
Me sucedió en segundo de Económicas. Iba fatal, porque pasaba el día tratando sin éxito de tirarme a alguna de mis compañeras y las noches pelándomela. Cuando me dieron las notas del primer cuatrimestre, mi padre se puso como una fiera. Me habían suspendido en tres y se empeñó en que –a partir de ese día y para evitar una catástrofe en junio- fuera a clases particulares todas las tardes.
Primero pensó en una academia, pero llegó a la conclusión de que sería pero el remedio que la enfermedad: allí abundarían los borricos como yo y las chavalas con ganas de juerga. Lo mejor –pensó- era un profesor particular y se puso a buscarlo.
Al cabo de un par de días, a través de un socio, localizó una profesora que daba clases de Contabilidad, que era la asignatura que pero llevaba yo.
--Pues ya sabes –me advirtió- Al terminar en la Universidad, sin perder un minuto, te vas a clase particular y de allí, te vienes pitando a casa.
No era cuestión de desobedecerle y me apresté a sufrir lo que restaba de curso.
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Sólo féminas con ganas de marcha ;-)
genial relato, maravilloso, os invito a uno mio que os gustara es sobre la cinco palabra malditas y luego lo podeis votar
http://unpocodecultura.blogspot.com/2007/12/esas-cinco-malditas-palabras.html
Sábado, 22 de noviembre - Actualización: 17:00