Lo beatificarán en breve y lo canonizarán poco después; pero Juan Pablo II no será ni beato ni santo por el hecho de someterse voluntariamente a duros y prolongados ayunos, tumbarse desnudo sobre el suelo de su habitación para pasar toda la noche hablando con Jesús o azotarse las espaldas con un cinturón de cuero hasta dar gritos de dolor…
Pasa por ser el escritor católico por antonomasia. Tanto aquí como en el Vaticano. Juan Manuel de Prada tiene acceso al diario del Papa, donde publica de vez en cuando, es el nuevo gurú de la Cope y muchos obispos cantan sus alabanzas porque, desde el Abc, suele defenderlos. Con razón o sin ella. Y de aquella manera. Una manera tan personal y especial que, a veces, causa perplejidad. Y, hasta puede dañar a los que dice defender. Juzguen por sí mismos, su última intervencióin pública en defensa de la Iglesia y en contra de Zapatero.
En la Iglesia, valen más los gestos que las palabras. Sobre todo, cuando los gestos se producen en la alta política vaticana. El gesto es el siguiente: El Osservatore romano publica, en su última número, un artículo de Luis Garza Medina, el número dos de la Legión de Cristo. Un artículo sobre el sacerdocio. En términos, como es lógico, totalmente previsibles. Y sin aportar nada realmente significativo, más que pías consideraciones. De ahí que lo importante del caso no sea el qué ni el cómo, sino el dónde, el quién y el por qué.
Acertó Zapatero al escoger para la parte más social de su plegaria estos artículos del Deuteronomio, el libro más humanitario de los cinco que llenan de exigencias, reproches, amenazas, normas y consejos al mejor Moisés del Antiguo Testamento. "No explotarás al jornalero pobre y necesitado, ya sea uno de tus compatriotas, o un extranjero que vive en alguna de las ciudades de tu país", ordena el profeta. También pide a su pueblo que pague los jornales a diario ("antes que se ponga el sol, porque el jornalero está necesitado, y su vida depende de su jornal"), y que "no tuerza el derecho del extranjero ni del huérfano (...)". Eso dice el libro que se presenta como el testamento espiritual de Moisés, poco antes de su muerte.
Cena entre colegas de la Asociación de Periodistas de Información Religiosa (APIR). Con un invitado estrella y especial. Nuestro compañero y colega, Juan Rubio, director de Vida Nueva, presentaba su última novela "En memoria mía"(PPC). Una novela que tiene mucho de autobiografía. Para retratar a los curas españoles. Con sus penas y alegrías, sus logros y sus fracasos. Un retrato de héroes silenciosos, a los que ni la soeicdad ni la Iglesia les reconoce suficientemente. Miles de sacerdotes españoles que lo dieron todo, entregaron sus vidas por los demás y, ya mayores (en su mayoría) se encuentran, al final del camino, sólos y olvidados.
El domingo en Crónica publicaba, con Idoia Sota, un reportaje sobre los últimos años de Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo. Cuanto más me asomo a su vida y obra, más impactado me quedo. Y sus últimos momentos de vida son de traca. De película. Imagínense la situación: Maciel expirando y que no quiere confesarse ni recibir la santa unción. Siente "repulsión a lo sagrado", claro síntoma de posesión diabólica. A su lado, la cúpula legionaria y un exorcista, que intenta expulsar los demonios que puede llevar dentro. ¿Se imaginan? ¡Un fundador endemoniado y que reniega de Dios en la hora de la muerte! No se puede pedir más dramatismo.
Es claro como la hermana agua. Limpio y transparente, Jesús Sanz acaba de aterrizar en Oviedo con armas y bagajes. Y tiene mucho de unas y de otros. Se le ve venir. Dice siempre lo que piensa. No cambia de chaqueta. No se acomoda al auditorio. Es conservador, pero no reaccionario, como él mismo dice. Un conservador pasado por el tamiz de San Francisco. Y eso siempre es garantía de un conservadurismo eclesial claro y nítido, pero siempre abierto y dialogante. Mantiene lo suyo, pero no aplasta al adversario. Sigue su camino, pero no excluye a los que no piensan como él. Un conservador incluyente. ¡Rara avis!
Los profesionales de la información religiosa estamos acostumbrados a que los obispos (en general, siempre hay excepciones) nos considen "enemigos" o "poco amigos". Por eso nos llama más la atención la clara alabanza que ayer hizo de los "profesionales de la información religiosa" el actual presidente de la comisión episcopal de Medios, Joan Piris. En un acto solemne como la entrega de los Premios Bravo, el obispo de Lleida no sólo alabó nuestra "labor incansable", sino que fue mucho más allá. Hasta pedir perdón públicamente y solicitar nuestra colaboración: "Os ruego perdonéis nuestras deficiencias y aceptéis la colaboración que por el bien de la sociedad todos estamos llamados a desarrollar".
Llueven los rumores sobre el inminente nombramiento de nuevo obispo para Córdoba, vacante tras la marcha de monseñor Asenjo a Sevilla. Ayer mismo, ABC daba seguro el nombre de Demetrio Fernández, salvo «sorpresas de última hora». Porque, de hecho, también se oye el nombre de este obispo de Tarazona para el arzobispado de Valladolid. Y el actual obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, se ha unido últimamente a la larga lista de posibles nuevos obispos de Córdoba.
Habría que dejarse de tanta mala fe, de tantos prejuicios y, para no callarme nada, de tanta desinformación cuando se habla de Benedicto XVI. Nada más resultar elegido, el Papa ya fue objeto de un verdadero proceso mediático en el que se le tachaba machaconamente de "ultraconservador" (como si un Papa pudiera ser otra cosa que "conservador").
Protestantedigital acaba de conceder a Religiondigital, la web que dirijo, el premio Unamuno. Como ya he dicho, todo un placer y un orgullo. El reconocimiento llega de las otras confesiones. La jerarquía católica sigue mostrándose reacia a premiar a los suyos. Pero sólo cuando no los puede controlar.
La comunión eclesial es don hermoso y tarea apasionante. Siempre tuvo el peligro de la fragmentación lacerante de quienes, aún amando a la Iglesia, equivocaron su camino y dañaron profundamente la unidad. Uno de los mayores dolores que la Iglesia ha tenido en su historia procede precisamente de esa fragmentación. Hoy sigue existiendo en el interior de la propia la Iglesia.
Martes, 9 de febrero
Miguel Blanes Coll
Guillermo Gazanini Espinoza
Pedro Tarquis
Robert Blair Kaiser
Asoc. Humanismo sin Credos
Ediciones Khaf
Mario Bruzzone
JC Rodríguez, A Eisman
Juan Fernandez Krohn
Josemari Lorenzo Amelibia