Placer y Erotismo

La chacha cachonda y castigadora

08.10.08 | 00:00. Archivado en Ellas


Fue hace mucho tiempo, cuando estaba casi a punto de terminar el Bachillerato y en casa de mis padres. A diferencia de lo que ocurre ahora, para los adolescentes de mi edad, el sexo no era sólo un pecado, sino también un milagro. Es lógico que no se haya olvidado Mariloli.

Mi madre acostumbraba salir todas las tardes, a merendar con sus amigas en alguna cafetería o a visitar a mi abuela y rara vez regresaba antes de las nueve de la noche.

Por aquellos días trabajaba como sirvienta en la casa una chica de un pueblo de la Sierra, morenita, guapa, coqueta, con buena pechuga y muy apretada. A mi me parecía muy mayor, pero era joven. No recuerdo muy bien su edad, pero andaría por los 23 o 24 años.

Era muy presumida y se pintaba bastante. Casi siempre usaba unos pendientes de aretes, que a mi me traían por la calle de la amargura. Era una fanática de la bisutería, los zapatos de tacón y todas esas zaranadajas.

Cuando no estaba de servicio y salía con sus amigas o con sus novietes, se ponía como un árbol de navidad y a mi encantaba.


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