.El segundo, Angel Mari Unzueta, vicario territorial, es el puntal ideológicamente más fuerte de la tríada, con gran capacidad intelectual y que, de hecho, actúa como un obispo. El tercero, Gaspar Martínez Fernández de Larrinoa, secretario del obispado, cumple las funciones del secretario de organización de un partido y, por lo tanto, es el que mueve los hilos del aparato.

En lo teológico-ideológico, otros dos puntos de referencia vizcaínos son los teólogos Rafael Aguirre, catedrático de Teología de la Universidad de Deusto y muy crítico con la postura de la Iglesia vasca ante el terrorismo, y Javier Vitoria. Este último es el teólogo que tiene una mayor ascendencia sobre el clero, especialmente sobre los curas más jóvenes. Vitoria tiene madera de líder, una exposición oral brillante y mantiene posturas progresistas.

En cambio, las órdenes religiosas ya apenas ejercen influencia en la diócesis bilbaína, encerradas en sus obras y sin apenas vocaciones. Ni franciscanos ni capuchinos ni salesianos ni, siquiera, los otrora omnipresentes jesuitas marcan la realidad pastoral bilbaína. Entre estos últimos, hay unas diferencias internas enormes, simbolizadas por Fernando García de Cortázar o Antonio Beristain, miembros del Foro El Salvador, y José María Auzmendi, recientemente detenido por formar parte de la dirección de Egunkaria.

URIARTE MANTIENE LAS RIENDAS A LA SOMBRA DE SETIÉN

SAN SEBASTIAN. Cuenta con 400 curas. El 80% es «culturalmente nacionalista»; el 10%, abertzale y el otro 10% constitucionalista.Con un peso determinante de los primeros en las estructuras diocesanas.De hecho, 220 firmaron recientemente el manifiesto Iglesia vasca y Euskal Herria, en el que se aboga abiertamente por la independencia.

Quizá por eso, «monseñor Uriarte, que comulga con las ideas nacionalistas, aunque no tan abertzales, se vio enormemente presionado cuando llegó a la diócesis por un presbiterio hecho a imagen y semejanza de monseñor Setién», explica un religioso de San Sebastián. De ahí que Uriarte esté manteniendo un perfil público mucho más bajo que el de su predecesor y dedique sus energías a estructurar, sanear la diócesis y hacerse con sus riendas.

«Setién ejerció un gobierno muy personalista y sin apenas estructuras intermedias. Uriarte, que se encontró con una diócesis manga por hombro, tiene que dedicarse a organizarla incluso económicamente y a estructurarla pastoralmente», explica un cura de San Sebastián del sector constitucionalista. En cambio, otro del sector nacionalista asegura que «Uriarte heredó una diócesis perfectamente organizada, incluso económicamente. Y la prueba es que el vicario de economía sigue siendo el mismo, José María Madina. Lo que pasa es que Uriarte venía de una pequeña diócesis como Zamora, donde podía actuar casi como un cura, y se encontró con una diócesis mucho más compleja».

Para llevar a cabo esta revolución interna, Uriarte pidió la colaboración de todos e hizo elegir a los vicarios por sufragio universal de todos los curas. De esta forma, se cerró la etapa Setién-Pagola. Ahora Uriarte cuenta con el apoyo de dos vicarios: Félix Azurmendi, que se encarga fundamentalmente de la atención pastoral y Patxi Azpitarte, centrado en la curia y en la organización.

En contra de lo que suele decirse y a consecuencia de esta estrategia, la influencia de monseñor Setién es cada vez menor en San Sebastián.Y es que un obispo, una vez que dimite, pierde todo su poder y su influencia se difumina. «Monseñor Setién está retirado y retirado de verdad. No maneja los hilos y ha decidido no manejarlos.Por eso, tiene muchas reticencias a participar en reuniones y actos en Guipúzcoa, aunque sí lo hace fuera, donde sólo se compromete a sí mismo», dice un cura nacionalista. «De todas formas», replica otro del sector constitucionalista, «la sombra de Setién ha estado y va a seguir estando muy presente en los planteamientos teóricos que subyacen al imaginario nacionalista».

De hecho, aunque Uriarte fue muy bien aceptado en la diócesis donostiarra, ha tenido que luchar para hacerse con las riendas.Porque su estilo, su carácter y su manera de trabajar es muy distinta de la de Setién. Pero el caso es que no consigue hacerse con el papel de líder. «No hay ningún líder en la Iglesia vasca.Porque cada obispo va por su lado y porque a Uriarte no se le reconoce capacidad de liderazgo y de aunar a las diócesis vascas», explica un cura donostiarra.

Hace años las tres diócesis vascas y Navarra funcionaban de facto como una provincia eclesiástica. Con documentos y cartas pastorales firmadas por los cuatro obispos y con secretariados que funcionaban conjuntamente. Hoy sólo se reúnen de vez en cuando para hablar de catequesis, las cartas conjuntas de los tres obispos vascos son cada vez menos y el de Pamplona, Fernando Sebastián, se ha desmarcado casi por completo. Por eso le llaman «el dinamitador».Además, Rouco ha jurado no nombrar obispos vascos nacionalistas y, por supuesto, impedir la creación de la provincia eclesiástica vasca. Con evidente agravio comparativo respecto a los catalanes.Y si Rouco no quiere, Roma tampoco.

EL OBISPO BONACHON Y SU INFLUYENTE VICARIO

VITORIA. La mitad de los 300 curas de la diócesis de Alava pertenece al sector constitucionalista. De la otra mitad, la mayoría sintoniza con el nacionalismo convencional y una minoría (unos 30) con el nacionalismo radical. El peso pesado del clero alavés es el vicario general de la diócesis, Fernando Gonzalo Bilbao, al que en Euskadi consideran como el «fiel de la balanza», un hombre con criterios muy asentados y firmes, que no se casa con nadie, que habla claramente y que, además, no tiene apetencias de poder.Rara avis, un hombre sumamente respetado por su fortísima personalidad, con el que incluso Uriarte tiene que contar antes de lanzar un documento para todo el País Vasco.

El líder de los abertzales alaveses es el teólogo Félix Placer y, en una posición de puente, se encuentra José Ignacio Calleja, decano de la Facultad de Teología de Vitoria, al que mira gran parte del clero en busca de un camino aunador o aglutinador de diferencias.

Por su parte, el obispo de la diócesis, monseñor Asurmendi, es un salesiano bonachón, que no quiere tener conflictos con los curas y ha optado por navegar como puede entre los diversos sectores.Según dicen, «desde que ha llegado, se ha ido empapando de la complejidad de la situación y, aunque no es nacionalista, tiene simpatías vasquistas nítidas. Cuida mucho su ser de pastor de todos».


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