Que un pastor anglicano se pase al catolicismo con su mujer y sus hijos no es noticia. Es algo que viene ocurriendo en el Reino Unido desde que se produjo un cierto trasvase de estos clérigos a la Iglesia católica, sobre todo a partir de que la comunión anglicana permitió la ordenación de mujeres.
Lo que sucede es que, en este tema de celibato, la ignorancia es supina. La promesa de celibato que hacen los presbíteros seculares, como dicen los teólogos, no es de «derecho divino», sino una ley eclesiástica que puede derogarse en cualquier momento. De hecho, la mayor parte de la gente ignora, por ejemplo, que en la Iglesia católico-romana hay un buen número de sacerdotes casados con todas las de la ley: los de rito oriental; o que en los primeros siglos no había celibato obligatorio, sino que se extendió a todos los clérigos por mimetismo del monacato. San Pablo recuerda que el obispo debe tener «una sola mujer».
Otra cosa es que no falten movimientos a favor de un celibato opcional. Juan Pablo II se cerró en banda. No parece que Benedicto XVI vaya a cambiar las cosas. Sin embargo, verá con buenos ojos lo de Tenerife, pues, aparte de ser algo canónicamente aceptado, su prioridad más clara hasta ahora es el acercamiento ecuménico a otras Iglesias. Si los anglicanos se unieran, sus pastores lo harían pues sin cambiar su estatus sexual.
PEDRO M. LAMET
Jueves, 16 de febrero
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