JOSE MANUEL VIDAL.-Dios hecho hombre ya tiene cara, y de niño
. El rostro de Jesús siempre ha sido un misterio. Durante siglos, la literatura, el cine y el arte le han dado múltiples representaciones. Ahora, la ciencia dice haber dado con la auténtica cara del Jesús preadolescente usando modernas técnicas forenses e informáticas. Las mismas que sirven para identificar a asesinos sin rostro o capos de la mafia en paradero desconocido.
La Unidad de Análisis de Crímenes Violentos (UASV), división científica de los carabinieri italianos, lo ha reconstruido utilizando un software que envejece las fotos de los fugitivos de la ley.En este caso, como no disponían de una imagen de Jesús que pudieran usar para avejentar sus rasgos, optaron por quitar años a la cara del Mesías a partir de la Sábana Santa de Turín.
El Cristo niño, es obra de Carlo Bui, el mismo forense que envejeció la única foto disponible de Bernardo Provenzano, il capo de tutti i capi de la Cosa Nostra siciliana, prófugo desde 1963. «No se trata de ciencia-ficción, sino de la primera reconstrucción con parámetros estrictamente científicos. Hemos realizado un trabajo riguroso partiendo de la Sindone. Aún teniendo en cuenta que los datos a nuestra disposición son limitados, puedo afirmar que hemos realizado una óptima hipótesis», dice el director del departamento de la policía científica italiana.
El resultado: un Jesús de 12 años de cara angelical, cabellos rubios, nariz pronunciada, boca delicada y piel clara. Un querubín de ojos beatíficos que desprenden bondad y sabiduría. Un chavalín delgado de poco más de 1,50 metros y 50 kilos.
Para aniñar a Jesús, los expertos redondearon la forma de la cara y alzaron la mandíbula. Otros rasgos, como la proporción entre las cejas y la nariz o la forma del mentón derivan directamente del rostro de la Sábana Santa. Los resultados de la investigación de Carlo Bui vieron la luz el día de Navidad en un programa de Retequattro, el canal televisivo privado de Silvio Berlusconi.
Nadie discute el rigor del trabajo de los CSI romanos, por más que su punto de partida, la Sábana Santa, arrastre siglos de polémica. La Sindone (del griego sindon, mortaja) es considerada una de las reliquias más famosas del cristianismo.
La diócesis de Turín, en cuya catedral se custodia, certifica que ese sudario de lino arropó el cuerpo de Cristo. Se halló en 1353 y se estudió a fondo a partir de 1898, cuando un fotógrafo reveló unas imágenes del lienzo y descubrió en los negativos el tronco y la cara de un crucificado. Desde entonces, está abierta una polémica que ni la prueba del carbono 14 zanjó. El tejido, según esta prueba, data de la Edad Media. Pero resulta más difícil probar que la silueta fuese grabada a fuego por la radiación del cuerpo de Jesús al resucitar, como sostienen quienes ven en la reliquia casi un dogma de fe.
Para el Vaticano, el lienzo de Turín «no es una prueba, sino una invitación a rezar». Y por supuesto, no se pronuncia sobre la investigación del rostro del Mesías hecha por los carabinieri ni sobre otras similares.
Hace un mes, los investigadores del Centro de Investigaciones de Médicos Forenses de Calabria (SIMEF), dirigido por Aldo Barbaro, utilizaron sus técnicas patológicas para intentar descubrir el rostro de Cristo. Y los forenses llegaron a un retrato robot diferente del de la policía científica. Partieron no de la Sábana Santa directamente, sino de una reproducción de dicha imagen realizada por el pintor armenio Ariel Aggemian.
«Usamos tres tipos de software y redefinimos algunos rasgos particulares del rostro del cuadro, como la barba. Modificamos la mandíbula y dimos características a los usos y tradiciones de la gente de ese período de la Historia», explica Aldo Barbaro, director del CIMEF y profesor de Ciencias Forenses de la Universidad católica La Sapienza de Roma.
El resultado es un joven de 16 años, de mirada dulce y contextura delgada, pero a diferencia del Cristo de la policía científica, tiene la piel morena, el cabello oscuro, la nariz ligeramente aguileña y los labios finos. En ambos retratos robot aparece un Cristo adolescente guapo, que según el cardenal Giacomo Biffi, arzobispo emérito de Bolonia, «producía fascinación por su prestancia y su encanto». Y añade: «Los ojos de Jesús debían de ser realmente encantadores, penetrantes y casi magnéticos, y quien los había visto nunca los olvidaba. De hecho, cuando Jesús vuelve los ojos, todos enmudecen atemorizados y fascinados».
El purpurado italiano cita, para apoyar su tesis de un Jesús hermoso, el piropo de una mujer que le estaba viendo entre el público y exclamó: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron!» (Lucas 11, 27-28).
Pero lo cierto es que los Evangelios apenas hablan del Cristo niño y adolescente, más allá de cómo se perdió y fue encontrado en el Templo de Jerusalén, enseñando a los escribas y doctores de la ley. Sólo Mateo y Lucas presentan breves pinceladas del Niño Jesús.
En general, el Nuevo Testamento privilegia su muerte y resurrección, pero apenas da datos sobre el aspecto externo de Jesús de Nazaret.Quizás por eso, en contraste con las dos reconstrucciones citadas de su rostro, en el año 2001 científicos británicos e israelíes, que estudiaron una calavera hebrea del siglo I d. C., llegaron a la conclusión de que Jesús era un hombre de piel oscura, casi cetrino; bajito (medía 1.53) y que tenía barba, bigote, pelo corto rizado, nariz grande y un agradable rostro de campesino de la época.
Los artistas del imperio romano, tras su conversión al cristianismo, propagaron la imagen de un Jesucristo sin barba, más mayor de la edad que le correspondía y con un aire de autoridad, como los aristócratas de la época. La Iglesia bizantina, sin embargo, siempre se decantó por un Jesús barbudo y ésa fue la versión que se impuso en el siglo XII, tanto en Oriente como en Occidente.A partir de entonces, la iconografía cristiana fijó una imagen de Jesucristo de largo cabello, delicadas maneras y aire dulce.Una visión estereotipada de Jesús con la cara larga y ovalada y los rasgos finos. Leonardo Da Vinci en La última cena (1495) recreó una de las caras más famosas de Jesús. El Greco hizo lo mismo en Espolio (1577).
Cada época tiene su canon estético y hemos ido pasando desde el amasijo de huesos descoyuntados de Matthias Grünewald o el Cristo de Prieto Coussin a la serenidad del Cristo de Velázquez, que con majestuoso señorío reina desde la cruz... En los últimos siglos, la teología había divinizado tanto a Jesucristo que su humanidad se quedaba muy en penumbra.
Como decía el teólogo jesuita Juan García Pérez, «preferimos suavizar el rostro de Cristo para que nos tranquilice. La humanidad primitiva o nuestra modernidad interesada confeccionan un rostro de Cristo de cegadora brillantez, nubes e incienso incluidos, y una dosis calculada de rentable ternurismo».
Lo cierto es que en los más de 2.000 años de la Era cristiana, millones de fieles en todo el mundo han admirado, adorado y rezado a cientos de imágenes de Cristo distintas. Ya tienen dos más para sumar a la colección. Rostros serenos y de mirada magnética.La cara de Dios.
Jueves, 16 de febrero
José Manuel Vidal
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